lunes, 21 octubre 2019, 05:40
Viernes, 24 Marzo 2017 00:13

MIRAR(NOS): Los otros

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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No me quedan claros algunos detalles y tampoco vienen al caso, pero imagine, usted que lee, por un segundo la reacción del mundo entero.

Cuando un día alguien se levanta y decide que es homosexual, resueltamente y sin mirar atrás (porque la retrospectiva y el recuento de nuestras vidas se les dan mejor a los otros), entonces empieza la existencia a constituirse consumo colectivo. La gente, que no se mide, empieza opinando y termina procurando mover acciones determinadas: las que a ellos parezcan con mayor o menor acierto.

 

Lo que en otras palabras se llama meterse en los asuntos ajenos deviene el pan de todos los días. Y nada que hacer… es una parte tan indispensable en la vida de los otros que, si no opinan de lo nuestro, pierden aliento.

 

Valdría la pena, antes de pasar al meollo de la cuestión, preguntarnos: ¿es la homosexualidad una condición con la que se nace? ¿las compañías y/o elecciones van resultando en una forma de sexualidad diferente a la que hemos defendido? ¿Hasta que punto se deja de ser algo? ¿No se supone que siempre estuvo ahí el deseo latente de cambiar de “bando”?

 

Hace unos días me contaron de una mujer, que no puso freno a los deseos de cambiar su vida. Al menos del modo en que la estaban mirando porque quizás para sus adentros siempre fue la misma cosa. Le asistía precisamente a ella todo el derecho y lo hizo. No tenía que mirar a los lados ni pedir vía. Tan simple como una llovizna veraniega. Empacó su pasado en unos cuantos maletines y partió.

 

No me quedan claros algunos detalles y tampoco vienen al caso… pero imagine, usted que lee, por un segundo la reacción del mundo entero. Caigo en la cuenta después de saber su historia que nadie en el mundo tiene derecho soberano sobre la vida del otro. Era preferible el cambio radical antes de una mentira eterna, ¿o no?

 

Incluso después de mis letras algunos seguirán juzgando, porque es de humanos comparar y opinar aunque el desenlace no dependa ni tenga que ver con nosotros.

 

De todos modos, otros pensarán en la posibilidad de que todas estas historias sean la mía. Alguien me lo sugería el otro día. Pero todas no pueden ser mi existencia porque figúrese, mi vida sería una verdadera película donde se combinara el drama con la tragedia, pasando por el catastrofismo y la comedia.

 

Este es el riesgo que asume quien escribe en cualquier parte del planeta. Sucede que, por miedo a caer en el descrédito o la incomprensión, muchos redactores vuelcan en el papel en blanco toda su vida. Siempre ese proceder me ha parecido cuestionable. No puedo desligarme de la subjetividad implícita en cada uno de mis juicios, pero no son más que eso, mis criterios abordados de la manera más humilde posible.

 

Quizás usted comenzó a leer este texto pensando que, por ser viernes, yo hablaría de la película de Alejandro Amenábar. Esa donde sus hijos le alertan de presencias espirituales en la vivienda que habitan. Un día ¡sorpresa! ella descubre quiénes son los otros.

 

No le contaré el resto, quizás ver ese filme justamente este fin de semana alivie su estrés semanal y termine por convencerle de que se gana más tiempo viendo una buena cinta que criticando porque de los demás es el libre albedrío, el mismo que también es suyo y usted defiende, hasta las últimas consecuencias, cuando se trata de ejecutar aquello que quiere.

Visto 1246 veces Modificado por última vez en Viernes, 14 Julio 2017 12:49

Todavía no han pasado quince días desde la celebración del Día Internacional. Mientras escribo, me divierto pensando en los posibles comentarios a continuación.

Ya sabe usted que no soy muy dada a impresionarme pero supongo que no es precisamente impresión esto último que experimenté.

Cuando comenzamos a vivir los primeros días del mes de marzo, me debato en la encrucijada de escribir sobre dos temas.

Dentro de una semana habrá llegado marzo, en un abrir y cerrar de ojos ya arribaremos al tercer mes de 2017.

Incluso el Principito de Antoine de Saint-Exupéry se dejó seducir por los encantos y secretos de la zorra.

La gente vive obsesionada con ellas. Entre las múltiples manías impregnadas en cada cual esa es una que se repite.

Desde hace algún tiempo había pensado hablar de las parafilias.

No sé cómo pero todavía hay gente que tiene capacidad sobrada para sorprenderme.

Si me lo hubiera dicho otra persona pondría en tela de juicio la veracidad. Tampoco hubiera escrito nada al respecto, por las dudas supongo.

Pienso en el miedo y en las decepciones humanas, mientras procuro inventar para él un sueño feliz.

Comentarios  

 
#3 REDISAN 27-03-2017 16:00
Liz, otro artículo interesante como nos tiene acostumbrados en esta sección.... una vez dije en un comentario que "si la gente dedicara el tiempo que pierde en preocuparse por los demás haciendo algo útil... avanzaríamos mucho más".
Pero bueno como bien usted dice: "es una parte tan indispensable en la vida de los otros que si no opinan de lo nuestro… pierden aliento".
 
 
#2 Dodi 24-03-2017 09:11
Espectacular, como siempre. Sin palabras y con muchos argumentos. Esta es la realidad, vidas objetibas, comentarios subjetivos y críticas sin sentimientos. cada persona en este mundo debe ser y hacer lo que su ser necesita, los otros, (como dice Alejandro Sanz en una canción), los otros que aguanten.
 
 
#1 Javier Nd 24-03-2017 06:47
Muy interesante el articulo como siempre, eso esta en el ser humano preocuparse más por lo que le rodean y menos por ellos mismos, hay una cosa que para mi esta claro es mejor la verdad por dura que sea que una mentira tratar de convertirla en verdad, con lo que uno nace lo tiene que desarrollar sin faltarle a nadie y que nadie le falte a ud la naturalidad es lo más bello que existe y la homosexualidad se nace con ella son los designios sociales los que hacen que los homosexuales vivan una mentira eterna hasta que se deciden a andar por si solos sin importarles el que diran
 

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