lunes, 23 septiembre 2019, 07:01
Sábado, 14 Octubre 2017 00:11

Muchacho(a), escoge lo mejor de aquellos seres

Escrito por  Víctor Joaquín Ortega/Especial para CubaSí
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Los recuerdos obligan. Desde el amor y el dolor. Necesita hacerlos recorrer cuartillas. Que sean de todos. Más aún de los que no tuvieron el privilegio de vivirlos.



Los recuerdos obligan. Desde el amor y el dolor. Necesita hacerlos recorrer cuartillas. Que sean de todos. Más aún de los que no tuvieron el privilegio de vivirlos. Esta conflagración no puede ser olvidada. ¡Milicianos, adelante...! Himnos que le asaltan.  Desprendidos de la obra de Perucho Figueredo. ¡Al combate.... que morir por la patria es vivir...!  El artillero Eduardo Heras León escribe desde el pueblo que defendió conquistas y futuro en Playa Girón. Irá más allá de los nombres y de los pasos. Sin falsear ni esconder. La dará cual la vivió y la siente.

Un intelectual de la talla de Ambrosio Fornet califica a Los pasos en la hierba como “...un pequeño clásico de la cuentística revolucionaria por la minuciosa pasión con que logra captar el torbellino de una época y la terca lucidez con que afirma.- en medio de inaplazables exigencias históricas-, aquellos valores individuales y sociales que trascienden la época”. Allá los que temblaron -y dañaron- ante tanta verdad necesaria.   
      
Testimonio e imaginación juntados en la realidad que el escritor nos da y ya asomó, en forma y contenido promisorios, en La guerra tuvo seis nombres.

A pesar de aquel duro y absurdo conflicto que termina mal entre dos hombres buenos, en el vehículo que conduce hacia el combate están “...los Tirsos que protestaban y ahora no protestan... los Mario que robaban y ahora no roban... los Alberto que bebían hasta emborracharse y ahora van sobre este camión, dispuestos a combatir por algo que los ha cambiado para siempre; con los Brindis que hablaban de la guerra y de los hombres y ahora vienen a defender lo que siempre han defendido.”

Muchacho(a), cerca de ti, está algún Tirso que brinca de contento porque acaba de pegarse en la  ruidosa lid de dominó en la esquina de su cuadra, mientras las canas parecen tomar vuelo cuando Mario busca el pan en la bodega, y Alberto grita en el Latino, de alegría o tristeza, por la labor de sus Leones.

No te quedes ahí... María lleva a los nietos al parque, las manos bien cogidas que la calle es peligrosa. Siempre ha sido delgada, cerca de lo frágil. ¡Fragilidad! Ni hablar. Cuando los tipejos aquellos invadieron, encabezó el Comité de Defensa de la Revolución de su barrio que detuvo a los desafectos que intentaba sabotear, lacerar, matar. Una vez le dijo a un reportero:
“No dejamos actuar a los gusanos. Mira, en los registros encontramos armas, explosivos, papeluchos que mandaban a jo...; perdón, compañero, a fastidiarnos”.

El periodista entonces escribió: Están a tu lado, enlazados por la compleja cotidianidad, y desagraviaron a Sandino, vencedor de yanquis y vendidos en Nicaragua. Somoza, la trampa, el asesinato. Solo así frenaron al General de Hombres Libres. Seres como aquellos lo revivieron cuando en Playa Girón aplastaron a los mercenarios, el apoyo gringo y del desgobierno nicaragüense: primera victoria militar plena sobre el imperialismo en América.

Los sueños de la patria se convertían como nunca en realidad: no serían transformados en pesadilla. Contra la violencia de los viles, la guerra necesaria al estilo de José Martí. Defendíamos el triunfo del humanismo verdadero: el socialismo- ya había mostrado pasos y conquistas-, proclamado por el Comandante en Jefe en el sepelio de las víctimas del preludio criminal: los bombardeos.

Tanta sangre generosa derramada. Tanta vida tronchada. Tanta proeza en los triunfadores, héroes más allá del éxito y sin partir desde la perfección. Lo magno fue su ascenso sobre las propias debilidades para imponer la virtud, avivada por la etapa fidelista, salvadora de toda la grandeza.

DE NUEVO CON HERAS
 
Heras León nunca fue ganado por el desaliento. El dogmatismo, el mandonismo, la mediocridad no pudieron doblegarlo. Al contrario, los enfrentó con su quehacer y su crear, tan unidos en él. Desde la fábrica de acero, cantó a los trabajadores: trompadas contra la burocracia extrema y los girovagantes. No eran- no son- inmaculados los obreros aunque, a pesar de las flaquezas-¿quién no las tiene?-ocupan su puesto de vanguardia. A su lado los intelectuales surgidos de ese seno o que han jurado serles fieles al hacer y al decir.
 
Mi amigo enseñó y enseña desde las aulas. Sacrifica la creación propia para alimentar las de otros, sobre todo las de los más jóvenes. Con ellos asciende aún más. Alma de ese hogar forjador llamado Onelio Jorge Cardoso, no deja morir al cuentero mayor.
 
Cuando lo galardonaron con el Premio Nacional de Literatura en su pecho vencedor se ampliaba el de quienes lo amamos y admiramos, especialmente el de los que siempre hemos estado junto a él, en el combate, sin dejarnos ganar por el desencanto porque por Martí sabemos hace mucho tiempo que“… si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en ponerse a vencerlas!

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