jueves, 13 diciembre 2018, 03:10
Lunes, 13 Marzo 2017 07:19

Las vidas del libro que encontraste

Escrito por  Vladia Rubio/CubaSí
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Cuando uno se enfrenta a una biblioteca personal abandonada está frente a un festín y un dolor. Rescatar de ella un libro, llevarlo contigo, es mucho más que hacerte dueño de sus palabras, sus hojas amarillas.

En un local comunitario ubicaron la biblioteca personal de alguien para que se sirviera quien quisiese.


Entre los anaqueles desvencijados del lugar habían distribuido sin cuidado aquella biblioteca de centenares de buenos libros, olorosos a tiempo, a saber añejo.


Me estuve largo tiempo contemplando, sin siquiera atreverme a tocar un volumen, mientras dos o tres advenedizos picoteaban aquí y allá con ambición.


¿Quién había sido el o la propietaria de aquella fortuna? ¿Habría muerto, habría partido definitivamente a otro país, o, simplemente, había optado por una vida minimalista, y para aligerarse legaba a otros lo que ya le había nutrido?


Nadie habría de responderme, pero los libros me hablaron: No parecía ser una persona joven. Había textos publicados en los años 60 y aún antes. Las páginas amarilleaban, con ese tenue velo que dan los años al papel y a ciertas miradas.


Muchas carátulas se veían ajadas, como señora que vuelve a casa al amanecer, caminando despacio, luego de una noche desbocada.


Así andaban las carátulas, rezumando el buen cansancio de andar entre manos; los lomos, aún firmes, pero a punto de rendirse cual Atlas exhausto de tanto firmamento sobre sus espaldas.


Supe que el propietario de aquellos libros había sido feliz entre ellos, sumergido en ellos.


Por eso, con el mismo respeto con que se entrega la última flor, revisé y volví a revisar títulos, y, con cuidado, retiré un único libro.


Aquí a mi lado lo tengo para volver a releerlo. Ya lo había disfrutado en formato digital, pero nada es comparable con tener un libro de verdad entre las manos.


Además, sé que con este me he traído mucho más que las palabras que contiene.


He traído también la callada alegría de aquel que fue su dueño cuando lo compró, en alguna librería ya inexistente; su placer de sentirlo suyo y desgranarle las páginas como quien abre y cierra un abanico prometedor de muchos frescores,  como palmearle por primera vez el cuello al cachorro que recién te han regalado diciéndole, sin decir, ya eres mío.


Junto a ese viejo libro me he hecho también responsable del exacto minuto en que su propietario decidió empezar a leerlo, quizás luego de irse a la cama, o después del almuerzo, o acomodado en un banco de quién sabe qué parque —porque es de esos libros cuya primera lectura debiera hacerse en un hermoso y callado parque de domingo.


Me he apropiado así de su discreto placer al paladear una que otra página, de sus evocaciones, tal vez hasta de sus arrepentimientos, que asomaron a mitad de cierto párrafo o al acodarse reflexivo en un punto y  coma.


Entre estas hojas gastadas, con olor a madera vieja, a liquen, a quietud, casi puedo sorprender el alentar de esa otra vida a la que llegaron cuando eran todavía hojas blanquísimas y solo podían contar historias de tinta recién impresa. Y poco a poco se fueron añejando entre los avatares de un hogar otro, que no sé por qué intuyo en sus finales solitario y con poco sol.


Pero en la página cuya esquina doblaron aprisa, quedó adormilado el aroma de cierto almuerzo: vamos, que ya está servido, y el lector hizo de buena gana la marca en la hoja, para bracear en la apacible y reconfortante rutina de un almuerzo en familia.


O tal vez fue una llamada telefónica la que le hizo doblar la página para acudir, con el corazón a flor de camisa, a la cita de su vida; o fue sencillamente el cansancio de una jornada, tanto o más gris que la anterior, el que le obligó a marcar y cerrar el libro, cuando ya los ojos se le cerraban y empezaba a soñar que leía la historia de un tipo aventurero y contento.


En la página 138 hay una mancha, breve, como si hubieran puesto allí a disecar una hoja de árbol. O tan solo fue una gota de café u otra bebida que cayó por descuido y quiso dibujarse como silueta de hoja de árbol.


De cualquier modo, ahora también soy propietaria de ese mínimo y ambiguo fantasma, al que deberé, con calma y ganas, armarle su propio currículo. Y si fue una hoja, deberé imaginarle un verde bien especial, nervaduras como las de la muñeca y el brazo de un niño, ramas que la conforten, aguaceros…


Y si fuera gota de café, pues tendré que suponerle borboteando en la cafetera de alguna tarde hecha a la medida del tibio olor que esparce, del ronronear del agua junto al polvo negro en definitivo abrazo.


Hasta tendría que imaginar el gozo del dueño del libro llevándose a los labios la tacita humeante, su gesto de disgusto al descubrir la gota en la página.


Pero, por ahora, solo estoy acostumbrándome a ser la dueña de este nuevo viejo libro con todas sus vidas.

Visto 4752 veces Modificado por última vez en Jueves, 23 Marzo 2017 06:00

Comentarios  

 
#6 gladys regina 18-03-2017 19:57
Ah!,y respondiendo al comentario de un forista,queria aclararle que no adolescemos de espacios donde encontrar y compartir buenos libros,porque para eso podemos visitar las bibliotecas,eso s son los sitios apropiados y con un personal apto para sugerirnos,orie ntarnos y prestarnos los libros que necesitemos.En el programa "De tarde en casa" hay una seccion en la que el director de la Biblioteca "Ruben Martinez Villena" da muy buenos consejos e invita al publico a visitar la misma.Aceptemos su propuesta!
 
 
#5 gladys regina 18-03-2017 07:42
Yo pienso en quien lo escribio,en todos los que contribuyeron para que llegara a alguna libreria.
Pensemos.Antes de ser atrapados por el texto,hay detalles como el diseño etc que nos atrapan y los compramos sin saber a veces ni su argumento,aunqu e logicamente lo que nos hace conservarlo es el recuerdo que nos produjo lo que nos cuentan sus paginas,pero detras de un lector y una biblioteca personal hay otras personas que debemos reverenciar porque tambien ponen su esfuerzo y creatividad anonimamente para que luego disfrutemos.
Particularmente estoy enfrascada en motivar a mis vecinitas para que valoren lo que es leer,abrazarse a un libro,tenerlo como mejor amigo;desgracia damente sus padres no les hablan de esas cosas porque tampoco ellos tienen habito de lectura,y ya ni siquiera disfrutan realizar las tareas escolares,pagan a repasadores,no sienten curiosidad por saber que contienen las lecturas que deben leer sus hijos y luego se asombran de lo mal que estos leen en voz alta,sin embargo entre los amigos elogian la forma en que conocen sus tablets,sus moviles,los videojuegos.
Quisiera dar un "viaje a la semilla" y que volvieran los tiempos en que tantos libros eran editados y publicados por las diferentes editoriales de nuestro pais ,por suerte mi hija pudo vivir su infancia en aquella epoca de los ochenta,epoca de oro para cualquier tema literario que quisieramos consumir.
 
 
#4 anamaria 16-03-2017 10:29
Vladia, a mí me pasó exactamente lo mismo hace unos años e hice lo que usted, era la biblioteca de un fanático de las aventuras, pues tenía de Verne, Salgari y Dumas gran cantidad de títulos, al igual que usted escogí un solo libro. "Las amistades peligrosas" y sentí lo mismo que usted, al pensar en su antiguo dueño por eso me ha gustado mucho su artículo, muy espiritual. Felicidades.
 
 
#3 teresita 16-03-2017 10:11
me gustó mucho su comentario soy fanática a la lectura y los libros mientras más viejos mucho mejor sin quitarle el mérito a nuestros escritores actuales, pero me dejó una duda no puso el título del libro.
 
 
#2 Francisco Rivero 16-03-2017 07:01
Es de agradecer el articulo del Sra. Vladia Rubio.

Tal vez los libros mientras mas usados por la manipulacion en su aspecto, bien puede despertar interes de otras personas. Cito un ejemplo de un titulo que acabo leer " Amables figuras del pasado " de Renee Mendez Capote, de la editorial Letras Cubanas publicado en 1981.

Es un delicioso libro de una escritora cubana "reyoyoya" ( autoctona ) y miren ustedes como llama la atencion el aspecto fisico del libro. Que me preguntan a derecha e izquierda que este libro debe ser bueno.

Saludos fraternos
 
 
#1 Parabellum 16-03-2017 06:51
Me gustó mucho su artículo. Coincido en el punto de que no es la misma experiencia leer en digital que tener un libro real en las manos. Pienso que adolecemos hoy en día de buenos espacios donde encontrar y compartir buenos libros.
 

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