viernes, 16 noviembre 2018, 04:48
Jueves, 03 Noviembre 2016 07:47

El sello de Cuba en el ballet, ineludible en su cultura

Escrito por  Martha Sánchez/PL
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Hace un siglo, el ballet en Cuba era una manifestación casi desconocida, una práctica europea y de algunas señoritas de sociedad para adquirir elegancia, hoy sin embargo nadie duda del sello cubano en ese arte.

En el arraigo del ballet en la cultura de esta isla resultó determinante la decisión de tres profesionales de apellido Alonso: Alicia, reconocida mundialmente por su calidad de bailarina; Alberto, excepcional coreógrafo; y Fernando, formador de todos los talentos aquí y primer maestro y director de la escuela.

La labor de ellos no estuvo exenta del enfrentamiento a prejuicios sociales, ahora superados en Cuba, pero que dentro de Latinoamérica siguen frenando el desarrollo de la danza clásica.

Para adquirir una base profesional, los Alonso se vieron obligados a marchar a Estados Unidos, donde lograron compartir con grandes maestros de las diversas escuelas de Europa, convertidos en emigrantes por el avance del nacismo y la II Guerra Mundial.

El New York Times dio noticia de una jovencita que resaltaba en el cuerpo de baile del recién fundado Ballet Theatre de Nueva York (hoy American Ballet Theatre), pero que danzaba diferente al resto de sus compañeras.

Años después, cuando ella, Alicia, y su primer esposo, Fernando, fijaban la metodología de la escuela cubana de ballet, tomaron con respeto los aspectos técnicos que resaltaban en las academias precedentes y conformaron un brillante híbrido, con aportaciones técnicas e interpretativas propias.

Ciertos caracteres no se enseñan, emergen espontáneamente pues por naturaleza el cubano no es frío de carácter, ni rígido de movimientos, ni tan serio, por el contrario, recurre a la gesticulación en su trato cotidiano, y disfruta involucrar a otros y compartir.

Por eso no extraña que la escuela cubana produzca excelentes compañeros en escena, o partenaires, para llamarlos de acuerdo al lenguaje técnico, y que a su vez estos artistas busquen comunicarse con el público.

Los bailarines cubanos tienen una gran sensualidad y, como decía Arnold Haskell, acarician la música en sus pasos. Las mujeres tienen una gran coquetería que les sale natural y el hombre es muy viril, muy machista, comentó a Prensa Latina una vez el profesor Alonso, fallecido en 2013.

Esas características otorgan un contraste bellísimo al baile del hombre y la mujer en conjunto, hacen a una gran pareja, añadió.

Gracias a los estudios de anatomía y kinesiología de ese maestro, que llegó incluso a desempeñarse como radiólogo en Nueva York, la metodología de la escuela cubana está asentada sobre una base científica que ha llamado la atención fuera de las fronteras nacionales.

También, ha sido elogiada por su complejidad, variedad y virtuosismo, el más puro reflejo de la bailarina en la cual se inspira, pues en Alicia se probaban cada una de las combinaciones, y su opinión y la de Alberto ayudaron a perfeccionar los presupuestos metodológicos.

En junio de 1950, los Alonso fundaron la primera academia de ballet con fines profesionales en el país, pero por dificultades económicas y el escaso apoyo de los gobernantes, esta no consiguió estabilidad y solidez hasta después del Triunfo de la Revolución en 1959.

Cuando los primeros frutos de la escuela cubana comenzaron a conquistar medallas en el prestigioso Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria, a inicios de la década de 1960, la atención de los críticos, maestros y bailarines asistentes se dirigió a Cuba.

Alicia ya no era un fenómeno aislado, igual comenzaba a ser notorio un uso peculiar de la técnica clásica y la expresividad corporal en el baile de Josefina Méndez, Mirta Plá, Loipa Araújo y Aurora Bosch, a quienes el decano de la crítica de ballet, el inglés Arnold Haskell, denominó las joyas del ballet cubano.

Desde entonces los reconocimientos a la escuela y la compañía Ballet Nacional de Cuba han sido continuos.

A nosotros también nos distingue la forma de bailar con un acento muy propio, la cantidad, la velocidad y al mismo tiempo la calidad de los giros, explicó hace un tiempo a Prensa Latina la subdirectora de la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso, Martha Iris Fernández.

Otra característica singular es la importancia que le concedemos al cuerpo de baile, pues aquí no lo vemos como un adorno sino como un ente activo en cada puesta escénica porque forma parte de la trama, es decir, no sirve solo de apoyatura al solista, sino que juega un papel protagónico, ahondó la maestra.

Hoy Cuba cuenta con un caudal importante de bailarines cuyo prestigio eleva el nombre de la nación sobre el de otros países de mayor desarrollo económico.

Sin embargo, no está exenta de los efectos de la globalización, que amenaza con borrar tradiciones nacionales y caracteres distintivos.

Preservar el sello cubano en el ballet depende, únicamente, de la conciencia de todos los practicantes y profesores, por el bien de su identidad.

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