sábado, 17 noviembre 2018, 05:35
Domingo, 14 Mayo 2017 05:45

Las madres estoicas que me circundan

Escrito por  Harold Iglesias / Especial para CubaSí
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Foto: Anabel Díaz Mena Foto: Anabel Díaz Mena

Este domingo toca a la puerta y con él una nueva celebración del día de las madres. De hecho, en lo que va de semana las calles han adquirido un ajetreo superior a lo habitual.

Y es que como suele suceder la carrera por tener un detalle, comprar regalos o sencillamente demostrar el cariño con un gesto fuera de lo común, se apodera de hombres, hijos, padres, esposos fieles, hermanos, amigas, amigos.


Y aunque parezca raro, son las propias mujeres las que llevan la voz cantante en esta cruzada de obsequios, pues tal y como poseen ese gen sobre protector y de dulzura, tienen una cualidad superior para escoger, vaya saber dar en el clavo cuando de un regalo y economizar recursos en conjugación se trata.


Esta edición para mí tendrá una connotación diferente: Made, mi compañera fiel, festejará de manera oficial su primera edición junto a nuestro pequeño Enzo Samuel. El año pasado ya habíamos tenido un aperitivo con su barriguita apenas formándose. En esta ocasión el goce será supremo. La miro con Encillo en sus brazos y concientizo la dimensión del trofeo de vida conquistado.


Sopeso en mis momentos de tranquilidad durante los últimos días el peso y estoicismo de las madres que me circundan, esas que de una forma u otra siempre están en mi pensamiento, pero que son expresión de toda madre cubana, acostumbrada a luchar con profesión, hogar, superación, cocina y otros menesteres domésticos, cargos de dirección, responsabilidades para con el país…


Así la primera imagen que tengo grabada es la de mi madre Ileana: una abeja laboriosa en materia de responsabilidad laboral. Ejemplo perenne, paradigma y bujía, amiga, y ahora destapada como una abuela espectacular. De su vientre nací, instante desde el cual nunca más ha faltado ni faltará en mi torrente sanguíneo, en mis latidos o acciones, un pedazo de ella, una conexión magnética, aderezada por mi condición de hijo único.


Se me enjugan los ojos y se pierde mi mirada en el horizonte albergado por la nostalgia de no poder contar con mi abuela Sara, al menos no en un plano terrenal, latente. Ese horcón familiar inexpugnable, capaz de reunirnos a todos en fechas señaladas y tornarnos vulnerables con su sazón de Dioses del Olimpo. Esa que me convirtió en su escudero y compañero de siempre con el paso de los años, exacta en matemáticas de bodega, cinéfila y devoradora de libros, capaz de esperarme despierta a altas horas de la madrugada y de despedirme cuando partía a la Universidad o el trabajo a la mañana siguiente. Mami para mí y medular para todos y cada uno de los miembros de nuestra familia.


Este domingo celebraremos en casa de mi tía Ivo, como acostumbramos desde hace años. Solo que se sentirá igualmente el vacío de la partida de mi tía Lourdes, la menor de las hermanas hembras, esculpida en la fragua de la nobleza, desprendida, con unos sentimientos del tamaño del Himalaya. Extrañaremos esa plática para evadir el fregado, su voz incitando a todos a sonreír…


Este año la menor de mis hermanas, Darielis, igualmente estará soñando con su pequeño que verá la luz a la vuelta de pocos meses. Mi padre y mi madrastra se desviven en cuidados, pues para Darie, el portar un marcapaso no constituyó impedimento alguno.


Así son las madres y mujeres cubanas, esas que forman mi familia, diversa, pero nucleada como una alianza irreductible. Hablo de mi prima Susy, mis tías Ivón, Lissette, Mayra, Yiliam, de mis amigas madres, como Yaneisy, Yeimi, Maritza, Edelsys, Liame, Liz Beatriz, Aday, Alina… de todas y cada una de las madres en potencia, que de seguro desarrollarán esa capacidad para cuidar de sus hijos perennemente, de lidiar con su mayor creación y los demás avatares de la vida cotidiana en una sociedad que para nada está exenta de complejidades.


Abro los ojos y las veo temprano en la mañana llevando a sus hijos al círculo o la escuela, luego conectando el chip de responsabilidad en el centro de trabajo, desdoblada en casa, ocupando cargos de dirección medulares, corriendo los 800 metros a la usanza de Ana Fidelia Quirot o rematando una Mikasa como Mireya Luis, acariciando un chelo o sacando energía suprema de una batería, empuñando un fusil o salvaguardando nuestras costas, torciendo tabacos o descubriendo una vacuna.


La mejor imagen es la de ellas sonriendo, dejándose atrapar por sus benjamines o tomando la mano de sus compañeros en señal de felicidad.


Este domingo, o desde antes incluso, he descubierto que debo ser mejor padre, mejor hijo, mejor hombre de bien. Y he descubierto que cualquier día sin excepción, puede antojarse propicio para celebrar el día de las madres. Sencillamente ¡Felicidades mamá!


Cierro con una pincelada de génesis, para acercarlos a cómo se instauró oficialmente este festejo en muchas latitudes del planeta:

“La celebración del Día de las Madres tiene sus antecedentes en la Grecia antigua en honor de Rhea, conocida como 'la madre de los dioses'. Durante el siglo XIX hubo algunas propuestas para dedicar un día a homenajear a las madres, pero no fue sino hasta 1907 cuando Ana Jarvis, nacida en Filadelfia, Estados Unidos, se reunió con un grupo de amigos y les planteó el reto de trabajar para que se estableciera una fecha para esta celebración.


A partir de ese momento comenzó una campaña para hacer que las autoridades accedieran a tal petición. Pronto se unieron amigos, vecinos y conocidos, quienes a través de folletos y textos en periódicos locales propagaron la idea en su comunidad. En 1908 se celebró la primera ceremonia no oficial para conmemorar a las madres en una iglesia metodista de Grafton, Virginia.El evento tuvo lugar el 10 de mayo del citado año y acudieron 407 mamás acompañadas de sus familias. En la ceremonia, Ana Jarvis regaló a cada madre presente un clavel, la flor favorita de su propia madre, quien había fallecido pocos años antes; desde entonces el clavel es representativo de este día.


A pesar de aquel evento, las autoridades no mostraron entusiasmo para que el Día de las Madres fuera una celebración oficial. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la iniciativa casi al instante, pero el Senado archivó la resolución y no concluyó el trámite. Ana Jarvis y sus colaboradores recorrieron el país compartiendo su idea y contactando personas influyentes de manera personal o a través de correo. De tal forma, personas de todos los estratos sociales, de legisladores y gobernadores, protagonistas de medios de comunicación y hasta líderes religiosos, presionaron al Senado para que se aprobara la iniciativa.


El 10 de mayo de 1913 se emitió la resolución. Fue el presidente Woodrow Wilson quien, el 8 de mayo de 1914, decretó que el Día de las Madres se celebraría en Estados Unidos el segundo domingo de cada mayo. La idea pasó a Europa y casi 40 países en todo el mundo iniciaron las celebraciones. En algunos casos se designó un día específico para llevarla a cabo, como en México, donde el 10 de mayo está dedicado a este festejo”. (Con fragmentos de Terra)

Visto 4635 veces Modificado por última vez en Domingo, 28 Mayo 2017 18:07

El Día de la Madres es una de las fechas preferidas de los cubanos, pues se honra a la madre, la esposa, la hermana, la tía, la abuela, a todas aquellas mujeres que han tenido y tienen la difícil tarea de criar, educar y amar a sus hijos.

No pocos aseguran que las singularidades de vivir en esta Isla condicionan una conducta también sui géneris de las madres que aquí alientan.

Comentarios  

 
#1 Leonardo Cruz Morale 14-05-2017 08:01
Sr Harold Iglesia un saludo afectuoso y solidario desde San German Puerto Rico la otra ala del pajaro.Felicida des a todas las madres cubanas y del mundo.Leer su escrito en el dia
de la celebracion del dia de las madres es un honor.Lo felicito,cordie lmente Leonardo
 

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