domingo, 18 noviembre 2018, 21:45
Viernes, 06 Octubre 2017 04:57

Carmen en ballet vuelve a provocar en escenarios de Cuba

Escrito por  Martha Sánchez Martínez/Prensa Latina
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El Ballet Nacional de Cuba (BNC) revivirá hoy la obra más trascendental del coreógrafo y cofundador de la compañía Alberto Alonso, su internacionalmente conocida versión de Carmen, en el centenario de su nacimiento.


El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso acogerá la temporada hasta el próximo 8 de octubre, al igual que las funciones del 12 al 15 del propio mes, cuando está previsto el debut en el papel de la famosa gitana de la primera bailarina más joven de la compañía, Grettel Morejón.

Para abrir el programa de las funciones se turnarán Umbral y A la luz de tus canciones, obras concebidas por la directora del BNC, la primera en homenaje al maestro George Balanchine, una de las figuras capitales del ballet del siglo XX, y la segunda en tributo a la cantante cubana Esther Borja (1913-2013).

Los papeles protagónicos serán asumidos por Viengsay Valdés, Anette Delgado, Sadaise Arencibia, Morejón, Patricio Revé, Rafael Quenedit, Ariel Martínez, Ginet Moncho y Claudia García, entre otros.

Aunque el coreógrafo fundador del BNC creó Carmen especialmente para la diva rusa Maya Plisétskaya, no hay dudas del aporte a la obra de otra grandiosa artista, la cubana Alonso, para convertir a la gitana en leyenda dentro del ámbito danzario.

Poco después del estreno mundial en Moscú, el 1 de agosto de 1967, Alonso bailó la pieza en esta capital y superó expectativas, pues para muchos la esencia de la coreografía de Carmen radica en el sincretismo de lo español, latino y africano, presente en las raíces cubanas.

Intérpretes de diversos países consideran el personaje un desafío; pues el original literario (1845) de Prosper Mérimée sobre el cual se inspiran disímiles creaciones musicales, plásticas y danzarias, plantea un reto a construcciones sociales y de género aún sin superar.

Esta versión de Carmen todavía impacta por el uso atípico de la técnica: el personaje se baja de las puntas, camina sobre los talones y adopta posiciones cerradas con las piernas, en contradicción con el principio académico del virado hacia afuera o 'endehors' desde la cadera hasta los dedos de los pies.

Como si fuera poco, la gitana se desplaza con naturalidad en escena, apenas utiliza los brazos redondos canónicos del ballet clásico desde el siglo XVII y combina la técnica con movimientos entrecortados, plasticidad gestual que recuerda el estilo del pintor Pablo Picasso.

Carmen personifica la inconformidad con el viejo orden social establecido y la domina un deseo de emancipación tan fuerte que muestra indiferencia ante los vaticinios trágicos de las cartas y muere, por esa libertad anhelada, víctima de la intolerancia de una época.

Esta coreografía fusiona exitosamente la técnica clásica con el carácter latino, además de distinguirse por la posesión de una vasta simbología vista no solo en actitudes de los personajes sino en el escenario diseñado como una plaza de toros, símbolo de vida y de muerte.

Con esta creación, el coreógrafo inmortalizó en danza el genio de toda una época crítica y seductora.

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