miércoles, 14 noviembre 2018, 16:27
Jueves, 21 Septiembre 2017 14:40

Toro Salvaje

Escrito por  Lemay Padrón Oliveros
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Robert de Niro, Jake La Motta y Martin Scorsese, durante la filmación de Toro Salvaje Robert de Niro, Jake La Motta y Martin Scorsese, durante la filmación de Toro Salvaje

Ray “Sugar” Robinson no sabía ya qué hacer. Los restos de la carnicería estaban por todos lados. Sangre en sus guantes, por todo el rostro de su rival, en cada metro del ring, sobre la campana...



Ray “Sugar” Robinson no sabía ya qué hacer. Los restos de la carnicería estaban por todos lados. Sangre en sus guantes, por todo el rostro de su rival, en cada metro del ring, sobre la campana, sobre la mesa de los árbitros, salpicando las ropas de los asistentes en primera fila… Le había dado hasta con las cuerdas, pero Jake La Motta seguía allí, de pie.

El salvaje castigo recibido a lo largo de 13 asaltos lo tenía semi inconsciente, pero ni así puso rodilla en tierra, y así se lo hizo saber a su contrario, considerado por muchos el mejor boxeador libra por libra de la historia. Era el 14 de febrero de 1951.

Casi 40 años después, Robert de Niro leyó su autobiografía y enseguida quiso llevarla al cine, hasta legarnos la más famosa de las miles de películas sobre boxeo jamás filmada. Un detalle nada despreciable si se tiene en cuenta que se trata de un púgil mediocre técnicamente, que llegó a ser campeón del mundo de los pesos medios en 1949, y logró hacer dos defensas exitosas del fajín antes de chocar con Robinson.

Pero su valentía al resistir hasta con las entrañas los puñetazos de Robinson lo catapultó a la historia, Martin Scorsese mediante. Pocos recuerdan que este fue el sexto enfrentamiento entre ambos, y que uno de ellos lo ganó el Toro del Bronx (cuando Robinson sostenía un invicto de 128 peleas), sino sobre todo lo que le dijo con orgullo poco después que le pararan la pelea: Nunca me has derribado.

Terminaba así "La matanza del Día de San Valentín", pero empezaba la leyenda, y Giacobbe no volvería a ser Giacobbe, a partir de ahí sería Toro Salvaje. Su vida llena de altibajos (vendió peleas, golpeaba a su mujer, era adultero, ladrón de autos, alcohólico, fumador empedernido, etc.) era un manjar para Hollywood, pero quizás hacía falta a otro italo descendiente para que llegara hasta la esencia misma de un ser humano con cientos de matices.

Quizás incluso logró reformarlo, porque como admitió La Motta en los años siguientes, no se reconoció en la película en el momento de su estreno, pero luego comprendió que ese era su pasado, y afortunadamente no su presente.

Ese es el hombre que falleció este martes a los 95 años.

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