martes, 19 junio 2018, 22:26
Domingo, 30 Abril 2017 06:00

Mis razones para asistir al Primero de Mayo

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para Cubasí
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Con ese ritmo de nación unida que se transforma y enrumba hacia el progreso, marcharemos los habaneros en nuestra Plaza, para reafirmar que definitivamente Cuba va.

Desde hace días, entrado el mes de abril, como sucede cada año, la convocatoria para desfilar todos el Primero de Mayo, en apoyo a la Revolución, el movimiento de los trabajadores en nuestro país y como homenaje en esta ocasión a Fidel, nuestro líder histórico.


Para muchos el Primero de Mayo constituye una jornada de reafirmación, otros en cambio, lo asumen como una fiesta, hay otro grupo que marcha bajo cánones de compromiso con su empresa o por no defraudar a un amigo. En los estudiantes de los diversos niveles de enseñanza, el ambiente de la celebración, poder intercambiar con amistades y hablar desenfadadamente de cualquier tema, devienen otros leit motive…


Claro, con el paso de los años, la sociedad ha cambiado, como también las posturas que cada ciudadano asume respecto al Día Internacional de los Trabajadores.


Justo ahí aflora mi razón inicial. Recuerdo mi primer desfile, estaba en quinto grado, por ese entonces vivía con mi mamá y mi padrastro en Nuevo Vedado. Mama era capitana de la Dirección Nacional de inmigración y Extranjería y crecí viendo patrones familiares de apoyo incondicional a la Revolución. De hecho, cuando vi la posibilidad real de pasar delante de la plaza de la Revolución y darle un adiós a Fidel en la distancia, tomado de la mano de mi madre, no me lo pensé dos veces. Cursaba el quinto grado entonces y con diez años esa constituyó mi primera experiencia en un desfile, cuando ni soñaba convertirme en periodista-trabajador o tener afiliación sindical alguna.


Desde ese instante decidí no ausentarme más a la fiesta del proletariado en muchas partes del mundo. Fueron variando las razones y afianzándose en mí ese sentimiento de acompañamiento.


En noveno grado, el desfile estuvo marcado por mi afiliación a la Unión de Jóvenes Comunistas y la designación como delegado al II Congreso de los Pioneros. Recuerdo que casi formamos un bloque de estudiantes de secundaria básica del municipio Plaza de la Revolución. Los colores, banderas, logotipos representativos de diferentes empresas o instituciones, las canciones patrióticas o de protesta… las consignas. Todo eso encajaba como engranaje impecable de un Central azucarero en días de molienda.


Continuaba la línea de la vida, y en la Lenin ir al Primero de Mayo se traducía en tomarse un respiro del rigor docente, desatar todas esas inquietudes de adolescente y compartir en un ambiente extracurricular que podía significar interactuar incluso con estudiantes de las otras unidades. En mi interior siempre se avivaba una pequeña llama cuando ese “gigante” vestido de verde y de nombre Fidel, nos compulsaba a todos a preservar las conquistas de la Revolución, a seguir desarrollando nuestra nación con la clase obrera como principal dueña de los medios de producción y dando el sí para enfrentar cada tarea encomendada.


Las convicciones se fueron solidificando, la sociedad cubana por razones ajenas a la voluntad de muchos, sufrió transformaciones a tenor con la huella indeleble del Período Especial. Ya en la Universidad mi futura profesión de periodista le daba un cierto aditivo al plano de las motivaciones a mi presencia en el desfile. No negaré que el hecho de realizar una fiesta desde la noche antes en la Plaza Cadenas, constituía un gancho adicional para materializar la presencia de muchos estudiantes. Preferiría pensar que la FEU siempre ha sido expresión de nuestra vanguardia estudiantil, sobre la cual se deposita enorme confianza para construir o solidificar el futuro de nuestra Cuba.


Como trabajador, el Primero de Mayo adquirió necesariamente un rol protagónico en mi agenda anual. Desde que realicé el Servicio Social en la Agencia Cubana de Noticias, hasta los años en que invité a muchos compañeros de trabajo en el periódico Granma para que me acompañaran. Cada día puede antojarse una batalla, y si pesa sobre tus hombros algún tipo de responsabilidad sindical, aún más…


Mis razones para asistir al desfile del primero de mayo, no son exclusivamente esas, de origen testimonial, heredadas muchas por patrones familiares de conducta, o fraguadas con el paso de los años a la par de la formación de mi personalidad. Van con los tiempos, con la necesidad de una Cuba unida, que se muestra al mundo y le abre los brazos a los movimientos de solidaridad, que cree en su proyecto social, ese que se erige mucho más sólido que cualquier consigna. Van por el sentido de pertenencia y apoyo a Raúl, a nuestro Estado, a la confianza que tienen depositada para continuar progresando en cada uno de nosotros desde su pequeña trinchera…


Pasan por la necesidad de comprender y defender las esencias de nuestro Socialismo, aún cuando ciertos aires transformadores puedan obnubilar los pensamientos de muchos.


Por eso, estoy convencido de que millones de cubanos y cientos de miles de capitalinos, obreros, estudiantes, profesionales, médicos, y gente de pueblo sencilla, colmarán una vez más la calle Paseo y con ese ritmo de nación unida que enrumba hacia el progreso, marchará enfrente de la Plaza, para reafirmar que definitivamente Cuba va.


Los ecos de los pasos de muchos ya se dibujan, melodías de Silvio, Buena Fe, Pablo, de seguro acompañarán a la Internacional.


La historia no debe despreciarse. Hablamos de una celebración de más de una centuria y que a nivel mundial se instauró por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, como jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago.


Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en días de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, cuyo origen se remonta a la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto clímax lo halló tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. A partir de entonces se convirtió en una jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores con celebraciones en mayor o menor medida en disímiles latitudes de la geografía universal.


Cuba es mi bandera, es su gente, son sus hombres y mujeres de bien, esos que corean a voz en cuello:


Primero de mayo, día del trabajo,
dame tu mano trabajador.
Unidos todos, codo con codo,
Ya dirigimos nuestra nación…

Visto 3895 veces Modificado por última vez en Domingo, 28 Mayo 2017 19:28

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