sábado, 22 septiembre 2018, 16:26
Miércoles, 11 Octubre 2017 05:45

JOVEN Y ARTISTA: «Yo quisiera bailar sin tener que pasar por los ensayos»

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
Valora este artículo
(5 votos)
JOVEN Y ARTISTA: «Yo quisiera bailar sin tener que pasar por los ensayos» FOTOS: DEL AUTOR

Lisandra Gómez, primera bailarina del Ballet Contemporáneo de Camagüey, es delegada al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. La entrevistamos después de un ensayo en la sede de su compañía.

En la escuela de arte Lisandra Gómez estudió la técnica y el estilo de la danza más académica, pero la vida la llevó por otro rumbo: es desde hace algunos años primera bailarina de una compañía donde no hay que subirse sobre las puntas: El Ballet Contemporáneo de Camagüey.


—¿Extrañas no haber bailado un clásico? ¿Te hubiera gustado, por ejemplo, bailar Giselle?


—Me hubiera gustado mucho bailar El lago de los cisnes, que siempre fue mi clásico favorito. Aunque tuve la oportunidad de hacerlo en Perú, después de haber estado bailando ocho años ballet contemporáneo.


—¿Por qué el ballet contemporáneo?


—Esa no fue una opción, fue una necesidad. Y fue la posibilidad de seguir bailando. Por problemas de salud no pude seguir haciendo clásico. Tenía problemas con la absorción del hierro y las dietas rigurosas no me permitieron seguir bailando una línea más académica.


—Pareciera que asumiste el contemporáneo sin muchos deseos…


—¡Por supuesto que lo asumí con todos los deseos! Lo que más me gustó fue la posibilidad de acercarme lenguajes muy diversos. Me sedujo esa libertad que sentía, no solo a la hora de bailar, sino también a la hora de crear yo misma. Pude romper con barreras que tenía desde la escuela, a veces la enseñanza del ballet es muy cerrada. Un arabesque es un arabesque, pero en el ballet contemporáneo puedes «fracturar» ese mismo paso y hacer dos o tres pasos nuevos con la misma base.


—Dicen que los bailarines están demasiado metidos en su mundo. ¿Cómo es tu vida más allá de la danza? ¿Qué te interesa?


—Claro que sí. Me apasiona mucho la fotografía. Me gustaría dedicarme a ella en algún momento de mi vida. MI familia es un tema vital para mí. Me gusta dedicarle tiempo a mi hijo. Llegar a mi casa y olvidarme de los problemas del trabajo, ser simplemente esa madre preocupada, que se sienta con él a ayudarlo con las tareas.


alt


—Pero en la casa vives con otro bailarín. ¿Qué tiene de bueno y qué tiene de malo estar casada con alguien que se dedica a lo mismo que tú?


—Todavía de malo no le he encontrado nada. Y ya han pasado cinco años. Al principio las personas me decían que tuviera cuidado, que una relación así no podía ser saludable, pues estábamos demasiado tiempo juntos, en el trabajo y en la casa, que se iban a mezclar demasiadas cosas… Ciertamente, nos llevamos problemas del trabajo a la casa, pero no creo que sea para deteriorar la relación. Jesús (Arias) es mi sustento. Es una persona que me conoce, con la que no tengo que asumir poses. Es el hombre que me entiende cuando llego muy cansada a la casa, porque sabe por experiencia propia lo difícil que es llevar una carrera como la nuestra.


—¿Qué sientes segundos antes de que comience una función?


—Me pongo muy nerviosa…


—¿Y cómo lidias con ese nerviosismo?


—Eso dura solo unos segundos, justo el momento antes de salir a escena. Después que estoy afuera ya es la magia. Dejo de ser yo misma, comienzo a sentir de otra manera. No te lo puedo explicar con palabras, es inefable.


—¿Hay algún ballet, algún personaje con el que te hayas sentido particularmente cómoda?


—Sí, me ha pasado con A él, la pieza de Pedro Ruiz. Me encantan los personajes que demanden de mí no solo una técnica, sino un sentimiento, un compromiso, una psicología… Ese ballet lo demanda. Y si a eso le sumas que el personaje es Gertrudis Gómez de Avellaneda, pues para mí es lo máximo. Siempre me identifiqué con esa mujer. Fue absolutamente revolucionaria, siempre fue más allá de su época.


—La carrera de un bailarín suele ser corta…


—Yo nunca he pensado en la tristeza de terminar. Cuando amas el arte, la danza, la carrera es para toda la vida, porque hay muchas maneras de seguir aportando. El día que no pueda bailar más no me voy a sentir triste, porque mantendré los deseos de crear. Yo siento una necesidad muy fuerte de enseñar. Ahora mismo me falta tiempo para investigar, cuando no baile quizás lo tenga. Me gustaría incursionar con más asiduidad en la coreografía.


alt
Con su esposo y compañero de trabajo, el primer bailarín Jesús Arias.


—¿Cuándo supiste que ibas a ser bailarina?


—En los últimos años del nivel elemental. Antes yo solo quería bailar. De niña mi mamá me llevó a ver una función de ballet y yo me enamoré del tutú y de las zapatillas. Yo quería bailar pero no tenía mucha consciencia de lo que significaba una profesión. En cuarto año de la escuela comprendí que además del placer, bailar implicaba grandes responsabilidades. Fue como una revelación. Y ahí supe que quería ser bailarina.


—Ya sé lo que me vas a responder, pero de todos modos te lo pregunto: ¿qué te gusta más: el escenario o el salón de ensayo?


—Obviamente: ¡el escenario! Yo quisiera bailar todos los días de mi vida sin tener que pasar por los ensayos. Pero bueno, eso es imposible. Los procesos de montaje y ensayos son imprescindibles. Tienes que tener oportunidades de equivocarte sin grandes consecuencias, tienes que conocer tu personaje, tienes que trabajar en la limpieza de tu ejecución…


—¿Tú sueñas que bailas? ¿Eres mejor o peor bailarina en tus sueños?


—¡Muchísimo! Me veo haciendo giros que en la vida normal no puedo hacer.


—Eres delegada al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. ¿Con qué perspectivas viajas a Rusia?


—La del intercambio con jóvenes de todo el mundo. Pudiera responder interrogantes sobre la vida de un joven en Cuba y me gustaría saber sobre las realidad de otros lugares. Lo más importante siempre será el diálogo.

Visto 1057 veces Modificado por última vez en Viernes, 13 Octubre 2017 05:54

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar