lunes, 18 junio 2018, 05:51
Sábado, 08 Julio 2017 10:38

Augusto Rivero Más: «Me siento un profesional realizado»

Escrito por  Jorge Rivas Rodríguez/ especial para CubaSí
«He tenido la suerte de haber desarrollado una prolífera y variada obra dentro de las directrices de mi condición de arquitecto», dijo el Premio Nacional de Arquitectura 2017. «He tenido la suerte de haber desarrollado una prolífera y variada obra dentro de las directrices de mi condición de arquitecto», dijo el Premio Nacional de Arquitectura 2017. FOTO: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

«Me siento un profesional realizado, que he tenido la suerte de haber desarrollado una prolífera y variada obra dentro de las directrices de mi condición de arquitecto; sin embargo aún ansío profundamente proyectar y construir una vivienda, es decir una residencia con jardín, garaje y patio. También me gustaría proyectar una iglesia católica, tal vez porque estaba en el programa de proyectos de la Escuela de Arquitectura donde estudié y me entusiasmé con esa idea, luego, cuando supuestamente me tocaba hacerlo, en 1960 lo suprimieron del programa. Anhelo, asimismo, concebir  un cementerio contemporáneo, o sea, no tradicional. Son ansias que quizás no podré hacer realidad en estos tiempos».


Así expresó el destacado diseñador y arquitecto Augusto Rivero Más, acreedor; junto a Zulma Ojeda Suárez, directora del Grupo de Desarrollo Integral de Guantánamo;  del Premio Nacional de Arquitectura 2017, por la Vida y Obra, conferido por la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), en virtud de su trascendencia dentro del ámbito de esa especialidad durante más de cuatro décadas.


Graduado de especialidades tan diferentes como estrechamente relacionadas con las humanidades, la cultura y la sociedad, tales como el Dibujo Arquitectónico, la Arquitectura, las Artes Dramáticas, el Canto Coral y la Agrimensura, además de los idiomas Inglés y Francés; Rivero opina que siempre se inclinó hacia las artes.


«Desde muy chiquito —dijo— oía en la vieja victrola de la casa a Caruso, ídolo de mi abuela materna; con seis años escuché El Derecho de Nacer noche por noche y me empecé  a entusiasmar por la magia de aquella dramatización, todo esto en San Luis, mi pueblo natal, de donde también es Félix B. Caignet. Nos mudamos para Santiago de Cuba en 1950 y matriculé el tercer grado en la Escuela Activa que poseía unos de los métodos pedagógicos más progresistas para esa época».


Añadió que en ese centro escolar «había que cantar en coros y actuar en representaciones con temas históricos y culturales, y ahí, en esas dos manifestaciones comencé mi desarrollo artístico. Una de las vertientes de la metodología de esa escuela era la de visitar museos y galerías de arte. A los 10 años, al visitar una exposición de esculturas, que con el tiempo supe que fue curada por Ferrer Cabello, quedé tan impresionado por las obras y sobre todo por el rejuego volumétrico de éstas, que llegué a mi casa diciendo que quería ser escultor. En aquella época los artistas plásticos tenían muy mala fama, sobre todo desde el punto de vista económico y además, todas las familias ansiaban tener un graduado universitario, por lo que mis padres arremetieron contra mí selección tratando de convencerme».

 

El también miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) tuvo la suerte de tener una tía materna en La Habana que era arquitecta «y en uno de sus viajes a Santiago de Cuba, mi mamá le contó mis aspiraciones y entonces ella me explicó que había una carrera universitaria que era muy afín con la escultura: la arquitectura, y me empezó a llevar a varias obras que ella estaba realizando en Santiago de Cuba, donde observé desde excavaciones, cimentación, fundiciones y hasta las terminaciones y así fue como me decidí por la arquitectura, profesión que me gusta mucho y disfruto al máximo y de la cual me siento realizado».


Sobre su desempeño en el canto coral y las artes dramáticas, enfatizó que las ha desarrollado paralelamente, «sobre todo en mi etapa de estudiante. Empecé en el primer coro que dirigió Electo Silva en la escuela Anexa a la Universidad de Oriente en el año 1952. Estuve en la coral del Instituto del Vedado y en el Coro Hablado del Teatro Universitario dirigido por Helena de Armas. En cuanto las artes dramáticas, me formé en el Teatro Universitario con algunos cursos de verano en Teatro Estudio y trabajé en más de 12 obras en la sala Téspis y otros teatros de La Habana y de otras provincias.


«En 2014 —agregó—, mi amigo y compañero de estudios Nelson Dorr me dio la posibilidad de volver a actuar en la obra Edmond en la sala El Sótano y en el 2015 me utilizó como el rey Duncan de Macbeth  en el Teatro Mella, o sea, que como estoy jubilado, ahora puedo aceptar disímiles propuestas… y no solo de arquitectura».


En su vastísimo currículo artístico se destacan los diseños sobre varios monumentos —premiados en distintos concursos nacionales—  recreados en emblemáticas figuras y pasajes de nuestra historia, entre  ellos los mausoleos a los Mártires de Artemisa, a Ana Betancourt, en Guáimaro, Camagüey; el del Mayor General de las guerras de independencia de Cuba, Antonio Maceo y Grajales, en Mayabeque; El Desembarco del Granma en Las Coloradas y el de Juan Manuel Márquez en Niquero, entre otros.

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En relación con su prolífica obra, Rivero Más señaló que «cuando un creador realiza una obra de su especialidad, con los instrumentos, conocimientos y experiencias adquiridos y asumidos con honestidad profesional, y en mi caso, por y para la sociedad cubana, no por y para la obra de autor, todas las obras realizadas se deberán considerar logradas por dicho creador. Claro está que casi nunca nos sentimos totalmente satisfechos por lo logrado, pensamos que siempre pudo hacerse algo más perfecto, pero si partimos del hecho de que la perfección no existe o es extremadamente difícil de lograr, sí podremos analizar cuáles de mis proyectos son los más logrados».


En tal sentido apuntó que el Mausoleo a los Mártires de Artemisa y el conjunto de los 5 monumento del Desembarco de Granma, producto de un concurso nacional y de los cuales sólo hay 2 construidos, son los más logrados, por la gran complejidad de los programas de los proyectos, sus grandes dimensiones, las intensas investigaciones históricas y las complicaciones para un desarrollo conceptual y formal coherente y satisfactorio acorde con la verdadera historia de cada obra.


«El Mausoleo a los Mártires de Artemisa fue inaugurado en julio de 1977 y constituye un conjunto, considerando las siete señalizaciones monumentarias existentes en la carretera de Artemisa a Guanajay. El Mausoleo en sí es didáctico en su recorrido: Pensamiento de Fidel que sintetiza parte del desarrollo conceptual de la obra; Túnel de la clandestinidad; Zona mortuoria o de nichos; Museo con la permanencia de los recuerdos de los mártires; Escalera helicoidal como símbolo de ascenso; Sala con las réplicas de las armas con que atacaron al Moncada y finalmente, a la salida, un gigantesco vitral como símbolo de triunfo como resumen de que ellos no murieron en vano», dijo el connotado artista.


Según los críticos López Oliva, Nelson Herrera Isla y Fernando Salinas, la claridad histórica-conceptual-formal y de recorrido, es único en nuestro país y no ha sido superada aún.


«El Desembarco del Granma fue producto de un concurso nacional en 1975 que consistía en un conjunto que, respectivamente,  incluía  las siguientes obras: Desembarco; Monumento donde ejecutaron a Juan Manuel Márquez en Campechuela —hasta ahora, los únicos materializados—; Alegría de Pío; Río Toro y Purial de Vicana o Cinco Palmas, todos diseminados por el recorrido realizado por los expedicionarios hasta Cinco Palmas, lugar donde se creó el Ejército Rebelde.


«Como se puede apreciar —añadió— cada sitio estaba separado por kilómetros uno de otro y conceptual y formalmente deberían  constituir una unidad, de manera tal que existiera una interrelación muy fuerte entre ellos y esto se logó y fue lo que determinó el premio entre cerca de 30 proyectos».


Durante sus años de trabajo en el Ministerio de la Construcción (de 1962 a 1976), el entonces joven Augusto Rivero desempeñó los cargos de Proyectista, Urbanista, Proyectista General y fue jefe de la  Sección de Proyectos Urbanos en distintas etapas, respectivamente, cargos que le permitieron acometer la remodelación, ampliación y edificación de más de 15 comunidades, centros laborales, escuelas y otros trabajos de carácter social que beneficiaron a miles de personas que habitan en diferentes regiones de la entonces provincia de Oriente; tal vez uno de los período más prolíficos de su carrera.


«Con motivo del cumplimiento de mi Servicio Social, fui por dos años y estuve nueve debido a la cantidad  de interesantes y necesarios proyectos sociales. Este periodo significó una nueva universidad, pues complementó y solidificó todos los conocimientos que había adquirido de una forma muy práctica, pues además de realizar los proyectos, dirigía las ejecuciones a pié de obra, oportunidad esta que se daba muy poco y hoy en día es casi imposible. Esas experiencias me proporcionaron mucha seguridad a la hora de tomar decisiones en todos mis proyectos futuros y poder caminar con pasos muy firmes», acentuó el laureado artífice cubano.

Modificado por última vez en Jueves, 13 Julio 2017 08:15

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