martes, 23 octubre 2018, 05:46
Miércoles, 08 Febrero 2017 07:12

DE CUBA, SU GENTE: El arte y otros demonios

Escrito por  Diana Castaños/Especial para CubaSí
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Pintura de Julia López Pintura de Julia López

Se llama Luis y es nieto de un expresidente mexicano. Estudió conmigo Periodismo y es amante del arte.


Hace un tiempo me invitó a su apartamento de Nuevo Vedado, donde iba a exponer su última restauración de cuadros de Julia López. Para entrar a la casa del mexicano Luis tuve que darle una contraseña a un custodio. Me quise hacer la graciosa en la entrada, y dije como contraseña que vendía enanitos verdes, a dos por un peso. Pero el custodio era mexicano y para colmo, de la generación de Frida Kahlo, y no entendió las alegorías al cine cubano contemporáneo. Muchísimo menos de dibujos animados. No sé en qué estaba yo pensando.


De la nada aparecieron dos mexicanos gigantescos y me pidieron, con cara muy agria, que los acompañara a una habitación oscura. Pensé en los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Se me ocurrieron, justo en ese momento, como veinte grandes novelas que escribir, muchas personas maravillosas a las que conocer, y algunas ya conocidas a las que podía abrazar y decir te quiero.


Pero resultó que mi amigo Luis también se las quería dar de gracioso y había mandado a hacerme una broma. (Está de más decir la autenticidad de mi risa). Salió de la habitación oscura con una botella de raicilla, que —según me dijo— era una mezcla de tequila y de mezcal y que solo podían con eso las mujeres muy fuertes y algunos hombres.


Con dos tragos de raicilla encima entré a la exposición de arte de casa de Luis, el mexicano nieto de cierto expresidente que prefiero no mencionar, porque este texto no va de él, ni siquiera de Luis, sino de cierto suceso que pasó en esa exhibición. El suceso empieza con cierto chico que estaba allí.


Estaba tomando chiles en nogada cuando lo vi por primera vez. Se acercó a mí y me explicó, como si me conociera de toda la vida, que los chiles en nogada era un plato que representaba a México porque los colores de la comida eran los de la bandera mexicana. Yo le dije que de México solo conocía el guacamole, que «sabía hacer como los dioses» —me autopromocioné.


En la exposición de arte se hablaba de todo… incluso de arte. Este chico, que se autodescribió como un artista (lo que sea que signifique eso), me propuso hacer una escultura conmigo.


Como la raicilla es extremadamente fuerte, mi respuesta fue: qué debo hacer.


En fin, que en algún punto de la exhibición de arte terminé con un brazo envuelto en cera. El chico dijo que lo más importante de un escritor era su brazo. Y yo, viéndolo envuelto en cera, dije que era preferible variar de errores a insistir en el error.


Estando presa de mi brazo, en la cera consumida, llegó la novia del chico. Preguntó que quién yo era y que por qué la atención del chico se volcaba entera en mí. (Cabe aclarar que tanto el chico como su novia eran cien por ciento cubanos).


La fiesta andando. La exhibición en su apogeo. Con fotos de Julia López por todas partes, y muchos camareros con copas de tequila dando vueltas. La gente conversando, más mirándose entre ellos que a las pinturas, como en toda exhibición de arte que se respete. Porque importa más el ego que el arte, qué se le va a hacer.


Y en el medio de todo eso, la novia cubana del chico, gritando. Celosa. Histérica. El chico, impecable, dijo algo sobre cómo los celos, hijos del amor, se podían volver parricidas.


—Tú te crees artista, pero en realidad eres un terrorista exitoso, y en el amor un fracasado —dijo ella y dio media vuelta.

El chico se fue detrás de ella.


Luis vino a verme y terminó la escultura de mi brazo, que se volvió en un minuto lo más interesante de toda la sala.


—La gente es rara —comenté delante de todos y nadie se sintió realmente aludido. Como si discurso fuera parte de performance— La gente es rara —continué— Y el arte vivifica a la humanidad y aniquila al artista.


Hasta el día de hoy está la escultura de mi brazo en la sala de casa de mi amigo Luis, nieto de cierto expresidente mexicano. Pero por alguna razón, hace mucho que no me invita a verla.

Visto 3529 veces Modificado por última vez en Jueves, 09 Febrero 2017 06:42

En la fiesta que di anoche, mi profesor de francés y mi vecina de 17 años terminaron con las lenguas enredadas en la intimidad de mi cuarto.

-En cada persona duerme una sensación de la vida conforme al amor. Si una persona niega el amor no hace más que, abiertamente, manifestar un fracaso, una carencia.

Escuchamos música pop porque nos sentimos desgraciados o nos sentimos desgraciados porque escuchamos música pop. El caso es que somos desgraciados.

Di una fiesta en mi apartamento. No porque fuera inicio de año. (No me gusta demasiado esa idea: si algunos días son declarados de fiesta es porque los demás no merecen esa categoría).

Algún día escribiré sobre todo lo que he perdido: paraguas, novios, amigas, trabajos...

La verdad es que me la paso mirándole las axilas a la gente. No sé por qué. Ha sido así desde siempre. Desde que recuerdo.

Comentarios  

 
#6 jve 23-03-2017 13:21
Tal parece, que de tanto que lo mencionas, que el protagonista de tu relato es el expresidente mexicano. Si no vas a decir su nombre, entonces no hacía falta que lo mencionaras...
 
 
#5 Frank 16-02-2017 14:17
jajaja,
El unico ex-president Mexicano que vivio en Cuba (Escondido) fue Carlos Salinas-De Gortari, y no hay muchos mejicanos de mas de 6 pies de estatura, asumo que eres de 5'4'' maximo!!!!
 
 
#4 baby 09-02-2017 12:56
bravo!!!!!, felicidades, siempre nos sorprendes con lo q escribes, a mi tambien me gustan las exposiciones de arte, y eso de la escultura en tu brazo fenomenal, estoy contigo 100%
 
 
#3 acer 09-02-2017 12:44
“Por lo general tengo un pie en la realidad y otro en la imaginación. Mi realidad necesita imaginación como un bombillo necesita un interruptor; mi imaginación necesita la realidad como un ciego necesita un bastón.”
― Tom Waits
 
 
#2 Juan Carlos 09-02-2017 11:38
Bueno, el abuelo debe ser Salinas de Gortari, no es de él la historia pero lo del abuelo se repite 3 veces, al inicio, a mitad de relato y al final.
 
 
#1 joelluis 08-02-2017 11:24
Me gustaría ir a esas exposiciones, no solo por el arte que allí se expone, sino, que tú eres igual que los personajes de los policiacos, que donde quiera que están pasa algo insólito e interesante... siempre me gusta lo que escribes...
 

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