lunes, 24 septiembre 2018, 16:59
Lunes, 06 Marzo 2017 06:58

García Márquez: el hombre que nos enseñó la soledad

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Algunas pocas personas salvan al mundo. Acaso sin demasiada planificación, terminan rescatándonos a todos del tedio que supone levantarse todos los días para hacer las mismas cosas. Los escritores, por ejemplo...


Algunas pocas personas salvan al mundo. Acaso sin demasiada planificación, terminan rescatándonos a todos del tedio que supone levantarse todos los días para hacer las mismas cosas. Los escritores, por ejemplo, nos dibujan mundos que ya conocíamos, pero con tan cuidadoso esmero, que pasan delante de nosotros las imágenes recontra aprendidas y ni percibimos las pistas idénticas. Termina uno haciéndose la idea de que aquello es algo muy nuevo.

Hace algunos años, conocí a Gabriel García Márquez. Lo conocí como pude, a través de sus libros, que empecé a leer frenéticamente, uno detrás de otro, con breves pausas para dar lectura también a los materiales escolares. Luego, reconozco que tarde, le descubrí periodista, y me bebí de un sorbo, igualmente, sus materiales para la prensa.

 

Jamás coincidimos en ningún espacio vital, si bien él visitó incontables veces esta Isla. Será ese un sueño que, inobjetablemente, ya no podré cumplir. Cada seis de marzo trato de dar forma a un homenaje. En ocasión de su 90 cumpleaños, este 2017 no será la excepción.

Uno de los términos más recurrentes en su obra es Macondo, un pueblo idílico que nos presentó más o menos como Aracataca, la pequeña población prácticamente desconocida que García Márquez ubicó para nosotros en el mapa mundial. Allí pasó los primeros nueve años de su vida, bajo la vigilancia de un abuelo, coronel retirado de la guerra civil, y una abuela para quien los fantasmas estaban en todas partes, e infundía tanto en Gabito como en sus hermanos el miedo a todo.

Un punto álgido en su vida fue la muerte de su abuelo. El recuerdo del coronel lo acompañó por siempre, aunque demoró bastante en colocarlo en una de sus obras de ficción. En una entrevista, el escritor refiere que decidió irse a Bogotá por la situación económica de su familia. Allí se inició como escritor, aunque los inicios no fueron cosa simple, pues primero tuvo que andar por los pedregosos senderos de la incomprensión de la que no escapa quien trabaje con elementos tan subjetivos como los pensamientos y la imaginación.

Es probable que la soledad y la nostalgia que empezó a experimentar fueran los cimientos de toda su creación. Aunque no estuvo solo, una musa redentora de nombre Mercedes se cruzó en su camino de manera temprana.

Tenía doce años el día que Gabriel García Márquez le dijo que se casaría con ella. Por su cabeza no podía figurar la idea de que estaba casi dándole el sí a un futuro Premio Nobel de Literatura. Aquella no era una proposición en sí misma, sino una promesa. Mercedes y Gabriel fueron creciendo con la certeza de que algún día se iba a convertir en una verdad ineludible.

Cuando llegaban las fiestas, él la volvía a ver, en sus visitas a Sucre. Esa mujer, con su nombre propio y la profesión de boticaria, le acompañaría luego hasta el final de sus días.

Ella misma contaría que cuando escribía Cien años de soledad se terminaron los ahorros y, con dos niños pequeños, el casero empezó a hostigarlos con el pago de la renta. Así Mercedes, que llevaba la casa a cuestas en tanto su esposo terminaba la obra, le preguntó cuánto faltaba para la conclusión. Cuando él respondió que un año, ella, confiada en el talento de su esposo, prometió al casero dar el doble una vez concluido ese tiempo.

Después de esa obra vino el Nobel y, con el mayor premio de la literatura contemporánea al que aspiran todos los escritores, llegó la fama. Según él, con el reconocimiento mundial, perdió la privacidad y dejó de ser uno entre tantos dedicados a ganarse el pan, imaginación mediante. No porque se le subiera la gloria a la cabeza, sino por el hecho comprobado de que los periodistas, sus otrora colegas, no le dejarían vivir.

Este seis de marzo, con solo googlear su nombre, le llegará la confirmación inequívoca de que llueven los homenajes en todos los lugares del mundo, en los apretados rincones a donde llegó su ingenio creador, y en primer lugar a Aracataca, su Aracataca natal, donde hace 90 años todo comenzó.

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Comentarios  

 
#1 Amanda 08-03-2017 11:27
Me encanta leer a García Marquez. Gracias por acercarnos a su vida personal.
 

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