viernes, 14 diciembre 2018, 01:27
Viernes, 17 Febrero 2017 00:26

MIRAR(NOS): Domesticar

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Incluso el Principito de Antoine de Saint-Exupéry se dejó seducir por los encantos y secretos de la zorra.

No creo que el hombre haya domesticado al perro porque necesitara compañía, en todo caso y con ese fin procuró domesticar a la mujer. Algunos lo han logrado, en mayor o menor medida, pero a otros (los más) se les ha virado la tortilla y han terminado con el yugo en la cerviz. Leído así a la primera, la imagen es bastante cruda, pero no piense en ninguna intención escondida debajo de la idea. Véala simplemente como una metáfora.

 

En algún punto de nuestras vidas todos necesitamos algo nuestro. Las personas no se pertenecen las unas a las otras, pero ¿a qué reconforta saber que podemos contar con alguien bajo cualquier circunstancia, sin horarios específicos? Y es que la amistad (que nadie diga que no) casi siempre deviene intercambio, y el intercambio trae consigo interés.

 

Incluso el Principito de Antoine de Saint-Exupéry se dejó seducir por los encantos y secretos de la zorra. Terminó domesticándola, creando una dependencia recíproca que torció sus convicciones más puras.

 

Aunque no lo sabía así con absoluta certeza, hace unos días descubrí que de todos mis amigos me retroalimento. Probablemente porque le doy importancia a una buena conversación, caí en la cuenta de que mi círculo más cercano está rodeado de personas extrovertidas. Las dos cosas (la buena conversación y el denuedo a la hora del diálogo) no tienen que ir juntas necesariamente. Ya me conoce quien lee, soy enemiga número uno de lo absoluto.

 

Amigos sí tengo como para hacer un caldo con las mejores esencias de cada uno. Compartimos gustos; aunque quizás no en la misma magnitud, también estilos de vida y, lógicamente, puntos de vista. A mí me da por pensar que tampoco a ellos uno los escoge, no directamente. En algún lugar están escritas las decisiones que tomamos, las compañías que frecuentamos y los amigos que tocan por la libreta.

 

Más allá de sus virtudes o defectos, todos ellos, los míos, me han domesticado. Lo sé con mayor certeza cuando han pasado días sin hablarnos y me gustaría hacer turnos para vernos.

 

La vida, la señora vida, pone algunos kilómetros por medio. Con sus curvas, bajantes y rectas, invaluables distancias se acortan en la bendición que supone el cable telefónico, y más a tono con estos tiempos, la internet.

 

De modo que nadie está tan lejos como parece, al menos no desde su esencia. Si nos guiamos por Arjona, uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan, pero el tiempo es traicionero y uno se va olvidando de que el roce es culpable del cariño.

 

Tanto distanciamiento termina por enterrar las mejores vivencias. Se quedan entonces, sujetos con imperdibles, los recuerdos más profundos... los otros se evaporan, se convierten en agua que cae en cualquier suelo, no necesariamente fértil. Porque en el saco de la desmemoria se nos va todo y no podemos elegir lo que queda.

 

Me gustaría, una vez al año, reunirlos, aunque ya sé lo que viene después. Seguramente ellos querrían hacer lo mismo y sería el cuento de nunca acabar.

Visto 1020 veces Modificado por última vez en Jueves, 16 Febrero 2017 17:23

La gente vive obsesionada con ellas. Entre las múltiples manías impregnadas en cada cual esa es una que se repite.

Desde hace algún tiempo había pensado hablar de las parafilias.

No sé cómo pero todavía hay gente que tiene capacidad sobrada para sorprenderme.

Si me lo hubiera dicho otra persona pondría en tela de juicio la veracidad. Tampoco hubiera escrito nada al respecto, por las dudas supongo.

Pienso en el miedo y en las decepciones humanas, mientras procuro inventar para él un sueño feliz.

Una breve encuesta entre algunos de mis allegados masculinos me ha permitido corroborar cuánta importancia reviste para los hombres este asunto de ser el primero.

Ya había leído del intercambio de parejas, el rubor de la aldea se me subió a las orejas ese día, con todo y que procuro mostrarme moderna en temas de sexualidad como quiera que cada viernes les llega esta columna sobre tales menesteres.

Imagine esta escena: cualquier amiga que me lee,  llega a su casa, sin fuerzas para sonreír debido a la intensidad de la jornada...

Me detuve a observarlos ahora que tengo tanto tiempo libre. No es lo que más me divierte, pero la naturaleza tiene sus moralejas por lo cual jamás entendí esto como una pérdida de tiempo.

Ante la tarea encomendada, en mi etapa de preuniversitario, muchos —dentro de los que me incluyo— pensamos en la confección de aquel mural como algo muy serio...

Comentarios  

 
#2 telma 17-02-2017 11:09
Liz, cuando nos graduamos del preuniversitari o, hace ya un buen tiempo, quedamos en reunirnos una vez al año y hasta ahora lo hacemos (1982-2017), es maravilloso hacerlo, no siempre, por supuesto, vienen todos, ni pensarlo, ya muchos no estan, muchos se han ido, muchos se han mudado, pero generalmente los de siempre, los más unidos, como dices, logramos encontrarnos y créeme es increible la experiencia.... ..
 
 
#1 maylin 17-02-2017 10:29
Querida Liz, de acuerdo completamente contigo, de mis amigos, soy esclava de sus cumpleaños, del de los hijos, tengo q dejar a veces un espacio de 11.00 pm a 7.00 am para escuchar a precio módico sus preocupaciones, los lejanos se mantienen presentes a pesar de que a algunos hace mas de 15 años sin vernos.
 

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