sábado, 25 enero 2020, 12:45
Viernes, 25 Noviembre 2016 11:14

MIRAR(NOS): Papeles invertidos

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Imagine esta escena: cualquier amiga que me lee,  llega a su casa, sin fuerzas para sonreír debido a la intensidad de la jornada...

 

Imagine esta escena: cualquier amiga que me lee,  llega a su casa, sin fuerzas para sonreír debido a la intensidad de la jornada. Suelta el bolso y en la cocina se encuentra su esposo, dando los toques finales a la comida, con los niños bañados, la casa limpia y en fin, todo hecho. Si me lee un hombre, igual, imagine la escena así, sin ponerle ni quitarle.

 

Le insto a que sueñe más... piense en esta como su realidad de todos los días, todos los años. Y bien ¿complacida(o)? ¿Es más o menos su anhelo que llegue el hada madrina y convierta su idilio en realidad concreta y cotidiana?

 

Algunos hombres seguramente después de la columna comenzarán a cuestionarme y tildarme de árbitro parcial. Seguramente, las mujeres sonreirán gustosas y las más intranquilas de pensamiento compartirán criterios sobre la igualdad entre unos y otros.

 

Lo que sigue va a sorprender a todos, excepto a quienes me conocen mejor. Yo, Liz Martínez Vivero, autora de esta columna, no pienso en el primer párrafo de hoy como una meta o una fantasía. Me gusta el orden establecido aunque compensando factores sin alterar el producto. Para hacerme entender bien, aunque no soy ama de casa (desconozco si alguna me lee) disfruto el atareo hogareño. No soy una máquina trabajando allí, como algunas que conozco. Planifico la semana con la ayuda de mi compañero y juntos emprendemos la rutina. Hay satisfacción en poner el plato a la mesa. Para él, que busca el menú; para mí que meticulosamente lo elaboro.

 

En alguna remota época, de mis clases de filosofía recuerdo que Federico Engels fue quien postuló que la preponderancia del hombre en el matrimonio es consecuencia, de su preponderancia económica. La mujer era más o menos una propiedad privada del hombre, primero del padre que la daba en casamiento, más tarde del esposo.

 

Los años pasaron por suerte y las mentalidades, los pensamientos más arcaicos fueron cayendo en el olvido. He descubierto que algunas viven todavía en la comunidad primitiva, con miedo a pedir permiso o ejercer un criterio. No me mire así, si vuelvo sobre el tema, es porque lo he visto recientemente. A un hombre que se calce los arreos de amo de casa, si conoce a alguno, por favor preséntemelo.

 

He visto a algunos hacerse cargo de todo en situaciones extremas y con asombro descubro que saben hacer las cosas, que no son tan huérfanos de luz en aspectos hogareños.

 

Probablemente la culpa sea nuestra que, desde niños, los alejamos de la escoba tratando de prevenir otras cuestiones también vilipendiadas por la sociedad.

 

Tengo un amigo que cose y pongo a prueba su hombría, si es preciso en fuego, para que no queden dudas. Se sienta en la máquina heredada de su abuela o ensarta una aguja y su destreza me acongoja por otro motivo.

 

Felizmente casado y con descendencia incluida, me hace cuestionarme por mi esfuerzo desmedido incluso a la hora de ensartar a la puntiaguda, aunque ahí me justifico en mi falta de visión, pero aunque comienzo librándome trato de poner manos a la obra. No concibo tampoco, a mis casi 26, la ignorancia en temas de costuras.  

 

Los papeles invertidos no debían ser cosa de situaciones límites, ni algo extraordinario, sino asumirse con naturalidad... ¿por qué nos podemos compartir todos los roles de género y no solo los que nos han impuesto siglos de patriarcado?

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Comentarios  

 
#4 r@f@el 26-11-2016 09:31
lizt pemitame presentarme, yo soy uno de ellos, muho gusto... desde pequeño mi madre me enseñó todos los trajines de la casa "para que nunca pasara trabajo en la vida" según ella y le estoy eternamente agradecido, ahora con 43 años y nu niño de 10 años al que estoy criando, sigo siendo el mismo y aunque todavía no tengo pareja ya vendrá.
 
 
#3 chicho 25-11-2016 16:07
Los tiempos han cambiado, aunque el remanente del machismo persiste y lo hará por mucho tiempo...fíjens e si es así, que desde el título de el artículo comienzan a establecer diferencias, pues al ver esto como papeles invertidos ya se le está asignando un lugar a cada uno, cuando, en realidad, esa distribución de tareas la realizamos los humanos a través de la historia, atenidos a las costumbres impuestas por el momento en que se vive, pero luego cambian las condiciones y cuesta mucho arrancar lo que ha echado raíces...No hay tareas predefinidas para cada miembro de la pareja...es natural que si yo llego primero, me toca garantizar el funcionamiento del hogar, sin complejo ninguno, pero si llega mi esposa primero, pues le tocó...en verdad, la separación es completamente artificial y solo la imponen nuestras mentes....
 
 
#2 pili 25-11-2016 12:35
LIZ, HAS TOCADO UN TEMA CANDENTE, PERO FELIZMENTE PUEDO DECIRTE QUE EL MÍO, EL DE HACE 33 AÑOS DEBE SER DE ESOS ÚNICOS QUE MENCIONAS, SIEMPRE, DESDE QUE NOS CONOCIMOS Y DECIDIMOS VIVIR JUNTOS MIENTRAS EXISTA LA VIDA, HEMOS COMPARTIDO TODO, TODO, IMAGINATE TÚ Y LOS DEMÁS QUE NOS LEEN QUE FUI DIRIGENTE DESDE MIS PRIMEROS AÑOS DE GRADUADA Y SALIA TEMPRANO Y LLEGABA TARDE Y ÉL MUY ORONDO SUPO HACER DE TODO EN CASA Y CON LOS NIÑOS QUE TUVIMOS SIN NINGUN REPARO...VIVO ORGULLOSA DEL HOMBRE QUE EL DESTINO ME PUSO EN EL CAMINO O DEL HOMBRE QUE UN DÍA...HACE 33 AÑOS...YO ESCOGÍ COMO ESPOSO......... ...
 
 
#1 Homero 25-11-2016 12:29
A ver, sé que esto no lo van a publicar porque así es mi país. Lo primero que deberían revisar es el machismo y la desigualdad aprobada por el estado, me explico:

¿Por qué se reconoce como un "empleo" ser ama de casa (que no lo es) y si un hombre es amo de casa es "vago" y desempleado?
 

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