lunes, 19 noviembre 2018, 10:16
Viernes, 28 Abril 2017 04:33

ARCHIVOS PARLANCHINES: La cartomántica de la Catedral

Escrito por  Orlando Carrió
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En la esquina de San Ignacio y Empedrado, al pie del vetusto restaurante El Patio y frente al principal templo de La Habana, una reina africana ejerce con vehemencia su sacerdocio en la actualidad...

En la esquina de San Ignacio y Empedrado, al pie del vetusto restaurante El Patio y frente al principal templo de La Habana, una reina africana ejerce con vehemencia su sacerdocio en la actualidad: ella es Juana Ríos Ríos, conocida en media ciudad como la Cartomántica de la Catedral y en medio mundo como Juana la Cubana (al igual que la cantante Juana Bacallao), uno de los emblemas de la capital o, si se quiere, una hechicera globalizada, ceremonial y turística, deudora, hasta el cuello, del reino de los orishas.


Juana, la hija más pequeña de Goyo Ríos, el Hombre Orquesta de la provincia de Pinar del Río, y hermana del conocido tresero Aldo del Río, empieza sus correrías tocando las maracas y cantando en el grupito callejero de su progenitor. Luego, en la adolescencia, se hace despalilladora en una empresa tabacalera, antes de transformarse, ya bien mujerona, en la primera cocinera que entra a trabajar en el estadio de béisbol Capitán San Luis. Al mismo tiempo, enseña a bailar a los niños y, durante los carnavales, saca a la calle varias carrozas y comparsas infantiles con una mística y una sandunga incomparables.


Negra alta y redonda, llena de sonrisas, se casa en su Vueltabajo natal con un obrero de la Termoeléctrica del Mariel y, antes de divorciarse, pare cuatro hijos, a quienes no les oculta sus andanzas de brujera mañosa y experta. Cuando la entrevisté hace unos pocos años, sentada en su capitalino trono de marfil, comenta:

De niña mi padre me dijo: «Es verdad, tú eres muy especial, tus augurios los veo». Dormida, aprendí a tirar las cartas y a comunicarme con una muñeca perteneciente a mi abuela. Al principio, se plantaba frente a mi cama, en silencio y, un buen día, me dio su nombre: Rufina. Ella me impulsó hacia esto: se viste como yo, comparte sus ideales conmigo y me quita el peso de tantos ojos… Más adelante, soñé que un señor religioso venía a buscarme a Pinar del Río y me aseguraba: «Yo te necesito a ti y tú a mí». Esto ocurrió así en la realidad. Cuando vine para La Habana, a fines de los setenta, me casé con un babalao, hijo de Shangó, llevamos juntos muchos años y nos va muy bien.

    Vinculada a centros gastronómicos de los municipios de El Cotorro y Diez de Octubre, Juana se entera en 1994 que en el casco histórico habanero se vive un proceso de resucitación y, sin pensarlo mucho, le da tres vueltas en silencio a la ceiba de El Templete con un ramo de cinco girasoles y un ferviente deseo: quiere compartir su esoterismo con todo el universo. Al principio, la policía la aleja de la Plaza de la Catedral y ella llora su rabieta; pero después varios conocedores del folclor alertan a Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad, sobre los valores litúrgicos y ornamentales de la heredera del clan de los Ríos y de inmediato le dan su licencia de cartomántica.

Entonces, le llega el momento de convertirse en una excéntrica: viste de blanco y en su cabeza, junto al turbante, exhibe un moño de flores rojas de marpacífico, el cual combina con sus argollas, collares y pulsos. Estos últimos simbolizan a la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba y su ángel de la guarda; a Obatalá, su padre en el santo y creador supremo; a Shangó, el de los relámpagos, el fuego, los tambores y la danza, que está en su fundamento; y a Yemayá, madre del universo. En uno de sus brazos se observa, igualmente, un iddé, especie de colgadera formada por cuentas multicolores unidas a varios dioses.

En su mesita de conjuros y embrujos sobresalen el rojo, el azul y el blanco, los colores de la bandera cubana. Allí, siempre tiene un azabache para lidiar con los rompecabezas del prójimo. En el referido diálogo agrega:
Cuando llegan buscando una bendición enseguida levanto la copa y pido unión y paz. Hago lo mismo en homenaje a los que han dado sus vidas por las causas justas. ¡Ah…! ¿el tabaco?… No lo puedo dejar, es muy necesario. Me gusta, a ratos, echar mi fumadita; además, a los atormentados les echo su poquito de humo, los limpio con el pañuelo rojo y grito: ¡Siaaa!… a nombre de Santa Bárbara bendita. Estos son mis baños espirituales.

¿Sus clientes están convencidos de que lo suyo no es un embuste?

Seguro. Esto es cierto, aquí vienen muchos por segunda vez y me susurran al oído: «Lo sentí». Llegan extranjeras muy espirituales, como yo, las he requerido, y me han dicho palabras correctas… palabras que yo hubiera pensado antes.

¿Discrimina usted a algún santo?

No, los quiero a todos, los necesito para ayudar a los amigos. Saludo siempre a las madres que son mis madres, a los padres que son mis padres; a mi madrina; a las santeras mayores y menores. Tengo hecha la Caridad del Cobre hace veinticuatro años… y soy palera. Esta Plaza de la Catedral es muy bonita, maravillosa, yo no me hallo en mi casa. Algunos cubanos, a veces, se disgustan al ver las donaciones de los visitantes a mi altar. Al final, me miran, se persignan, y me tiran un beso. Cada uno viene con una estrella a este mundo.

Juana la Cubana, quien adora a su legión de nietos, se pone a menudo a improvisar boleros y canciones. Así recuerda al viejo Pinar y a su padre, el modelo con humanidad de guitarra que aún la guía por el cosmos. Frente a la vulgar mezcla de razas y credos, ella defiende —y define— al verdadero negro llegado de África para conformar, en parto difícil y eterno, los pilares de nuestra patria. Claro, su humanidad mitómana, perfil charlatán y encanto de hada no entienden de disertaciones etnográficas.

Visto 858 veces Modificado por última vez en Sábado, 29 Abril 2017 06:21

Comentarios  

 
#5 Yuli 04-05-2017 09:51
Lissette, difiero en ese punto de que ella no pide nada.
Hace un tiempo fui testigo cuando mi esposo y yo (que por nuestra forma de vestir y andar pausado a veces somos confundidos con extranjeros) andabamos cerca y él (que es fotógrafo) la quiso fotografiar y ella le pidió a cambio 1 cuc sin ningún tipo de pudor, si no no se dejaba fotografiar...
Así que como diría Taladrid... saque UD sus propias conclusiones...
 
 
#4 Lissette DVLH 29-04-2017 07:40
Muy lindo artículo. Juana es parte de nuestra cultura, manifiesta nuestra religiosidad y es la muestra viva de que creer es una necesidad del ser humano.
MPT, Juana no va a ninguna parte, las personas van a donde está ella y le dan lo que les viene en ganas, ella no lo pide. Por qué siempre caemos en comparaciones que nada tienen que ver? Cada cual tiene su manera de ayudar al prójimo y las religiones, aunque tengan su común denominador, tienen características diferentes.
 
 
#3 del Centro 28-04-2017 08:56
Hace un tiempo atrás vi un poeta (no se si alemán, holandés o austriaco) haciendo poemas por la Habana, otro día lo busque para q le hiciera uno a mi niña y no lo encontre. Le habrán dado licencia o se lo prohibieron?, no importa, lo q deseo decir es que estas personas deambulantes y correctas matizan el entorno de la Habana Vieja y la enriquecen, le dan un toque de romanticismo y mezclas culturales. Estas expresiones del arte, folclore o nuestra vida cotidiana le dan mas belleza a nuestro caimán.
 
 
#2 MPT 28-04-2017 08:07
Estimado periodista Orlando le invito que un día de estos se embulle hacerle un escrito a un misionero cristiano, esos que van a lugares muy intrincados a enseñar la palabra de Dios y a ayudar a personans necesitadas y todo esto a cambio de nada, no reciben donaciones, no llevan al lado una vasija para que el que desee le heche dinero, esos hombres y mujeres que en el anonimato van por el mundo ayudando al prójimo
 
 
#1 Dubier 28-04-2017 07:55
Ese es el ajiaco de la cultura cubana, todo mesclado y todo único, que bueno que existen personas así, que muestran lo que somos y que imitan lo ajeno
 

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