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Viernes, 07 Julio 2017 10:22

Violencia en Chicago: Más de 100 personas baleadas el fin de semana

Escrito por  Jesús del Toro/Yahoo
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 El periodo festivo del 4 de julio fue especialmente cruento en Chicago: más de 100 tiroteos y 15 muertes. (AP) El periodo festivo del 4 de julio fue especialmente cruento en Chicago: más de 100 tiroteos y 15 muertes. (AP)

El fin de semana extendido del viernes 30 de junio a la madrugada del 5 de julio cerró en Chicago con un saldo sangriento: 102 personas baleadas, 15 de ellas muertas.

El período festivo de la celebración del 4 de Julio, Día de la Independencia de Estados Unidos, y en específico el fin de semana extendido del viernes 30 de junio a la madrugada del 5 de julio, cerraron en Chicago con un saldo sangriento: 102 personas baleadas, 15 de ellas muertas, según la televisora ABC.

De acuerdo a las autoridades de esa ciudad, los tiroteos que se cobraron esa enorme cantidad de víctimas se debieron a venganzas entre pandillas, y en algunas ocasiones fue el consumo desmedido de alcohol lo que desató cruentas tragedias. Eso pese a que en días anteriores una gran fuerza policial realizó decenas de arrestos de individuos vinculados a pandillas y actos violentos, con operaciones extensas y uso de moderna tecnología.

Pero eso no sirvió para contener la violencia, concentrada en los barrios del sur y del oeste, mayormente afroamericanos e hispanos, pues el largo fin de semana se convirtió en uno de los más letales de la historia de Chicago. La violencia incluso puso en riesgo la vida de un adolescente de 13 años, que fue severamente herido, y cerca de la mitad de los tiroteos se realizaron en un periodo de 12 horas, entre la tarde del 4 de julio y la madrugada del día siguiente.

Por añadidura, tácticas policiales usadas exitosamente en el fin de semana festivo de finales de mayo (con motivo del Día de los Caídos) resultaron infructuosas en este inicio del verano.

Según el periódico The Chicago Tribune, eso ha dejado una sensación de frustración entre la policía, que analiza el porqué de ese atroz período.


Con todo, el índice de violencia en Chicago es proporcionalmente menor al que se registra en San Luis o Baltimore, de acuerdo a la agencia AFP, pues aunque la cantidad de víctimas y tiroteos en la llamada Ciudad de los Vientos es muy numerosa, su mayor población genera que la violencia per cápita sea menor que en otras urbes.

Además, el crimen en general ha descendido en 2017 en comparación al año anterior: a escala de todo Chicago el índice de crímenes violentos ha caído un 14% y en los distritos más rudos en 33%, de acuerdo a CNN. Las autoridades incluso señalan que a esta altura del año han sido baleadas menos personas que en el mismo periodo de 2016.

Con todo, en los barrios afectados, esa brutalidad es lacerante y, ciertamente, intolerable.

¿Por qué esa intensa y perturbadora violencia azota Chicago?

En lo específico del periodo festivo del Día de la Independencia, de acuerdo al Tribune, la policía de Chicago analiza si los tradicionales fuegos pirotécnicos de esa celebración interfirieron con el sistema de detección de tiroteos ShotSpotter, usado para identificar y ubicar balaceras y decidir cómo reaccionar ante ellas. Pero aunque eso pudo haber mermado la respuesta policial, y reducido su capacidad de neutralizar o disuadir los tiroteos, no explica por qué estos se dan en su inicio.

Y las razones son complejas. Algunos de los tiroteos fueron venganzas, pero otros, de acuerdo a ese mismo periódico, habrían sido pleitos en la calle o en casas que degeneraron en balaceras, a veces acicateadas por el alcohol. Y también se afirma que el desmantelamiento del liderazgo de las pandillas históricas realizado en años pasados suscitó una fragmentación de la actividad delictiva, con grupos más pequeños pero numerosos, muy violentos, de gatillo fácil y difíciles de contener.

Pero debajo de ello habría razones de fondo, en las que se mezclan una cultura de posesión y uso extensivo de armas de fuego muy arraigada y peligrosa; la penetración en muchos barrios del crimen organizado (por ejemplo, el narcotráfico) y su vinculación con pandillas locales; la desconfianza ciudadana hacia la policía de Chicago (sumida con frecuencia en escándalos de abuso y brutalidad), lo que reduce la denuncia y dificulta las pesquisas; y la pobreza y falta de oportunidades ampliamente extendida en muchas comunidades, lo que es un caldo de cultivo para la desesperanza y el crimen, sobre todo entre los jóvenes, incluso los adolescentes.

Esa situación de deterioro social en realidad lleva años y no ha sido encarada integralmente, pues la reacción de las autoridades ha sido mayormente la de perseguir y detener a los pandilleros, pero sin atender las causas socioeconómicas que conducen a muchos hacia el delito. Y aunque ciertamente la cantidad de muertos en tiroteos es hoy menor que en el pasado, que en 2016 y, también, que la que se registraba hace dos décadas en el cénit de la actividad de varias de las grandes pandillas históricas de Chicago, la violencia parece enquistada en esa urbe y no sería sólo el producto de la actividad a gran escala de ciertas mafias o de sus pugnas por el control de territorios y mercados, algo que ha sucedido en la Ciudad de los Vientos desde las épocas de Al Capone.

Por eso, aunque la actividad policial es clave y la alta tecnología útil, la violencia sólo podrá ser atajada si se restaura el tejido social de los barrios más afectados y, sobre todo, si se da a sus jóvenes oportunidades educativas, recreativas y laborales sustantivas. La pobreza y la desesperanza en la que miles de ellos viven es lo que alimenta a las pandillas criminales y sus acciones delictivas de dominación y venganza. Para muchos jóvenes implicados en esos grupos, las armas, el dinero producto de la venta de drogas y la reputación de rudos son, trágicamente, sus peculiaridades a presumir en las redes sociales y a aplicar en las calles.

Ante ello, toda solución a la violencia en Chicago, y en muchas otras ciudades, pasa por ir más allá de la acción policial. Aunque ésta es crucial, necesita ir acompañada de amplios programas sociales que rompan ese círculo vicioso, que den opciones de futuro y desarrollo económico y humano y, sobre todo, que redignifiquen a las personas sumidas en la violencia, ya sean víctimas o perpetradores, para darles perspectivas de vida distintas, y mejores.

En ese sentido, Chicago y sus autoridades se han quedado muy cortas.

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