miércoles, 12 diciembre 2018, 14:35
Domingo, 08 Octubre 2017 05:00

EE.UU. Donde se muere en un pestañeo

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasi
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Desde el primero de enero del 2015, más de 7 100 personas han perdido la vida y otras 14.300 han resultado heridas a consecuencia de este tipo de violencia en EE.UU.



El síndrome del miedo inculcado a millones de norteamericanos hace subir espectacularmente la venta de armas, mientras los dueños del multimillonario negocio compran voluntades de congresistas, camelan al presidente de turno, se burlan de quienes tratan de legislar en contra del jugoso negocio y encender una vela más en honor a la muerte.

Movería a risa si no fuera tan trágico que la Asociación Nacional del Rifle, el Partido Republicano y el presidente Donald Trump consideran como un gran avance la posibilidad, solo la posibilidad, de eliminar un artefacto de las armas semiautomáticas que multiplican los disparos en un breve tiempo (La culata "bump stock" para el rifle semiautomático), tras la  muerte de 59 personas y heridas a más de 600 que participaban de un festival de música country en una céntrica avenida de la ciudad norteamericana de Las Vegas, famosa por sus casinos de juego.

El autor fue un hombre de 64 años, poseedor y aficionado a un gran número de armas que coleccionaba desde hacía más de tres décadas, con apariencia tranquila, vida muelle y nada parecido a una persona que perpetraría tal hecho para suicidarse después.

Ahora, como siempre ocurre, los medios de prensa van a las hojas del asunto, investigando la vida privada del individuo, su familia, etcétera, pero no al motivo del hecho, generalmente de origen baladí, producto de la obcecación en una sociedad donde el estrés y la tensión cotidiana deshacen las llamadas maravillas del American Way of Life.

Lo curioso es que los entes que más apoyan a la industria de la muerte indican la posibilidad de eliminar de la venta al público de un artefacto que facilita los disparos, debido a la conmoción y magnitud de la matanza, pero no movieron ni un dedo cuando un jovencito racista mató a nueve afronorteamericanos en una iglesia en Charleston, ni con los cotidianos sucesos de tiroteos en todo el país, con especial énfasis en las escuelas, un fenómeno diario que cercena la vida a  personas adolescentes y sus profesores.

País de locos, alguien diría no tan desatinadamente, si no fuera porque existe un poder que todo lo tergiversa e interpreta una Segunda Enmienda de la Constitución para justificar la posesión de armas, cuando esta se refiere a una época en que se necesitaba la posibilidad de defender la soberanía del país ante la ocupación o invasión extranjera.

Referirse a la opinión del presidente Donald Trump sobre este asunto es también algo equivalente a perder el tempo.

El chequeo de antecedentes, la prohibición de venta de armas de asalto, así como la de cargadores de alta capacidad ya no están en los planes. La simpatía de Trump con la industria de las armas es en definitiva el factor de inflexión.

“Este no es el momento, hablaremos del tema del control de armas a medida que pase el tiempo”, dijo pocas horas después de ocurrida la peor masacre en la historia de EE.UU. Prohibido hablar de leyes de control de armas es el mensaje; el mismo que se alinea perfectamente a la promesa electoral de Trump, luego de haber recibido el respaldo de la Asociación Nacional del Rifle. “No los defraudaré”, añadió entonces el mandatario norteamericano.

El tímido debate sobre el control de armas se limita, repito, a buscar una legislación que prohíba la venta de mecanismos, como el señalado antes, que sirven para transformar armas semiautomáticas, en versiones que disparan cerca de 800 balas por minuto.

La ya mencionada Segunda Enmienda constitucional, que garantiza el libre acceso a las armas, es utilizada convenientemente por la Asociación, para proteger sus intereses. Por lo tanto, no se espera que el Congreso actúe en contra de esa consigna.

Y, como se ha señalado repetidamente, pero a ello no se le hace caso, hay pruebas que demuestran que la Asociación ha invertido millonarias sumas en literalmente “comprar” a legisladores.

Ahora se habla de que durante la anterior presidencia de Barack Obama la producción de armas se duplicó, obviando que intentó infructuosamente que el legislativo actuara contra ese mal que corroe, como muchos otros, a la sociedad norteamericana.

Desde el primero de enero del 2015, más de 7 100 personas han perdido la vida y otras 14.300 han resultado heridas a consecuencia de este tipo de violencia en EE.UU., según los balances proporcionados por la organización Gun Violence Archive, que no incluyen los más recientes de este año, como el de Las Vegas.

Alrededor de 4,5 millones de armas se venden anualmente en el país con un costo de unos  3 000 millones de dólares, cifra demasiado elevada para ser cercenada y menos por un individuo de las características de Trump, que seguirá dejando, pienso que más abiertamente, que los lobbies de armas sigan imponiendo su ley en el Congreso de Estados Unidos.

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