viernes, 14 diciembre 2018, 02:50
Martes, 28 Febrero 2017 05:28

Una pluma al servicio de las causas justas

Escrito por  Enrique Valdés Machín/Especial de la ACN para CubaSí
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Thomas King Thomas King

Entre las personalidades foráneas más descollantes del XVI Seminario Internacional de Estudios Canadienses, recién celebrado en La Habana, sobresalió Thomas King, uno de los escritores más importantes del norteño país.


Entre las personalidades foráneas más descollantes del XVI Seminario Internacional de Estudios Canadienses, recién celebrado en la capital cubana, sin dudas sobresalió Thomas King, considerado uno de los escritores más importantes del norteño país y de los intelectuales públicos nativos.

Sus presentaciones, entre las más esperadas, despertaron el interés del mundo académico en las sesiones desarrolladas en la Universidad de La Habana y en el complejo Morro Cabaña.

La ACN conversó en exclusiva con él en una jornada en la cual las barreras del idioma se derrumbaron por el carisma y el sentido del humor del entrevistado.

Thomas King, como gusta decir, es cineasta, novelista, escritor de cuentos cortos, historiador, crítico literario y cultural, guionista, fotógrafo, director y talento radial, pero sobre todo un hombre comprometido con su tiempo y su entorno.

“Mi primera aproximación al activismo social fue en los Estados Unidos, donde viví hasta 1980. Allí pasaban cosas muy malas a los nativos, vulneraban sus derechos, los consideraban ciudadanos de tercera.

“Solía participar en numerosas marchas de protesta en favor de los derechos nativos, e incluso en algunas de ellas temí por mi vida; ¿quién no lo haría con una pistola apuntándole a la cabeza en medio de la nada…?

De activista a escritor
 
“En ese proceso, largo en ocasiones, sentí miedo y hasta deseos de escapar. Después de mucho tiempo en la primera línea de combate comprendí que mi mayor aporte estaba en la fuerza de mi pluma y, paradójicamente, al descubrir que era mejor escritor que activista, realicé mejor mi trabajo como activista.

“Poco a poco comprendí que el escritor podía hacer más por la causa y decidí continuar la lucha desde una nueva trinchera. Mi obra refleja las desigualdades en las que viven los nativos y las primeras naciones canadienses; así como sus problemas con la tierra y las relaciones de trabajo con la comunidad no nativa.

“También, los conflictos con el gobierno, las corporaciones y las comunidades porque lamentablemente cuando surge un problema a la hora de elegir qué derechos van a prevalecer siempre se decantan a favor de los no nativos.

“En eso incide o prevalece la relación de poder, quien lo ostenta ya sea en el gobierno o al interior de las corporaciones; tienen como objetivo hacer dinero y para eso no importa a quién pisoteen”.

King hace una pausa, hurga entre sus recuerdos y con el ceño fruncido recuerda, a manera de ejemplo, lo sucedido a la tribu Crow.

“Ellos poseían minas de explotación de carbón y el gobierno aspiraba a apropiarse de esa fuente de recursos; primero se la pidieron, como era de esperarse se negaron a cederla, y también como era de esperarse en esta relación de poder se la quitaron.

Con su obra él trata de vindicar al nativo de hoy y salvarlo de la imagen preconcebida vendida por las películas de Hollywood del indio montado a caballo con flechas y plumas masacrando a los blancos buenos; así, dijo de manera enfática, no son los nativos nuestros actuales.

De Cuba acunó dos ideas: la primera se extiende hasta la década de los 70 del pasado siglo cuando, criado en Estados Unidos e influenciado por la propaganda anticubana, la consideraba un estado comunista muy malo. La otra se abrió camino a partir de 1980 al emigrar a Canadá.

“Entonces escuché que la cubana era una sociedad muy buena en la cual se cuidaban unos a otros.

“En mi primer viaje a la Mayor de las Antillas, realmente no sabía cuál de los dos modelos de nación encontraría.
   
“En Santiago de Cuba, adonde asistí para participar de un taller de fotografía, conocí a una Cuba cuyos sistemas de educación y salud están respectivamente concebidos para cuidar a todos y sus pobladores, sin conocerme, me trataron muy bien”.

Sonríe, se alisa el pelo con la mano y enfatiza: en Norteamérica la diferencia entre los ricos y los pobres es muy grande, entonces las personas se molestan con el sistema y no es una buena sociedad para todos.

“Particularmente nunca he logrado averiguar para qué los ricos necesitan tanto dinero: compran yates caros, carros, relojes, como si con eso escaparan a la muerte; esa acumulación de riquezas solo se justificaría si con ella pudieran comprar la inmortalidad.

“Actualmente escribo un libro de detectives, otro relacionado con los problemas que enfrentan los nativos en su viaje por el mundo y un tercero que narra las experiencias de dos personas de la tercera edad”, que bien podrían ser él y su esposa -la intelectual Helen Hoy-, el cual esperan culminar con lo acontecido en este último viaje a la Isla.

Ya prestos a concluir la entrevista hace una pausa, me observa detenidamente y agrega:

“Estoy viejo y no voy a las primeras líneas de la protesta, pero del activista queda el espíritu, la perseverancia en la lucha, el afán de resolver los problemas sociales que afectan a buena parte de los nativos.

“Mi  trabajo es bien recibido por estos y también por una parte de la comunidad no nativa y eso me alegra, aunque lamento que a lo largo de todos estos años todavía no haya logrado molestar a nadie, lo cual es decepcionante porque, aunque utilizo rasgos de humor en mis obras, en realidad denuncio en ellas asuntos verdaderos y muy serios”.

Buena parte de la obra de Thomas King refleja su preocupación por las perspectivas y los derechos de los aborígenes en América del Norte porque teme que esa cultura, junto a las tierras que todavía poseen, sean saqueadas hasta no dejarles nada.

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