jueves, 21 junio 2018, 00:56
Domingo, 02 Julio 2017 06:00

De nuestras leyendas: La Milagrosa

Escrito por  Alina M. Lotti/CubaSí
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Una bella historia de amor convertida en mito por el imaginario popular.

Como toda leyenda, la que ha crecido al paso de los años en relación con La Milagrosa —estatua erigida en la tumba de Amelia Goyri de la Hoz, en la necrópolis de Colón— perdura hasta nuestros días.


Acompañada siempre y rodeada de los más diversos obsequios, muchos de los cuales guardan relación con la maternidad, La Milagrosa encierra una bella historia de amor entre Amelia y José Vicente Adot Rabell. Ella, descendiente de la alta burguesía cubana del siglo XIX; él, de mediana posición económica.

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No obstante las desavenencias que eso acarreó, la pareja se casó, un tiempo después de que José Vicente se enrolara en la manigua, en las luchas por la independencia de Cuba.


Con grados de capitán del Ejército Libertador, una vez terminada la guerra contra el colonialismo español, en 1898, José Vicente regresó a La Habana decidido a pedir en matrimonio a su querida Amelia, quien mucho sufrió a causa de la distancia.


El amor venció a los avatares de la vida, y así, el 25 de junio de 1900, se efectuó el casamiento de las dos hermanas; es decir, de Amelia y María Teresa, con sus respectivos novios.


Un bello amor y una ruptura inesperada


Poco tiempo después, Amelia quedó embarazada, pero a los ocho meses, problemas de la presión arterial (ataque de eclampsia) pusieron en gravedad su estado de salud. El 3 de mayo de 1901, el doctor Eusebio Hernández no pudo salvar la vida de la criatura y tampoco la de la madre.


Así comenzó la tragedia más grande de la vida de José Vicente, una realidad que nunca superó.

Por su rango familiar, le correspondía ser enterrada en el panteón de los marqueses de Balboa, donde reposaban los restos de casi toda la familia, pero él no lo permitió, pues ambos sufrieron mucho el rechazo de esa clase social.


De esta forma, y ante la solicitud a un amigo, Amelia y su pequeña hija (entre sus piernas) fueron sepultadas en una bóveda cuyo propietario era Gaspar Betancourt, amigo de José Vicente.


Este hombre visitó la tumba durante cuarenta años. Para él su fiel amada estaba dormida, y la despertaba tocando una de las cuatro argollas de la tapa de la bóveda; luego se paraba frente a la sepultura y allí permanecía durante mucho tiempo, mientras en su interior creía hablar con ella.

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Un amigo suyo —José Vilalta Saavedra*, que en aquellos momentos estaba en Italia—, enterado de la triste noticia, y como un acto compensatorio, decidió regalarle una escultura de Amelia, la  cual confeccionó con mármol blanco, procedente de las canteras de Carrara.

José Vicente le envió una foto de la boda. En 1909 Vilalta la trajo personalmente, y se colocó encima del osario de la bóveda donde reposaban los restos.


El artista se inspiró en la maternidad, por lo que colocó en el brazo izquierdo de Amelia una criatura, en tanto el derecho lo apoya en una cruz, atendiendo a que ella murió el Día de la Santísima Cruz.


Ritual convertido en leyenda


La novedad cambió el ritual de José Vicente. Quienes han escrito sobre La Milagrosa, como se conoce, afirman que luego de despertarla y hablar con ella, cuando se marchaba, vestido todo de negro, se quitaba el sombrero, lo colocaba en su pecho, daba la vuelta por detrás de la escultura y se retiraba sin darle la espalda.


Los curiosos y los asiduos visitantes del cementerio comenzaron a comentar lo que allí acontecía, fundamentalmente los trabajadores. Así un simple ritual se fue convirtiendo en la leyenda que aún hoy nos acompaña.


Desde entonces, La Milagrosa —conocida a nivel mundial, y de ello dan fe los visitantes extranjeros que asisten al lugar— es símbolo de poderes sobrenaturales. A su imagen se le atribuye la suerte de los niños y de las embarazadas, capaz de ayudar a quienes se presenten con algún problema.


De ahí, precisamente, viene su nombre: La Milagrosa, culto popular que vence el paso de los años y de los siglos.

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En la tumba, ubicada al final de la calle principal del sagrado sitio, a un costado de la iglesia, no faltan las flores, los obsequios, las promesas y las ofrendas. Personas de todas latitudes del planeta vienen buscando una actitud compensatoria para sus vidas. Es una bella historia de amor convertida en mito por el imaginario popular.


*También autor de la estatua de José Martí que está ubicada en el Parque Central, y la dedicada a los estudiantes de Medicina en el propio cementerio de Colón.

Visto 3390 veces Modificado por última vez en Jueves, 13 Julio 2017 08:31

Comentarios  

 
#6 Isa 05-07-2017 14:10
Linda y conmovedora historia que se ha convertido en un mito en nuestro país, incluso, llegó a comentarse que cuando los restos de Amelia fueron exhumados tenía a su hija en los brazos y no entre las piernas como fueron enterradas ambas, de ahí el culto a La Milagrosa. Historias como estas no deben quedar en el olvido.....
 
 
#5 madelyn 04-07-2017 15:33
linda historia y triste final, pero seria bueno que publicaran algun testimonio de los milagros que han vivido las personas que le han pedido. porque esas fatalidades aun las presenciamos en la actualidad aunque en menor medida que en aquellos tiempos. Esposos y familias que se quedan sufriendo por la perdida de la madre y su hijo.
 
 
#4 V8 04-07-2017 15:16
Saben, que esa es una de las tantas historias del cementerio..... Busquen mas informacion, que "LA MILAGROSA" es la mas popular, pero no es la unica historia, y de seguro los sorprendera. Saludos
 
 
#3 maguero 04-07-2017 08:46
bella historia para una novela de amor , lastima que nadie se ha fijado en ello
 
 
#2 amesari 04-07-2017 08:40
nosotros tambien tenemos nuestras historias de amor capaz de competir dignamente con romeo y julieta y mucho mejor porque son reales esta la de amelia y jose vicente y tambien la de catalina laza y su esposo, son dos bellas historias de amor, en las que el destino tambien fue machista porque las que mueren en ambas historias son las mujeres, como si el destino quisiera castigarlas por su rebeldia, fuera de epoca realmente a su manera fueron dos mujeres revolucionarias que no se conformaron con lo que la sociedad exigia de ellas y los hombres son ejemplos de fidelidad al amor de su vida, resultaria de verdad muy bonito ver una novela o una pelicula cubana que tocara esos temas
 
 
#1 orlando 03-07-2017 14:07
Siempre me maravillo con lo rica y atrayente que son nuestra historia y cultura populares. ?Y por que no escribir una novela para que sea transmitida por nuestra TV en lugar de poner esas insoportables y vulgares producciones donde todo es bronca, traiciones, sexo y borracheras?. Como aquella cuyo nombre no quiero ni recordar que tuvieron que quitarla hace unos meses y poner 4 capítulos a las 11 pm para acabar con ella por lo burda y cargada de mensajes negativos. Si alguien aun tiene buen gusto y deseos que la escriba tal y como ocurrieron los hechos, sin adaptaciones pseudomodernas, mas aun con lo ligada que esta esa historia con las guerras libertarias, decídanse y dennos algo digno en nuestra novela cubana, gracias por adelantado.
 

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