«Eutanasia, ¿qué es eso?», me dijo —¡increíblemente!— un médico recién graduado. Ante tal respuesta, nunca supe con exactitud si en realidad desconocía el término o, simplemente, no quería tomar partido al respecto.
En la búsqueda de criterios sobre la eutanasia encontré determinadas posiciones, aunque desde estas primeras líneas prefiero dejar sentado que la mayoría de los entrevistados son partidarios de su práctica, siempre y cuando se regule y se establezcan los mecanismos para su más estricto control.
Una vecina que rebasa los 80 años señaló de manera tajante: «No es mi caso, pero un anciano, por ejemplo, que no tenga calidad de vida y sea una carga para la familia, ¿para qué quiere seguir sobreviviendo en tales condiciones?»
«Estoy de acuerdo, siempre y cuando no se pueda hacer más nada y se hayan agotado todos los recursos médicos y científicos», expresó Carmen Ibáñez, especialista en Gestión Documental e Información.
La trabajadora del periódico Granma consideró que la eutanasia debe ponerse en práctica, de alguna manera, también cuando un bebé viene con una malformación congénita y los padres no desean tener el hijo.
«Es muy triste traer a un ser humano a la vida con un defecto. ¡Mira, yo tengo factor RH negativo y siempre —en mi permanente preocupación— le hice saber al médico que, si algún examen tenía problemas, prefería que se actuara a tiempo!»
No todas las opiniones fueron favorables, y algunas de ellas negaron rotundamente la eutanasia. Inés y Eriberto constituyen un matrimonio y ambos profesan una religión evangélica. En eso, quizás, radique su desacuerdo total con dicha práctica que, según sus criterios, podría traer aparejados otros inconvenientes.
«La eutanasia, por ejemplo, podría utilizarse como una especie de escudo protector para llevar a cabo acciones inescrupulosas, relacionadas con la atribución de bienes materiales, herencias, u otras actitudes negativas y malas conductas», subrayaron.
Dos médicas, una opinión
Acostumbrada a trabajar con pacientes cuyas vidas «penden de un hilo», por decirlo de alguna manera, la doctora Tania Fernández Sordo, especialista de primer grado en Medicina Intensiva y Emergencia, coincide con criterios ya mencionados en relación con el tema, que para ella también resulta complejo.
La Máster en Urgencias Médicas considera que la eutanasia debe aplicarse en aquellos pacientes que —por solicitud propia— lo deseen ante una enfermedad terminal o incurable, como el cáncer.
«Además, en convalecientes críticos, como los que atendemos en nuestro medio (una unidad de cuidados intensivos), donde de forma artificial, ya sea por equipos o medicamentos, se mantienen sus parámetros vitales para prolongar la vida, sin posibilidades reales de recuperarla».
La doctora afirmó que en nuestro país dicha práctica no está regulada. No obstante, cree que pudiera ser analizada por los profesionales de la salud, sobre todo intensivistas, oncólogos y otros especialistas. «Nuestra razón es salvar vidas (las que sean posibles), y no aquellas que hagan sufrir y prolongar una agonía».
Por su parte, la residente en Geriatría Diana Rosa Graverán González explicó: «basándonos en los conceptos que se han discutido durante siglos, no podemos dejar de tener en cuenta la significación que tiene este acto, atendiendo a las tradiciones culturales, religiosas y costumbres de cada país, en correspondencia con su entorno en cuanto a su desarrollo sociocultural.
«Como médica, pienso que una de nuestras misiones —y la más importante— es aliviar el dolor a los seres humanos. Sin embargo, la eutanasia pudiera realizarse teniendo en cuenta la decisión del paciente, de su familia, siempre que estén conscientes del padecimiento y de su deterioro irreversible; no aplicable a personas en estado comatoso y que no hayan declarado en acto de última voluntad su deseo expreso.
«En Cuba está prohibida, no existe legislación alguna al respecto. Pero pudiera regularse y así pacientes (conscientes) con enfermedades irreversibles pueden poner fin a sufrimientos, sobre la base de terminologías legales bien fundamentadas.
«Los seres humanos no escogemos cuándo ni cómo nacer, pero sí pudiéramos tener la oportunidad de —ante un dolor y un desconsuelo— tomar la decisión de terminar con una situación difícil. La máxima de que «mientras hay vida, hay esperanza» no siempre es así de sencilla. Hay episodios de coma, largos e irreversibles, que expresan lo contrario».
Un voto a favor desde su posición de jurista
Entusiasmada por una cuestión sobre la cual sus condiscípulos en la carrera de Derecho no querían profundizar —por su propio contenido y el desconocimiento al respecto—, la joven jurista Malena Pérez Rodríguez decidió adentrarse (incluso redactó una tesina) en la eutanasia, la cual apoya rotundamente, aunque explica que antes de su aprobación debieran establecerse algunas condicionantes.
Algunos seres humanos —explicó Malena— sufren dolores, por más medicamentos que se les indiquen. Están quienes luchan contra el cáncer, por ejemplo, pero otros sienten que sus fuerzas no les acompañan en este batallar. Y los familiares están ahí, viéndolos sufrir, sin solución alguna. Por eso digo Sí a la eutanasia, pues hay personas que no desean vivir, sobre todo aquellas que están en una fase avanzada de la enfermedad.
«¿Cuántas frases se escuchan en la calle que expresan “¡no quiero llegar a viejo así!”; “bueno, (…) descansó en paz”; “se murió y no sufrió”. Nadie quiere morir con angustia y dolor. Entonces, ¿por qué no acelerar la muerte? La eutanasia podría incluirse en el Código Civil; hacerse una resolución, decretos-leyes.
«Cuando estudiaba Derecho, encontré información acerca de que el Estado no puede regular la eutanasia si no entra en un consenso social entre los médicos y la sociedad. En este aspecto, la última palabra la tienen los profesionales de la salud, pero considero que existe fobia con esta práctica.
«Es cierto que el Estado no puede obligar al conglomerado social a aceptarla, pero la puede regular, para el que quiera. No se trata de dictar una obligatoriedad, sino saber que el recurso está ahí, y que en un momento determinado se puede acceder a él.
«Debe existir la posibilidad de decidir si/no quiero o me abstengo. Es importante saber que el proceder está regulado y si deseo materializarlo, no estoy incurriendo en delito alguno.
«Aquel que tiene Alzheimer sufre, padece una enfermedad degenerativa, pero no tiene dolor. Sin embargo, el paciente de cáncer terminal sufre, tiene un padecimiento irreversible. Por ello, no veo a la eutanasia como una alternativa general, sino para quien quiera terminar con esa mala vida.
«¿Frenos en la sociedad cubana actual? Principalmente, lo veo en el sector de la medicina, a partir del llamado juramento hipocrático —no matarás, ayudarás a prolongar la vida—. Resulta imprescindible ampliar el pensamiento al respecto, y recapacitar hasta qué punto, haciendo efectiva la eutanasia, estaremos ayudando a los enfermos. Eso es lo que hay que lograr. Antes de ser doctores, primero somos seres humanos, y como tales nos corresponde ayudar a los pacientes y evitar procesos traumáticos».
Según su criterio, ¿de qué manera regularla, a fin de evitar resquicios a la maldad?
«Como todas las cosas, también tiene sus aspectos negativos. El talón de Aquiles es que la eutanasia pudiera ser caldo de cultivo para malas prácticas, pero aun así, en Cuba se han dado fallas médicas y, al no existir derechos de daños, no han trascendido. De todas formas, considero que su aprobación traería más beneficios que desventajas».
Lunes, 17 Julio 2017 05:00
Eutanasia en Cuba (III): ¿Morir con dignidad?
Escrito por Alina M. Lotti/CubaSíLa mayoría de los entrevistados son partidarios de su práctica, siempre y cuando se regule y se establezcan los mecanismos para su más estricto control.
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Un tema que, al paso del tiempo, no deja de ser tabú y controversial por sus implicaciones para los seres humanos. Del presente al pasado, un recorrido necesario para una mejor comprensión.
Su padre, Francois Bogaert, decidió en Bélgica acelerar su muerte, después de conocer que padecía de una enfermedad incurable.
Comentarios
En mi caso conocí a varias personas, incapaces de valerse por si mismas, que no solo padecían enfermedades físicas sino también debían vivir cada día con un inmenso desaliento en el alma, padres que se sentían culpables de tronchar el futuro de sus hijos, que no se reconocían más a si mismos, personas que intentaron terminar con su existencia y la medicina esta obligada a mantenerlos con vida, personas que ya no quieren vivir, personas que ya no son ellos mismos.
la palabra clave es vida, pero si hablamos de vida debemos hablar de calidad de vida, debemos hablar de los objetivos de vivir y de qué es vivir después de todo, es más que estar vivo, es más que respirar, es más que sobrevivir...
La eutanacia sería darles derecho a las personas que debido a su estado de deterioro físico y mental ya no deseen seguir SOBREVIVIENDO, es darle dignidad a alguien que la merece, es respetar el deseo y voluntad de la persona que la solicita, NO SERÍA APLICADA A CUALQUIER PERSONA, LOS REQUISITOS PARA ELLO DEBEN SER DISCUTIDOS
nadie le obliga a practicarla, como mismo nadie le obliga a vestir de un color, creer en un dios u otro, casarse con un hombre, una mujer o con nadie en absoluto, nadie le obliga a practicarse un aborto, las leyes no obligan, las leyes protegen los derechos, da la libertad de escoger que camino desea seguir
Por esa viejita tan tierna, cuya ternura solo pude conocer através de los ojos de su hija (porque ya cuando la conocí llevaba 6 años sin control de sus musculos, postrada en una cama sin hablar y su modo de comunicacion era un leve parpadeo que no siempre lograba), por esa señora he decidido escribir esto hoy, por ella y por otros tantos pacientes a quien visitaba en casa porque no podían salir de la cama, les digo que otorgar el derecho a decidir, a decidir cuando partir... me parece más inhumano extender la vida torturando a la persona con dolor y sufrimiento
Me llenaste el corazón de ternura. Mil gracias. Tu linda mamá tuvo dos muy buenos hijos, en ti y en tu hermano. Aunque te declaras ateo, por favor permíteme decirte: ¡Que Dios te bendiga!
Ana: ¿Qué quieres hacer entender? ¿Sabes lo que es ser, un Ser Humano? Siempre guarda en tu corazón que la vida humana es valiosa, retira el decir de que solo somos agrupaciones de células surgidas al Azar.... Somos mucho más que eso!!
¨Creer en Dios es natural y espontáneo, no creer no es "libertad", sólo es una característica de los esclavos del enemigo de Dios.¨
¨Escribir acerca del evangelio para los que no creen, es muy similar a escribir un libro para que aprendan algo quienes no leen. No hay problema con los que no saben leer, sino aquellos que saben o se cree que saben leer y no acostumbran hacerlo.¨
¨Dudar de la existencia de Dios o rechazarle, no es una causa de la condición de espíritu que Dios tiene, sino de la naturaleza humana que haciendo mal uso de su libertad (libre albedrío), pretende eliminar la figura misma de aquel que le dio la libertad con que cuenta para pensar y creer. Hay quienes “creen” que creer es dejar de “pensar”, sin advertir que, la verdad, al ser humano le sería muy conveniente pensar para descubrir que le conviene creer.
Dios no es real para discutirlo, no es real para demostrárselo a alguien, no es real para retarlo con desdén, no, no está necesitado de mostrarse indiscriminadam ente real, porque estableció, por su sola voluntad, que le encontrará aquel que le busque creyendo que existe. Si alguien no cree que existe o le atribuye despropósito, es decir, le considera mal intencionado sin conocerle, tiene pocas posibilidades de encontrarle o de experimentar cuán real es él.
Hay personas que reconocen la existencia de los espíritus y al mismo tiempo niegan la existencia de Dios, no porque no se pueda creer, sino porque no lo quieren reconocer ni le quieren agradecer. Tampoco significa que su existencia depende de nuestra fe, como se describe a los “amigos imaginarios”, porque mal hace aquel que cree que al no creer no tendrá que dar respuesta si existiera aquel en quien no quiere creer. No se trata de un juego de parte de Dios, como si quisiese tendernos una trampa y luego castigarnos por no creer, porque ha dejado de forma visible y palpable, suficientes evidencias que a toda inteligencia le hace “pensar” que debe haber alguien atrás de todas esas maravillas y que resulta más difícil de creer que todo haya salido de la nada. Nada tiene y nada dice esperar aquel que deliberadamente decide creer que no existe Dios, porque se equivoca al creer que no cree, porque la realidad es que sencillamente cree lo contrario por algún conflicto en su interior, que le hace rechazar y literalmente “despreciar” la existencia de Dios y se aferra desesperadament e a su propia creencia, ignorando voluntaria y peligrosamente que eso no le librará de dar cuentas en el día del juicio que ese único Dios tiene preparado para juzgar a todos los hombres.¨
Lo que te quiero decir, querida, es que no temas, búscalo y lo encontrarás. Una sugerencia: comienza buscándolo dentro de tu propio corazón, eso no falla.