miércoles, 16 octubre 2019, 18:54
Jueves, 22 Diciembre 2016 17:02

Colombia: Lecciones pendientes

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Paramilitarismo y desnutrición, dos males que hay que combatir a toda costa.



No hay día que pase que no ocurra la muerte de un niño por desnutrición en la rica Colombia. Coincidentemente, en las regiones afectadas, todavía el paramilitarismo se hace sentir, aunque la región conocida como La Guajira es la más atormentada.

O sea que la eliminación del paramilitarismo y la desnutrición son cuestiones que no se pueden dejar para luego, conociéndose que el primero ha sido el azote en la Guajira, impidiendo la llegada y el consumo de alimentos que llegaban allí. Además, para que el proceso de paz avance en Colombia y cesen los asesinato de líderes sindicales y campesinos, debe eliminarse el primer mal, sin dejar de atender el segundo.

Asimismo, estos paramilitares y otros de zonas  aledañas han sido vistos cruzando la frontera con Ecuador, donde han atacado a mineros y policías, y creando situaciones de pánico, que el presidente Rafael Correa se dispone a combatir.

También elementos paramilitares están también inmersos en el contrabando de bolívares en la zona fronteriza con Venezuela, como parte de la guerra económica que el imperialismo y la oligarquía han desatado contra el Gobierno Bolivariano que encabeza Nicolás Maduro.

Cifras oficiales sitúan en 4 770 los niños colombianos muertos por desnutrición en ocho años, aunque medios de prensa afirman que son más de 15 000, porque muchos decesos no se reportan.

La cifra inicial la reveló el procurador Alejandro Ordóñez, quien aseguró no estar de acuerdo con el pedido del gobierno para levantar las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la crítica situación en La Guajira.

Se están adelantando once investigaciones contra servidores de distintos estamentos responsables de la ejecución de políticas públicas a favor de la niñez, y han surgido muchas opiniones que no están de acuerdo con el pedido de la CIDH, cuando se hace evidente la enorme responsabilidad de las instituciones en las muertes por desnutrición de los niños de ese departamento del Caribe, especialmente las acaecidas dentro de la comunidad wayúu.

Explicó Ordoñez que si no fuera por tanta omisión y por la falta de políticas públicas realmente eficaces, la Procuraduría no habría tenido que reunir a las autoridades de la región para poder hacer frente a la dramática situación.

Las muertes dolorosas de niños wayúu frente a las cuales el país se ha venido sensibilizando en los últimos días, por desgracia, son solo una pequeña parte de la historia. Los problemas de nutrición que han provocado estos decesos también están a la orden del día en otras etnias guajiras y en distintas zonas de la región Caribe.

Hay departamentos de otras regiones, como Vaupés, en los que la niñez sigue siendo víctima de la irresponsabilidad y falta de eficacia de las entidades, por lo cual es una situación vergonzosa e indignante, que exige medidas inmediatas y urgentes.

Morir de hambre

La mayoría de los fallecidos de este año pertenecen a las etnias embera y la wayúu. La primera vive en los departamentos de Chocó y Arauca, los segundos, en La Guajira, sobre todo en el norte de dicho departamento, lindando con Venezuela, una tierra desértica y muy pobre.

 
Los wayúu se rigen por sus propias normas, residen a ambos lados de la frontera y viven en las llamadas rancherías, sin acceso a agua potable ni higiene alguna. Los más pobres son pastores de cabras, aunque cada vez hay menos animales, apenas hay trabajo para la mayoría de indígenas y la honda crisis venezolana les ha dado la puntilla.

Por si faltara poco, El Niño ha venido a agravar una situación ya de por sí muy precaria. Y las ayudas oficiales resultan insuficientes, no por quedarse cortas de fondos, sino porque la corrupción, así como la ineficacia, se las traga. De un paquete superior a los 50 000 millones de pesos de subsidios de alimentación (20 millones de euros), apenas llegaron 6 000 millones a los niños.

Pese a todo, conviene recordar que La Guajira, si bien su población es de las más pobres de Colombia, no así sus recursos. Uno de sus pocos municipios, Uribia, fue durante lustros el más rico del país en ingresos gracias a las billonarias regalías que recibía por las minas de carbón. Pero la voracidad de los corruptos locales lo convirtió en un pueblo atrasado, sucio, polvoriento y de futuro incierto, donde cientos de familias viven en la miseria.

El gobierno de Juan Manuel Santos puso en marcha un plan para enviar ayudas y multiplicar los pozos, que se ha revelado muy insuficiente. El Presidente ordenó a las Fuerzas Armadas a repartir, puerta a puerta, alimentos y agua. Pero es una solución parcial que no resuelve la problemática de fondo.

Aunque este año sonaron las alarmas por la cantidad de casos, lo cierto es que la mortandad infantil en La Guajira se ha vuelto algo típico. Cada año hay una temporada en la que los medios de comunicación nacionales centran su atención en la región, para dejarla más tarde, de nuevo, en el olvido.

Y lo peor es que no se vislumbra una pronta solución.

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