sábado, 22 septiembre 2018, 12:37
Lunes, 10 Julio 2017 06:00

Contra el «despatarre»

Escrito por  Yuris Nórido / CubaSí
Valora este artículo
(9 votos)

En grandes ciudades del mundo se organizan campañas públicas para combatir un fenómeno que afecta a la ciudadanía que usa el transporte público. En Cuba hace falta hacer conciencia.

De la misma manera en que el más común sentido de la educación formal casi exige entre nosotros que la mujer se siente con las piernas bien unidas (la que no lo haga, es considerada una desfachatada o una «inmoral»), otra ley tácita manda que el hombre, para reafirmar su «hombría», puede (y hasta debe) sentarse con las piernas bien abiertas.


No vamos ahora a establecer hasta qué punto ambas convenciones obedecen a prejuicios, a moralinas o visiones machistas (mucho de eso hay, pero dejemos el debate para otro día), centrémonos en un fenómeno que sufrimos muchos (mujeres y hombres) que usamos habitualmente el transporte público: esos individuos que viajan despatarrados, con las piernas tan abiertas, que molestan a los que tienen a su lado, que les usurpan sus espacios sin consideración.


No hay derecho, pero hay patente de corso. Hasta el punto de que a muchas personas les parece natural.


Se plantean dos caminos: ceder, viajar incómodo; o abrir las piernas también a ver quién las abre más. Claro que esa segunda opción es más viable para los hombres que para las mujeres, difícilmente una viajera se aventurará en esa lidia. Así que, de por sí, salen con desventaja.


Habría también una tercera vía: pedirles a los despatarrados con toda amabilidad (o exigirles, si la amabilidad escasea) que cierren las piernas. Pero esa es la opción que menos se asume. Y cuando se hace, tampoco es que haya siempre respuesta conveniente. Algunos (nos consta) no se dan por enterados, o entran en disputas babilónicas: hay quien no aguanta que le coarten su «virilidad».


En muchas de las grandes ciudades del mundo (Nueva York, París, Ciudad de México, Madrid…) se han establecido campañas públicas para combatir el fenómeno. La de la capital de España es muy reciente: en el metro y los ómnibus de la urbe han desplegado carteles que solicitan a los viajeros desconsiderados que respeten al que tienen al lado.


(Llama la atención, por cierto, que en los letreros usaran el término inglés «manspreading» en lugar de la expresión castiza; en realidad «manspreading» significa mucho más que despatarrarse en un asiento, incluye un gran compendio de actitudes machistas).


Todavía no se pueden medir contundentemente los resultados concretos, los periódicos han publicado fotografías que muestran a personas que hacen caso omiso de las exhortaciones. Pero al menos se va creando conciencia.


Es cierto que ante otras manifestaciones de indisciplina ciudadana en los medios de transporte público, este parece un mal menor. Pero el que haya tenido que viajar un buen trecho en un almendrón «aprisionado» por las piernas del de al lado, agradecería más sentido común.


Como en tantos temas de urbanidad, estamos en pañales. Si se violentan las más elementales reglas de la convivencia en un ómnibus (música invasiva por altavoces, fumadores, consumo de bebidas alcohólicas…), ¿quién se va a detener a establecer medidas contra el «despatarre»? ¿Quién va a velar por que se cumplan?


Pero no sería mala idea intentar influir en los malos hábitos de la población, por más establecidos y consolidados que estén. A los spots que abundan en la televisión sobre las malas actitudes en los ómnibus y taxis colectivos, habría que sumar el que señale al «despatarre».


Comprobar la efectividad de la campaña sería otro paso. Lograr que la gente asuma conciencia plena de sus derechos y deberes en los espacios públicos ya sería un escalón superior. Pero una cosa detrás de la otra.


Nadie se opone a que alguien abra las piernas hasta el punto que quiera en la butaca de su casa. Pero en la guagua, en el taxi, en el salón de espera, no. El que sienta necesidad imperiosa de reafirmar su masculinidad, que alquile un taxi para él solo.

Visto 1178 veces

Comentarios  

 
#7 GSG 10-07-2017 16:10
Felicidades una vez más por este artículo y por el otro que se publicó tuyo sobre el sonido de celulares en plena función, ya sea en un teatro, cine, ect. Muy buenos, y esa es la realidad q estamos viviendo, solo q habria q poner en carteles muy grandes parte de tus escritos para q todos o la mayor parte puedan leerlo, porq a estos sitios no todos tienen acceso. Pero seguiremos insistiendo. Pudieras tambien en el Noticiero Cultural y porque no, en los diferentes Noticieros tocar estos TEMAS, incluso con entrevistas, para oir los diferentes criterios.
 
 
#6 joelluis 10-07-2017 15:03
El problema es que los cubanos (casi todos por no generalizar) vemos las cosas que nos molestan y que tenemos todo el derecho y el deber de decir y atacar y por no buscarnos problemas y evitar un mal rato seguimos adelante y nada pasa, amén de los que le toca que son los inspectores y las autoridades policiales, tampoco aparecen en los momentos que se necesitan... en fin es parte de los valores, que quizás tuvimos y ya no tenemos, ni individual, ni colectivamente. .. ese es mi parecer...
 
 
#5 Shalom 10-07-2017 14:19
Bárbaro! deberían darle el próximo premio Nobel al que ideo la campaña y claro está, al escritor de este artículo. Pensé que solo yo me empezaba a preguntar si es una hipertrofia causada por el exceso de hormonas o la desconsideració n y la falta de educación lo que provoca que un hombre no pueda cerrar las piernas o abrirlas moderadamente sin molestar a nadie en el transporte público. Qué puedo decir yo que me ha tocado sentarme al menos una vez, entre 2 supermachos con las piernas abiertas como abanico. Gracias a Dios que es sabio y no nos puso las narices entre las piernas, de lo contrario hubiera muerto asfixiada, en esa ocasión.
 
 
#4 mel 10-07-2017 13:47
que bueno q tocaran este tema, en el transporte publico se pasa de todo, igual el que se deja la mochila detras de la espalda arrollando a todos, lastima q el q lo hace no debe leerlo y si lo lee le da lo mismo
saludos
 
 
#3 david 10-07-2017 13:35
Buen tema para reflexionar todos mucho más quienes hacen caso omiso de la distancia o el espacio. Verdad que los asientos destinados a una persona en algunos transportes son incómodos de determinar el espacio y en ellos incluyo los camiones sobre todo del oriente (dos angulares semifinos y semijuntos que no logran definir ese espacio personal y que luego quieren obligar a gordos, flacos y embarazadas a unirse o apretarse un poquito porque cabe uno más sin medidas como es lógico, A esos también les hace falta leer este artículo para que junto a los ayudantes de chofer logren que los pasajeros, que son su razón de ser, viajen no despatarrados sino confiados y confortables.
 
 
#2 juanh 10-07-2017 13:03
Andres te fuiste muy lejo a un pais desarrollado se le puede preguntar a los de Haiti, Republica Dominicana y demás paises latinoamericano o africanos que existen camiones adaptados y son tan subdesarrollado s como nosotros.....
 
 
#1 Andrés R 10-07-2017 11:22
Muy bonito periodista, hay que viajar también en los camiones para ver como se llaman las malas actitudes que allí asumen los que viajan. No se como lo lograron en Madrid y Barcelona pero les puedo asegurar que la disciplina en el transporte público es exquisita en todos sus sentidos y con mucho respeto.
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar