martes, 19 junio 2018, 08:53
Viernes, 08 Septiembre 2017 21:37

Perspectivas sobre cómo enfrentar un huracán

Escrito por  Harold Iglesias Manresa/Cubasí
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El paso de Irma o más bien su azote es un hecho. Tiene más de una veintena de muertos a su cuenta luego de golpear con aires devastadores varias islas del Caribe, especialmente Antigua y Barbuda, San Bartolomé y San Martín, Barbados, Islas Vírgenes Británicas, y en menor medida Puerto Rico, República Dominicana y Haití.

Ahora, tras su paso sin consecuencias desastrosas por el Oriente de Cuba, amenaza con atacar la costa Norte y la Cayería de esa zona, pero ya su intensidad ha mermado a categoría cuatro, solo que su ritmo de traslación igualmente ha descendido y esto puede antojarse fatal.

Cuba, por su locación geográfica en el centro del Mar Caribe, está siempre expuesta al paso de estos fenómenos climatológicos. De ahí que tanto las autoridades como la población, con el paso de los años hayan adquirido una cultura ciudadana de niveles insospechados a la hora de tomar la más mínima providencia.

La mañana del viernes ciertamente en la capital, aún con Irma lejos de nuestra geografía, se antojó diferente. Desde hace una semana los partes meteorológicos se han intensificado, las medidas y activación de los consejos de defensa nacional, provincial y municipal, se han materializado con milimétrica precisión, como engranaje de Big-Ben.

El ajetreo es indescriptible. Recuerdo que en los años 80 vivía con mi abuela en Mulgoba, apartamento situado en un quinto piso de un edificio de Micro-brigada. Corría el año 1985 y en noviembre Kate hizo acto de presencia. Oscuridad total, ráfagas de viento que silbaban con potencia inusitada, lluvias e inundaciones, pues las hendijas de las ventanas de casa semejaban manantiales… situación que persistió por días.

Imagen nada acogedora, velas y linternas, susurros de ráfagas taladrando nuestras conversaciones, mama y mi abuela manteniendo la calma. Ese es el recuerdo más latente de mi primer contacto real con un huracán o ciclón.

Desde entonces a la fecha, muchos han golpeado a nuestra nación y recuerdo con particular cercanía el Dennis en el 2005, pues me encontraba con el grupo de Periodismo de tercer año en el tradicional intercambio con nuestros homólogos de la Universidad de Santiago y fuimos sorprendidos en ese territorio, con Fiestas del Fuego andando incluso.

La esencia de este aperitivo va precisamente para expresar la cultura, disciplina y nivel de organización de nuestro pueblo, que en los últimos eventos de esta índole, como Matthew, que hizo estragos en Guantánamo en octubre pasado, no ha lamentado pérdidas humanas.

Ese elemento fundamental, unido a la preservación de bienes materiales, correcta y rápida evacuación de aquellas personas y recursos más vulnerables, el esfuerzo conjunto de entidades estatales y personas naturales, son elementos destacables y que funcionan con una naturalidad total. Claro, también el temor hace lo suyo, y se manifiestan a diversas escalas el acaparamiento, las colas interminables, esa incertidumbre que nos hace activar hasta la médula el gen aprovisionador.

En lo personal no lo considero cuestionable en su justa medida. De hecho, esta tarde me dispuse a garantizar insumos en casa para el fin de semana y lo viví en carne propia. Solo que el concepto de apertrecharnos en su justa medida, es muy variable para nosotros los cubanos. Paralelamente se acentúan mecanismos especiales de comunicación, tanto en la red vial, como en materia de telecomunicaciones por diversos canales.

Toda la nación semeja una gran colmena y durante ese lapso en el cual el huracán pretende afanosamente apoderarse de nuestra tierra, los medios incrementan su rol informativo y de mediadores entre la naturaleza y el pueblo. Se multiplican los espacios y cualquier mínimo detalle relacionado al meteoro, como con Irma en este caso, se actualiza con una periodicidad y exactitud loables.

Eso no lo es todo, los trabajadores de cada institución, refuerzan los mecanismos de toda índole y toman las providencias necesarias en función de que su centro de trabajo, sufra el menor daño posible.

El movimiento no cesa. Irma está en boca de todos. Incuestionablemente ha sido el nombre más mencionado en los últimos días. Ya su velo de lluvia y viento dejó su marca en el Oriente del país, una muy leve, por fortuna para nuestros hermanos de esas provincias, especialmente los que sufrieron Sandy y tienen aún cicatrizando las heridas de Matthew.

Todos los cubanos, sin distinción de sexo o edad, como perfectas abejas conscientes cada una de su rol, continúan con sus actividades toda vez que establecieron los más disímiles mecanismos de preparación para encarar a Irma. La cayería norte preocupa. Educación, Salud Pública, recursos hidraúlicos, aeronáutica civil, comercio interior, INDER… en fin todas las entidades ministeriales y hasta el más mínimo centro en orden descendiente jerárquicamente mantiene la alerta 24 horas.

El ajetreo no cesa, cada individuo en su pequeño círculo, hace todo lo posible para que las consecuencias del paso de Irma por nuestro archipiélago sean lo menos nefastas posibles. Hay quienes invocan a Dios, a su santo protector o santa patrona, a todos y cada uno de los Orishas. Sí, porque en tiempos de huracán hasta la fe juega un peso considerable para aquellos que profesan alguna creencia religiosa y hasta para los que no.

Así se ve Cuba, desde mi prisma, hombres mujeres, padres e hijos, estudiantes, abuelos, ancianos. Todos y cada uno, de una forma u otra, acomete una pequeña acción para disminuir daños y estar mejor preparados. Porque ante este tipo de eventos, la profilaxis es determinante. Voy a casa con “el morral” lleno. No sé que nos depare el fin de semana a miles de cubanos, pero les puedo asegurar que casi la totalidad de nuestro pueblo, amén de las condiciones materiales existentes, estará preparado para darle el pecho a la situación, sea cual sea su rostro.

Visto 1455 veces Modificado por última vez en Jueves, 21 Septiembre 2017 16:14

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