martes, 18 septiembre 2018, 15:33
Sábado, 29 Octubre 2016 06:00

Venezuela: Las calles para los revolucionarios

Escrito por  Arnaldo Musa
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Marcha de apoyo al gobierno bolivariano. Marcha de apoyo al gobierno bolivariano.

Con el odio en las entrañas, la oposición se resiste a dialogar y no abandona sus planes golpistas

Me recordaba el amigo e investigador cubano Salvador Arias García aquellas palabras del Apóstol acerca de que una oposición digna, si quiere cambiar la administración de una república, “era bienvenida al campo de la discusión, y allí todo hombre honrado estará para escucharla y atenderla”.

Pero esta oposición no es la venezolana, que se asemeja más a aquella que en los tiempos oscuros de México juntaban a los partidarios de quien fuera luego dictador Porfirio Díaz y a lo más retrógrado del clero, muy alejado del ejemplo del cura patriota Miguel Hidalgo y Costilla.

Escudada en una mayoría parlamentaria ganada en elecciones democráticas, la posición de los contrarios al Gobierno Bolivariano es manifestarse violentamente en las calles, con pretensiones golpistas. Llegando al asesinato, después que sus representantes en la Asamblea Nacional no solo no han elaborado ni un decreto constructivo, sino que han tratado de destruir otros de beneficio al pueblo, antes de salir de la legalidad, debido a los fraudes que cometió para lograr los votos necesarios en el proceso revocatorio que pide contra el presidente Nicolás Maduro.

Precisamente, el mandatario puso en sesión permanente al Consejo Nacional de Defensa y afirmó que no habrá golpe de Estado, pero subrayó que el gobierno estará presente en todo diálogo de paz y que  ante cualquier intento contrarrevolucionario el pueblo, se volcará a las calles y no las abandonará.

Pienso que ello es lo más adecuado en estos momentos en que no se debe bajar la guardia de manera alguna, y más conociendo la inescrupulosidad ajena manejada por conocedores de la subversión con experiencia en otros países que, además de recurrir a calumnias y tergiversaciones, acumulan explosivos y otros tipos de armas, a fin de provocar el caos necesario para la desestabilización.

Estos elementos ya han logrado notables triunfos contra los gobiernos progresistas que existían en Argentina y Brasil, están  activos en Ecuador y Bolivia, y tienen desde hace años a Venezuela en el principal punto de mira.

Porque esta oposición, como buena hija del Imperio, no ataca, roe, finge lo que no existe y no tiene la inteligencia necesaria para examinar lo cierto, con padrinos llegados del exterior que ayudan a crear actos imaginarios que trata de exponer como verdades, a fin de censurar y herir.

La guerra económica, aunque combatida, sigue vigente, por lo cual el mandatario y el equipo gobernante que le acompaña traza y emprende, y comprueba en el terreno –algo insoslayable- planes que van calando y mejorando todo lo que concierne al respeto de los derechos humanos, entre lo que sobresale la disminución de la pobreza a menos de un 5%.

Pero la experiencia debe servir para conocer acerca del modo como el Imperio ha trabajado para desestabilizar gobiernos progresistas y deponerlos mediante golpes suaves, que en Venezuela alterna con la violencia, tratando de crear una situación parecida a la que tuvo lugar en Ucrania.

Otro amigo y colega, este canadiense, Jean Guy Allard, fallecido no hace mucho, explicaba como funciona  la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID). Con base en archivos desclasificados del Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), mostro como desde Iraq a Venezuela que ese ente es uno de los mecanismos de inteligencia y desestabilización más activos del mundo.

Trata de manera cercana con organizaciones privadas, grupos de indígenas, asociaciones de profesionales, religiosas y otras, penetrando particularmente en Venezuela en grupos políticos y estudiantiles opositores.

No es nada nuevo lo que escribimos, pero si es bueno reiterarlo periodísticamente, porque la posición vuelve a intentar la ocupación de plazas públicas en Caracas, que hace mucho desarrollaron las criminales “guarimbas”y atentados a chavistas.

Por eso es adecuado el llamado revolucionario de ocupar las calles, no dejarlos respirar, para dar al traste con una de las recomendaciones de Gene Sharp en su libro  De la dictadura a la democracia, que debe ser acompañada con una bien planeada estrategia de relaciones públicas, donde intervienen personajes sobresalientes en el arte de mentir y tergiversar la verdad.

Ya sabemos que esta administración norteamericana ha hecho hincapié para denostar a Venezuela y nada bueno se espera de la próxima, como muestra esta recurrente declaración de Hillary Clinton en el 2009, cuando era secretaria de Estado: “Nos preocupan líderes que son electos imparcial, libre y legítimamente, pero que después empiezan a minar el orden constitucional y democrático, el sector privado, los derechos de los pueblos de ser libres del hostigamiento,  represión y participar plenamente en sus sociedades”.

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