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Viernes, 30 Diciembre 2016 01:56

Julio César La Cruz, Arlen y Robeisy: bujías del buque insigne

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para Cubasí
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Julio César La Cruz. Foto: Marcelino Reyes Julio César La Cruz. Foto: Marcelino Reyes

Decir boxeo en Cuba es hablar del buque insignia de nuestro deporte. Desde aquel mundial de La Habana en 1974, nuestros púgiles han fraguado su prestigio a fuerza de swines, opers, ganchos y jabs.


Hablamos de una disciplina que posee prácticamente la mitad de los vellocinos de nuestra nación en Juegos Olímpicos y que en este 2016 reconquistó el cetro de forma contundente de la VI Serie Mundial de Boxeo. Un balance casi impecable de 56 combates ganados y solo cuatro perdidos fue el saldo de puños de nuestra armada en la VI Serie, en la cual cuatro efectivos se hallan a la cabeza o en segundo lugar del ranking mundial de la AIBA.


La meta más ambiciosa de Rolando Acebal y su escuadra, estaba fijada en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Allí los nuestros estuvieron aupados por el segundo cetro de Robeisy Ramírez (56 kg), y las coronas iniciales de Arlen López (75) y Julio César la Cruz (81), mientras en calidad de escuderos dorados culminaron Johanys Argilagos (49), Lázaro Alvarez (60) y Erislandy Savón (91).


A pesar de ese notorio rendimiento no pudieron hacerse de la hegemonía bajo los cinco aros, esa que ostentaron desde Munich 1972 hasta Atenas 2004. Sus puños conectaron en suelo carioca seis metales (3-0-3), sin embrago el cetro por colectivos quedó en poder de Uzbekistán (3-2-2).


Individualmente La Cruz en su condición de capitán, dictó la ruta. A sus 27 años finalmente coronó una carrera ascendente, en la cual exhibe tres cetros del orbe en línea. El discípulo de Raúl Fernández, sin contar lo acaecido en el recién culminado Playa Girón, archivó 13 victorias sin asomo de revés en los doce meses que concluyeron, incluidas sus cuatro sonrisas bajo los cinco aros con unánimes 3-0 por ese orden sobre el turco Mehmet Nadir Ünal, el brasileño Mihel Borges, el francés Mathieu Bauderlique y el kazajo Adilbek Niyazymbetov.


Robeisy demostró su madera de boxeador 360 en los 56 kg. A punto estuvo de no clasificar a Río y su reválida constituyó uno de los episodios más gratificantes. Su andadura hacia la gloria del Olimpo deportivo estuvo mucho más exigida pues celebró cinco batallas, incluida la final cruenta decidida a su favor por votación dividida 2-1 sobre el prometedor estadounidense Shakur Stevenson. Tan prometedor que Floyd Mayweather fue a presenciar ese pleito con el afán de captar a Stevenson hacia el pugilismo rentado. Robeisy, por demás, tuvo una agenda bien intensa, con 20 éxitos y dos fracasos, incluidos cuatro desenlaces airosos en la Serie Mundial de Boxeo y sin contar el Girón que culminó hace menos de un mes.


Resulta obligatorio ponderar sus virtudes: excelente técnica, dominio del combate en las tres distancias, fajador efectivo cuando el oponente lo exige. De ahí que lo hayamos denominado púgil 360, casi sin fisuras.


Cierra el tridente Arlen López, la revelación en toda su dimensión en una categoría mediana que hacía buen tiempo no hallaba un hombre de su envergadura.


Con tan solo 23 abriles, el guantanamero, alumno de Ricardo Julián Cedeño trató sin piedad a sus adversarios. Así da fe el récord que impuso de seis combates sentenciados antes del límite en la Serie Mundial, incluidos cuatro por nocao técnico.


Número uno indiscutible del escalafón de su división, Arlen transitó con el casillero de las derrotas inmaculado en 14 presentaciones. Poseedor de pegada, que conjuga con el arte de pelear tanto a la zurda como a la derecha, y con buenos movimientos de esquiva propios de la escuela antillana, Arlen es considerado actualmente uno de los mejores púgiles libra por libra del excelso entorno universal.


UN APARTE CON UN CAPITÁN SUI GÉNERIS


¿Cómo fue el manejo de los rivales para Julio César La Cruz en Río?


“Era el certamen cumbre del deporte. En mi caso tenía gran significación. Constituía mi segunda experiencia y sentía que era mi momento. Dueño de mi división durante todo el ciclo estaba obligado a llegar a la cúspide. Le agradezco a mi colectivo técnico, por la preparación que sostuvimos y que me permitió conseguirlo. Los rivales eran todos conocidos, en la final el kazajo Niyazymbetov me exigió entrar en constantes intercambios, y le acepté el reto. Pudieron presenciar que salí airoso de su propuesta”.


Físicamente, ¿qué ejercicios trabajas para lograr esa movilidad, trabajo de torso con las fintas?


“Me preparo fuerte a diario, con disciplina, me gusta y le doy gran importancia a la carrera, bailo suiza. Combino ejercicios, pues estudio esas combinaciones y las incorporo a los entrenamientos. Igualmente considero que tengo capacidad de asimilación de conocimientos y con mi entrenador Raúl Fernández, exploto esas habilidades”.


¿Perspectivas y preparación de cara a la VII Serie Mundial?


“Después del Girón, esa etapa preparatoria nos ha sido de mucha valía no solo para la Serie Mundial, sino para otros compromisos competitivos en los cuales se prevé insertar al boxeo cubano, como el circuito APB (AIBA Pro Boxing por sus siglas en inglés), experiencia en la que ya estuvieron inmersos Arisnoide Despaigne (69 kg) y Frank Sánchez (91). Esa irrupción definitiva creo será positiva para el boxeo cubano. Además estará el Mundial de Alemania, en septiembre. La matrícula que tenemos entrenando en la Finca, con todos en calidad de elegibles, posee todos los recursos para revalidar el cetro reconquistado en Doha, Catar 2015”.


¿Dónde concentra Julio César sus potencialidades como pugilista?


“Creo que mi mayor virtud es la voluntad, con ella he llegado hasta donde estoy en este minuto. Los otros recursos pueden perfeccionarse o no, pero sin voluntad y disciplina, el atleta está condenado al fracaso”.


Ser Capitán del buque insignia, ¿qué representa?


“Eso lleva mucha entrega y consagración. Es una familia, un elenco muy compacto y de rendimientos considerables. Todo capitán debe predicar con el ejemplo. Somos una escuadra joven, pero es mi deber guiarlos. Las medallas se comienzan a fraguar en los entrenamientos, en el día a día, en ese rigor y disciplina para encarar cualquier compromiso, incluso fuera del ring y sin los guantes puestos”.

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