jueves, 18 octubre 2018, 05:51
Lunes, 25 Septiembre 2017 06:00

Si de culpas se trata, ¿qué lugar ocupa la familia?

Escrito por  Alina M. Lotti/CubaSí
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En la educación nada sustituye al ejemplo personal de quienes todos los días conviven con los niños, los adolescentes y los jóvenes.

Muchas veces, cuando los niños y los jóvenes se comportan de forma incorrecta en los lugares públicos, he escuchado frases como: «La culpa la tiene la escuela» o «los maestros no los enseñan».

De esta manera, si todo recae en la institución educativa, ¿por dónde anda el desempeño de la familia en la educación de los hijos?

En la época de nuestros abuelos el análisis era totalmente diferente. Muy al contrario de lo que hoy se dice, el hogar era considerado el espacio ideal para formar valores e incidir de manera adecuada en el comportamiento de los descendientes.

El ejemplo clásico es que «solo bastaba una mirada» para que los más pequeños de la casa comprendieran lo que los padres querían decir.

Esto marchó bien hasta hace algunos años, pues en la época del llamado período especial (a fines de la década de los 80`), la función educativa de la familia transitó a un segundo lugar, siendo la económica la fundamental.

Es decir, en el empeño por asegurar el sustento diario el aspecto educativo quedó relegado. La incesante y desesperada búsqueda de alimentos y otros medios indispensables para la vida condujo a una depauperación de la moral, los valores y trajo consigo otras consecuencias nocivas.   

Indelegable la función educativa

Desde hace algún tiempo, los investigadores y estudiosos de los temas relacionados con Familia y Juventud reconocen esta realidad.

En abril de 1995, durante una audiencia pública celebrada en el Palacio de Convenciones, con la participación de algunos intelectuales, entre ellos filósofos y pedagogos, y el propósito de debatir sobre la formación de valores en las nuevas generaciones, Cintio Vitier alertaba, desde su condición de presidente del Centro de Estudios Martianos:

«(…) ciertamente, no podemos descuidar una tarea educativa en la que tienen que unir sus esfuerzos todos los agentes civiles, organismos e instituciones de nuestra sociedad».

Agregaba, además, que esta inmensa tarea no puede ni debe ser responsabilidad exclusiva de la escuela, aunque tenga en ella su centro.


foto escuela cubasi
El maestro es el «espejo» donde, a diario, se miran los escolares. Un buen ejemplo es esencial para el trabajo educativo.


Y hacia ahí vamos. Nadie duda de la esencial tarea educativa que deben llevar adelante las instituciones escolares. Pero ¿dónde queda la familia?, ¿por qué, en ocasiones, pretendemos desentendernos de ella?

La filosofía marxista señala que la familia es la célula básica de la sociedad. No obstante, en el día a día de cualquier ciudadano, ese núcleo (salvo excepciones) significa centro, cobija, resguardo, consuelo, amor.

En este espacio sagrado de la naturaleza humana crecemos y nos desarrollamos y también desde que abrimos los ojos al mundo descubrimos la comunicación; aprendemos a amar; adquirimos las buenas o malas costumbres.

De ahí que su función educativa sea indelegable y al mismo tiempo importantísima. Lo que no se aprende en la familia difícilmente se adquiera y solidifique por otras vías.

Desde la visión de un educador

No porque hayan transcurrido algunos años desde aquella audiencia pública han dejado de tener vigencia las palabras del destacado pedagogo cubano Gilberto García Batista.

El Doctor en Ciencias Pedagógicas admitía, en aquella fecha tan lejana en el tiempo como el año1995: «La situación actual nos obliga a realizar un análisis crítico de nuestra práctica educativa a nivel de toda la sociedad que revele los problemas de diversa índole que tienen un carácter acumulativo y manifestaciones diversas en diferentes momentos y contextos».

Entre las dificultades —aclaró que no eran producto del período especial, sino que se habían manifestado en la sociedad anteriormente— mencionó el deterioro en el cumplimiento de reglamentaciones y normas de convivencia; el insuficiente desarrollo de hábitos de cultura social; el irrespeto a la autoridad de padres, maestros y otros funcionarios sociales; el vocabulario inadecuado y el lenguaje vulgar.

Asimismo, también aceptaba la presencia de conflictos familiares y la aparición al interior del hogar (sobre todo en el contexto del período especial y con posterioridad) de expresiones de individualismo y egoísmo, lo cual va en detrimento de la educación de las más jóvenes generaciones.

Sin embargo, ello no ocurre en la generalidad de los hogares cubanos, por lo que continúa siendo válido que la familia constituye el eslabón primario en la formación de los hijos.

Allí donde confluyen padres, madres, abuelos y tíos, entre otros, existe el caldo de cultivo apropiado para enseñar comportamientos ciudadanos que impliquen respeto, y otros valores necesarios que permitan vivir en comunidad, dígase honestidad, solidaridad, honradez.

Para nadie es un secreto que en la educación nada sustituye al ejemplo personal de quienes todos los días conviven con los niños, los adolescentes y los jóvenes. Por tanto, también debe existir correspondencia entre lo que se enseña en la escuela y en la casa, entre el decir y el hacer. Esto es fundamental.

Si el niño se acostumbra a escuchar mentiras, si ve que sus progenitores no cumplen con sus deberes laborales, cometen faltas de cualquier índole, si no respetan las normas de convivencia social —y podríamos poner otros tantos ejemplos—, cuando lleguen a la adultez actuarán de la misma manera.

En fin, el buen ejemplo es tan educativo como eficaz, tanto en uno como en otro espacio. De ahí que debamos dejar por sentado que la escuela no tiene por qué cargar siempre con todas las culpas.

Visto 649 veces Modificado por última vez en Miércoles, 27 Septiembre 2017 06:06

¿Hacemos más felices a nuestros hijos cuando nos afanamos en llenarlos de cosas lindas y brillantes? ¿O más bien les estaremos creando necesidades ficticias que siempre pueden ser fuentes de frustración?

Elevar la calidad de la educación es un objetivo esencial, tanto en la enseñanza general como universitaria. A ello se destinan cuantiosos recursos materiales y financieros.

Comentarios  

 
#6 ANNAY 29-09-2017 11:04
Hay de ambas partes..Si todos los maestros fueran el espejo de los nenes..hay niños que se quedarian ciegos si miraran..y por la familia igual..el caso es que a veces lo malo que no hay en la familia lo ven en los maestros y viceversa, pero la familia no puede cambiarse, no es opcional, y aun cuando no es la mas adecuada, entonces el maestro debe ayuadar aun mas al escolar y EDUCARLO enseñandoles los valores corectos..pero los maestros de ahora...para que..no puedo ser absoluta pero de veras que me complaceria mucho en conocer una maestra joven que sepa ENSEÑAR Y EDUCAR...por favor si alguien la conoce yo necesito una para mi nene..gracias..
 
 
#5 idalme 26-09-2017 10:22
La célula fundamental de la sociedad es la familia, por lo que es la máxima responsable de su formación, pues lo que se aprende en la cuna nunca olvida, claro la escuela contribuye con la misma, lo que es cierto que en ocasiones no son los profesores los mejores ejemplos, como hay familias que no son los mejores ejemplos de los que nuestra sociedad necesita, hay de todo en la viña del señor
 
 
#4 liudmila 25-09-2017 11:37
El refrán dice, él lo aprendió de su padre que del suyo lo aprendió, es decir que el papel fundamental lo juega la familia aún cuando el niño ya está en la escuela.
 
 
#3 akb 25-09-2017 11:15
muy buen articulo. cuando yo estudie FCML en 9no o algo asi aprendi mucho sobre ¨LA FAMILIA. CELULA FUNDAMENTAL DE LA SOCIEDAD¨ eso es algo que los que la estudiaron junto conmigo (millones) se les ha olvidado, la escuela te da las herramientas y te instruye, no te hace educado ni culto, eso es responsabilidad pura de la familia sin golpes ni gritos (aunque un coscorron de vez en cuando ayuda a enderezar) los padres deben predicar con el ejemplo y (como decia mi abuela) criar a sus hijos para la calle no para ellos mismos, ellos son la imagen y reflejo de sus padres.
 
 
#2 Y 25-09-2017 09:58
Muy bueno el artículo. Mi mamá es maestra de primaria y los padres son los primeros que en la casa no dan el ejemplo ante los hijos, por eso esta generación es un desastre. Los niños están falta de mano dura, hacen lo que les da la gana con los padres, no hay respeto, se han perdido los valores. No sé si esa situación se podrá revertir pero lo veo súper difícil. Saludos
 
 
#1 No tan así 25-09-2017 09:47
Aunque respeto el punto de vista de la periodista, no lo comparto del todo. Soy padre de niños nacidos y crecidos en el período especial, con las consabidas carencias materiales y espirituales. Y mis hijos, hijos de su tiempo, recibieron en el hogar la educación que toda familia está OBLIGADA a dar a su descendencia. Creo que ese papel primordial e insustituible que debe jugar la familia en la formación de las nuevas generaciones comenzó a deteriorarse mucho antes del período especial.
 

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