martes, 18 septiembre 2018, 09:45
Martes, 18 Julio 2017 11:55

Nuevo centro cultural de Artex encuentra en los jóvenes su público meta

Escrito por  Beatriz Albert Pino/Cubarte
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Bule-Bar 66 es un nuevo espacio que desde el primero de julio se erige ante la mirada curiosa de los transeúntes del boulevard de San Rafael, en La Habana.

Integrado a la Sucursal de Centros Culturales de Artex en esta provincia y otorgado por el gobierno de la capital como parte de las iniciativas por la reanimación del boulevard y los 500 años de la fundación de la ciudad, el proyecto ambiciona constituirse un sitio de referencia entre la juventud cubana amante de la música nacional.

Un total de 80 plazas y un escenario dispuesto para las presentaciones en vivo de grupos de pequeño y mediano formato, conforman una de las áreas del centro, que además cuenta con un bar-cafetería disponible desde horas del mediodía hasta las dos de la madrugada.

Con un monto de inversión de 574 mil 680 de moneda total, Bule-Bar 66 tiene una propuesta de diseño moderna y de cuidado estético, aspecto de importancia a la hora de evaluar, en su conjunto, los aciertos en este tipo de centros culturales financiados por empresas estatales, ante el inminente crecimiento de las iniciativas del sector privado. 

Sin embargo, lo especial del centro radica en su propuesta musical. Así lo reafirma Elizabeth Salas, gerente de Servicios Artísticos de los centros culturales de Artex en la provincia La Habana.

Artex, como empresa, tiene la finalidad de promover la música, la literatura, las artes plásticas, la cultura en general, y sobre todo la cubanía, los valores, la calidad estética y la variedad artística. Inicialmente, desde el momento que se nos fue asignado el local a través de una inversión que desarrolla el Ministerio de Cultura, se decidió que sería dedicado a los jóvenes y, por tanto, nosotros, en el proceso de definir la caracterización del lugar, pensamos en qué mejor que los jóvenes artistas para colmar las noches del centro.

Aunque podríamos caer en algo muy esquemático, tener la posibilidad de incluir dentro de la programación a consagrados y noveles nos permite que el público pueda, incluso, disfrutar todos los días —porque trabajamos de lunes a lunes— de una oferta cultural a partir de las 10 de la noche, con un valor de dos pesos cubanos convertibles o 50 pesos cubanos, además de una gastronomía con precios asequibles a la población en un lugar bello y climatizado.

Un proyecto también esfuerzo enorme del Mincult, del gobierno de la capital, del Partido y de todas las instituciones que estuvieron un año llevando hacia adelante esta inversión para que se materializara.

A pocas fechas de abierto el centro para el público, ya saltan a la vista en su programación presentaciones de talentos como la nueva banda de Los Zafiros, María Alejandra y Cubanía, Salsa Chévere, Dimensión Cubana, y el grupo Moncada con Duani e invitados.

En este sentido, Jorge Gómez, director de Moncada y actual asesor de la cartelera cultural del espacio, considera a este inicio de Bule-Bar 66 como un período de «experimentación».

Tenemos que ir experimentando con el entorno donde se encuentra este centro cultural, un barrio popular de La Habana que, al mismo tiempo, tiene un vínculo inmediato con uno de los centros de mayor afluencia de turismo internacional en La Habana; sin embargo, el hecho de que Artex abra un lugar como este no quiere decir que sea para el turismo, sino que se trate de integrar, en una especie de confluencia, a ambos públicos, nacional y foráneo.

Nuestro plan es ir presentando a los artistas e ir valorando la aceptación del público y su entorno.

Según las máximas de los centros culturales de Artex, estos espacios deben velar por lo mejor de las expresiones de autenticidad y diversidad de cubanía. En este sentido, destaca la participación en los encuentros nocturnos de Bule-Bar 66 de artistas que, desde sus diferentes estilos y formas de llevar la música, encuentran un lugar común: la defensa de la música cubana.

Es interesante lo que está ocurriendo, incluso existen muchos de estos jóvenes artistas que se presentan con temas antológicos y han hecho de ellos una exquisitez. Contamos con Jorge Gómez en el proyecto de los sábados junto a su grupo Moncada, con la interacción de nuevas voces como Duani —participante de Sonando en Cuba—, y con la posibilidad de invitar a otros artistas en estos espacios, que van a ser bastante prolongados. Los domingos tenemos a Coral Latino, que se incorpora nuevamente al escenario de la música, un proyecto de Musicalia.

Antiguo restaurante de la céntrica intersección de San Rafael esquina a Prado, Bule-Bar 66 forma parte, además, de un contrato entre la Empresa de Comercio y Gastronomía y Artex, convenio que permitió acometer la inversión y el reacomodo del lugar en toda la proyección artística y logística que muestra hoy.

La idea es tener un espacio más en las noches, en especial para el público mayor de 18 años, explica Arturo Bas, director del centro.

Contamos con servicios gastronómicos de cafetería y bar, no de restaurante. Tratamos de rescatar el tema de la coctelería cubana, aspectos todos que apoyan al hecho cultural.

Respecto a los precios de consumo en el sitio, debido a que los centros culturales de Artex se rigen por la directiva de Comercio Interior, existe un nivel de precios diferenciados en las cafeterías de alimentos ligeros de sus centros nocturnos, por lo que se encuentran ofertas gastronómicas aceptables para espacios de este tipo.

Si Bule-Bar 66 constituirá o no un centro de referencia de buena música cubana hecha por jóvenes y para jóvenes es un enunciado aún muy apresurado para dictaminar, lo cierto es que su propuesta se define, al menos, atractiva.

Están aún gestándose nuevas ideas dentro de su colectivo, como coordinar presentaciones de artistas más reconocidos por el público nacional, pero de similar proyección musical dentro del ambiente intimista que ofrece el centro, así como la futura apertura de espacios de matiné, con música grabada de diversos géneros, como el pop rock, la trova y el hip hop. 

Bule-Bar 66 podría convertirse en una plataforma de apoyo de los nuevos talentos de la música cubana y de sus públicos. Ahora solo hay que dejarle crecer.

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