jueves, 20 septiembre 2018, 19:50
Miércoles, 31 Mayo 2017 03:54

Deportistas cubanos: La plática fortuita con Lorenzo Pérez

Escrito por  Harold Iglesias Manresa/Especial para CubaSí
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Si existiera un Nobel a la voluntad, su candidatura no tendría cuestionamiento alguno. Por esas coincidencias de la vida, mi última plática con el nadador discapacitado Lorenzo Pérez (4 de febrero de 1986) comenzó en el P-12.

Él iba acompañado de su coequipero Yunierki Ortega; yo, a cubrir la entrega del premio Juan Antonio Samaranch que le otorgaron a la atleta Omara Durand. El destino de ambos, el coliseo de la Ciudad Deportiva, pues Lorenzo estaba presto a seguir de cerca el rendimiento de su hijo Jonathan en los 200 libres de la Copa Marcelo Salado.


Se imponía entonces hablar de Río 2016, de sus aspiraciones de cara al Mundial, de la familia, y de la herencia que desea dejarle a Jonathan, de 11 abriles…


¿Cómo valoras tus rendimientos en los Juegos Paralímpicos de Río 2016?


«Río fue una competencia a la que llegué con muy buena forma física y mental, con objetivos bien específicos tras cuatro años de trabajo. Conocíamos al detalle la presión a la que nos veríamos sometidos, la rivalidad producto de la calidad de los contrarios. Salimos a materializar un trabajo y lo conseguimos con el título en los 100 metros libres (categoría S-6, con crono de 1:04.70 minutos que constituyeron récord paralímpico). Eso me dio un nuevo aire para pensar en mi próximo objetivo: el Mundial de México (30 de septiembre-6 de octubre)».


¿Qué persigues en este estreno mundialista?


«Tras las vacaciones y el tiempo merecido con mi familia, retomé la preparación. Haremos una escala previa en el Campeonato Nacional del mes de mayo en Bayamo. Allí nadaré por una buena marca, y luego iré puliendo detalles que pudieran incidir negativamente de cara al Mundial. Pretendía incursionar en la Copa Marcelo Salado, pero una lesión en el hombro me lo impidió».


De vuelta a Río… ¿qué pasó en los 50 y 400 metros?


«El 50 me dejó un sabor muy amargo. Los pronósticos no se cumplieron al 100% producto de la ansiedad que tenía, que derivó en un error de la táctica. De cualquier manera, ese cuarto lugar se acercó, pero iba por una presea. Esa experiencia me sirvió para reencontrarme de cara al hectómetro. Los 50 metros me dejan mucha desventaja en la arrancada, mientras en los 400 pierdo mucho en las vueltas, pues los rivales dan giros convencionales y yo debo tocar y regresar. Imagina ocho piscinas y cuánto puedo perder».


¿Potencialidades esencialmente en el hectómetro?


«Nos hemos dedicado a perfeccionarlo. Hemos cambiado para mejor la arrancada y la vuelta; actualmente trabajamos con las que mejor me han acomodado, y como estrategia nos preparamos para salir a rematar en el punto exacto en que consideramos debe producirse mi ataque, cuando restan 15-20 metros, a tono con mi frecuencia de brazadas. Trato de mantenerme en el grupo de avanzada y enfoco mi preparación en muchos esprint sobre ese tramo, y me ha traído excelentes dividendos hasta ahora».


¿Qué peso le confieres a los componentes físico y psicológico? ¿Cómo organizas tus sesiones?


«La forma física está en correspondencia con las adaptaciones realizadas luego de que nos dieron la posibilidad de entrenar como preselección en el CEAR Giraldo Córdova Cardín. En el Marcelo Salado realizaba diez sesiones, y ahora en el Complejo de Piscinas Baraguá las redujimos a ocho sesiones. Esto ha sido muy favorable, me ha dado mayor fluidez en la relación trabajo-descanso, es muy importante, fundamentalmente para no desgastar los hombros, pues mi discapacidad físico-motora requiere de mucha recuperación. Ahora aplico mejor la recuperación, la fisioterapia y el trabajo de flexibilidad en el gimnasio.


«Psicológicamente soy un atleta que siempre tiene niveles elevados de predisposición a las competencias. Conozco mis prioridades y metas, y eso ha posibilitado el éxito hasta ahora. En este minuto estamos enfocados en el trabajo técnico, retomarlo, pulir cada detalle para que todo se acerque a la perfección».


¿El peso de tus entrenadores, Ernesto Garrido y la incorporación de Imaday Núñez?


«La incorporación de Imaday se logró desde momentos antes de iniciar la preparación rumbo a Río. Podemos decir que hoy la tenemos como entrenadora oficial de los paralímpicos. Ese es el sentir de todos los preseleccionados. Tiene grandes conocimientos y convergen los objetivos. El profe Garrido es nuestro puntal. Fue nadador discapacitado, abrió la ruta, y nos conoce casi a la perfección. Características, virtudes, estados de ánimo, planificación de los entrenamientos. Esa química tiene gran valía para nuestro desarrollo, tanto individual como de equipo».


¿Aspiraciones mundialistas?


«Será mi primer Mundial. Saldré a nadar en busca del título que me falta».


¿El peso de la familia? ¿La distancia, ese doble esfuerzo y tu hijo Jonathan?


«Para mí la familia es un regalo maravilloso, lo que más me motiva y a la vez, el sacrificio mayor radica en estar alejado de ellos. En ocasiones eso me golpea mucho durante la preparación, pero siempre están a mi lado, apoyándome, inyectándome ánimo. Tener un hijo que quiera seguir mis pasos es un medidor muy alto. Eso me hace mantenerme siempre esforzándome, manteniendo los niveles de exigencia al límite. Eso se lo transmito en cada conversación, en cada momento que compartimos juntos. Creo que es el reflejo que él se lleva. Hasta ahora no me defrauda, pues es siete veces campeón nacional en Juegos Escolares. Seguiré apoyándolo en todo lo que pueda. En cambio, la pequeña Ruth, de un año y siete meses, quisiera mantenerla distanciada del deporte. Con padre e hijo es más que suficiente, pero si en definitiva escoge ese camino, respetaré su decisión y no le faltará mi apoyo».


Lorenzo es un tren de brazadas en las albercas. Su fuerza al nadar constituye una expresión de esa fortaleza con la que continuó encarando la vida tras sufrir un accidente que lo dejó paralítico en el año 2005, mientras reparaba su casa en Niquero, luego del azote del huracán Dennis.


Culminó el año 2016 a la vanguardia del ranking del orbe de los 100 libres con los mencionados 1:04.70 minutos, segmento en el cual también atesora la primacía universal absoluta (1:04.60), materializada en los Parapanamericanos de Toronto 2015.


Tanto en 50 como en 400 metros, ocupó meritorios cuartos escaños, gracias a registros respectivos de 30.19 segundos y 5:14.44 metros. Distancias dominadas, por ese orden, por el chino Qing Xu (28.81) y el italiano Francesco Bocciardo (5:00.70 minutos).


El Mundial en suelo azteca, de seguro, le deparará rendimientos notorios. Ya piensa en finales de septiembre, sus brazadas carburan, y en el horizonte tiene, como siempre, la línea de metas y exigencias en una perspectiva elevadísima.

Nuestra última plática comenzó en el P-12 y terminó en la piscina de la Ciudad Deportiva. Coincidencia fortuita…

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