martes, 19 junio 2018, 22:44
Lunes, 26 Junio 2017 06:00

Aprendizaje: Algunas reglas sobre las tres D

Escrito por  Alina M. Lotti/CubaSí
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Dislexia, disgrafia y discalculia son trastornos del aprendizaje que perfectamente pueden superarse si son detectados a tiempo, siempre y cuando no tengan de base un problema neurológico.


Los inicios escolares de los niños provocan en la familia satisfacción y alegría. Poco a poco, los padres empiezan a ver avances en ellos: primero conocen los colores, las figuras geométricas, las vocales. En fin, los pequeños comienzan a descubrir un mundo casi siempre desconocido para ellos.

Sin embargo, ocurre que no todos progresan de igual manera, y los ritmos de aprendizaje son disímiles. Entonces, ahí resulta fundamental la actuación de los maestros y, esencialmente, de la familia.

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Los especialistas aconsejan observar la marcha y el desenvolvimiento en estas primeras edades y, en caso de cualquier dificultad, buscar la ayuda necesaria, tanto médica como pedagógica.

La dislexia (trastorno de la lectura), la disgrafia (trastorno de la escritura) y la discalculia (dificultad en los cálculos) son frecuentes en los niños y también en muchos adultos pues, sencillamente, no fueron atendidos a tiempo.

Algunas fuentes consultadas en el ámbito pedagógico explicaron a CubaSí que el tema tiene varias visiones, según los profesionales que lo aborden y los enfoques; estos pueden ser clínicos, neurológicos, ambientalistas, sociológicos u otros.

Dislexia: ni enfermedad, ni padecimiento  

Fue Clarissa, la muchacha de la novela brasileña Dos caras, la que trajo a colación el asunto de la dislexia, considerado por los especialistas como un trastorno común de la lectura, del cual se habla muy poco, pero sí resulta conocido en el ámbito pedagógico.

La muchacha tenía miedo, no quería expresarse, se autolimitaba. En cambio, su madre la estimulaba constantemente, y ello coadyuvó a que superara las dificultades y pudiera iniciar los estudios superiores en una universidad.

Considerado un trastorno de la lectura específico del aprendizaje, la dislexia no es una enfermedad, ni un padecimiento, y se puede vencer con recursos de sistemas alternativos de aprendizaje, el apoyo de la familia y de la escuela, sobre todo de aquellos educadores que laboran en los primeros grados de la enseñanza primaria.  

Según la Doctora en Ciencias Pedagógicas María Mercedes Arredondo Kassabb, profesora titular de la Facultad de Educación Infantil de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona (UCPEJV), el aprendizaje de la lectura y la escritura no ocurre como un proceso  aislado, sino que parte del lenguaje oral. De ahí la importancia de la estimulación que debe recibir el bebé desde el nacimiento.

Explicó que la dislexia es un trastorno de la lectura, con un componente neurológico que, de alguna manera, también afecta la escritura.

La profesora —quien ha realizado estudios sobre el lenguaje escrito y otras líneas de investigación relacionadas— argumentó que determinados autores plantean que los problemas de la lectoescritura tienen un fuerte sustento pedagógico debido al proceso de enseñanza-aprendizaje, de los métodos que se emplean. Sin embargo, estudios neurológicos señalan que los disléxicos no pueden leer, aunque conozcan la letra, pues existe un problema de base.

Más adelante aseveró que la lectura no es más que decodificar y comprender formas gráficas, porque las letras, es decir, las grafías, cuando forman sílabas y palabras, adquieren un significado. “¿Qué pasa con el disléxico?, pues articula sonidos, pero a la hora de interpretar la letra, no lo logra. Entonces tiende a confundirse”.

Disgrafia: ¿por qué arrastrarla hasta la adultez?

Si no está asociada a un problema neurológico de base, la disgrafia no es una enfermedad, por lo que el escolar no tiene por qué arrastrarla hasta la etapa adulta.

Sobre la base de estudios realizados y de la experiencia de la profesora Kassabb y de la también Doctora en Ciencias Pedagógicas Amada Gárciga Domínguez,  la disgrafia está presente en la escuela primaria (los signos iniciales aparecen en los primeros grados), y está considerada como un trastorno común de la escritura, asociado al proceso de aprendizaje de la lecto-escritura.

Ambas comentaron que resulta evidente cuando se presentan dificultades en la codificación y decodificación de las grafías (letras), ya sea por el parecido, gráfico o sonoro.

De ahí que sea primordial comprobar que el niño ha adquirido el código de la lecto-escritura. “Los docentes —dijo Amada— deben realizar un diagnóstico preciso a partir de segundo grado. Si antes existen algunos signos de alerta estos pudieran estar asociados al hecho de que no ha aprendido correctamente los grafemas, o sea, las letras que representan los sonidos”.

Por su parte, Kassabb hizo hincapié en la necesidad de que el maestro se “arme” de determinadas herramientas, con el objetivo de poder identificar tempranamente el problema, el cual se visualiza, por ejemplo, cuando hay dificultades en los trazos, omisiones de sonidos, de grafías, trasposiciones de letras.

En ocasiones el alumno no escucha de forma correcta lo que se dice, no hay un adecuado análisis fonético del sonido y luego lo lleva así a la escritura y en muchos casos a la lectura, enfatizó.

Entre las causas que inciden en la disgrafia, Amada mencionó las de carácter pedagógico, al maestro no realizar una labor preventiva y diferenciada, sobre todo en la etapa de la adquisición del código de la lecto-escritura.

No obstante, insistió en la importancia de descartar problemas orgánicos u otras alteraciones neurológicas; como la afasia infantil (trastorno complejo del lenguaje) y la disartria (cuando por una afectación en los nervios del aparato articulatorio se produce un enlentecimiento del habla). Ambos casos traen aparejados dificultades en la expresión oral, que luego se reflejan en el lenguaje escrito.

Discalculia: visible desde el grado prescolar

Al abordar este tema, la Doctora en Ciencias Pedagógicas Iraida Cruz Barcelay de la UCPEJV señaló que se trata de una dificultad a la hora de hacer cálculos, la cual se manifiesta cuando el alumno comienza a cometer errores desde el mismo grado prescolar.
 
A veces a esta etapa no se le brinda toda la importancia que requiere y al final se ven los malos resultados, enfatizó.

La discalculia primaria se presenta cuando el pequeño comienza el primer ciclo (primero, segundo grado) y tiene errores en la seriación. “Se trata de esos niños a quienes tú le dices vamos a contar y empiezan uno, dos, tres, cuatro, cinco. Sin embargo, cuando le presentas un conjunto de cinco elementos no sabe qué decir y a veces empiezan a adivinar, pues no dominan la cantidad.

“Después viene una segunda etapa escolar (tercer y cuarto grados) cuando se ve una discalculia verdadera puesto que estos errores que se fueron presentando en el primer período se ven reforzados. Entonces el  estudiante presenta mayores dificultades para el cálculo, para organizar los números; ahora de tres y cuatro lugares”.

Barcelay comentó que la discalculia —además— pudiera estar asociada a un retraso mental, a una afacia  (dificultad en el lenguaje) o a una dislexia; es decir que cuando tenga que leer o escribir números presente dificultades, entonces resulta necesario saber cuál afecta más.  

La especialista insistió en que padres y maestros deben prestar una mayor relevancia a los grados de prescolar y primero, esenciales para los aprendizajes posteriores.  

“El niño tiene que jugar, divertirse, y en esas actividades hay que ir viendo los síntomas y signos del escolar. El trabajo con los conjuntos propicia que pueda dominar las agregaciones; son los primeros pasos para la comprensión y el significado práctico de las diferentes operaciones”.

Recomendaciones para padres y maestros

En los tres casos —dislexia, disgrafia y discalculia— pudiera hablarse de recomendaciones comunes, donde la familia y la escuela desempeñan un papel esencial, tanto en el diagnóstico de tales trastornos como en la posibilidad real de superarlos.

La profesora Kassabb asegura que con las nuevas tecnologías —“¡algo maravilloso!”— la familia pierde contacto con el libro, por eso es cardinal la lectura que se pudiera hacer de conjunto con los pequeños los fines de semana. “Es preciso que ellos intercambien con el papel, que compartan con los padres las ilustraciones y, a su  vez, las comenten.

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“A veces con el libro en la mano, y todavía sin saber leer, el niño  narra el cuento después que alguien se lo ha leído. Esas son las lecturas adivinatorias, y a través de ellas se fomenta  el amor por esta actividad. Luego, en  la escuela, al descubrir las primeras  letras manifiesta las ansias por conocer, de ahí que la estimulación sea  esencial. Nadie aprende a hablar por  sí solo, necesita de los demás”.

Ella confía en la posibilidad de vencer la dislexia, claro con la ayuda de un buen maestro y, si es necesario, buscar la ayuda temprana de un especialista en Logopedia.  

Recomendó a los padres no tener tantas horas a los niños frente a las tecnologías y si en un aula el maestro detecta un alumno disléxico puede darle niveles especiales de ayuda.

En cuanto a la disgrafia, señaló que una vez identificado que el escolar tiene trastorno de la escritura, el docente debe ubicarlo cerca de la pizarra; hacer una selección adecuada de los medios de enseñanza y buscar apoyo en otro educando que no presente dificultades.

Asimismo, abogó por el empleo constante de la caligrafía, al margen del grado escolar de que se trate.

Por su parte, Amada, señaló que el maestro durante el proceso de enseñanza-aprendizaje debe tener presente la propia posición que él ocupa respecto al pizarrón; el uso sistemático del componedor, la postura del estudiante, la forma en que toma el lápiz y coloca la libreta.

Y respecto a la discalculia, Barcelay precisó que se puede ayudar a los alumnos, pero no forzarlos en su desarrollo, ni en el tiempo que tienen para hacer los cálculos. Resaltó la valía de la vinculación del hogar y la escuela, ya que esta puede brindar elementos a los padres, los cuales les permitan identificar algunos síntomas.

Finalmente, las especialistas comentaron que en esta universidad, ubicada en Ciudad Escolar Libertad, en el municipio capitalino de Marianao, específicamente en el llamado Castillito, funciona el llamado punto logopédico donde los padres pueden encontrar alguna ayuda y solución a los problemas pedagógicos de sus hijos.

Visto 3283 veces Modificado por última vez en Jueves, 13 Julio 2017 08:22

Comentarios  

 
#1 vivoli 26-06-2017 11:53
La ciencia se puede instrumentaliza r, o en los mejores casos interpretar según el estilo de vida. Vivo en una sociedad capitalista donde, por conveniencia y/o por desconocimiento todo es una enfermedad, tratan al ser humano como a alguien que hay que tutelar y le arrancan sin piedad su autonomía. El desarrollo de los gustos estéticos junto con el conocimiento científico es la clave, porque las personas con gustos vulgares artísticos, desarrollan una sensibilidad muy básica, muchas veces casi nula y tratan a los demás, incluso sus hijos (sin proponérselo) muy mal, y éstos desarrollan problemas del aprendizaje y del habla. Lo digo por experiencia, tropezé con muchas situaciones que violentaban mi sensibilidad, al punto de trastornarme el habla, después cuando me coloqué (con un poco de conocimiento de causa) en lugares y situaciones más propicias al respeto de un individuo (dentro de lo que cabe, pues es mucho más difícil de lo que se cree, ya que la ignorancia estética abunda por doquier) empecé a pronunciar correctamente, o sea tenía que estar un ambiente de confianza y respeto para sentir la seguridad de hablar bien. Conozco a otras personas que le ha sucedido lo mismo. Sin el gusto estético (desde niños) todo se hace a brocha gorda, no se aprende bien nada, no se aprecia nada, ni la propia salud. Las apariencias engañan: parecería que en estos momentos la prioridad es lo material, ya sea medicinas, comida, y lo es, pero sin una sensibilidad para ser cuidadoso de todo (de la salud, de la educación, de las contradicciones en el ser humano, etc.) todo lo demás es como echar en un barril sin fondo. Al final se gastaría menos, pues la sensibilidad sería la principal aliada de la prevención y se evitarían así problemas de malgasto en todos los campos: salud, educación, rehabilitación, producción, etc.
 

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