jueves, 20 septiembre 2018, 03:29
Miércoles, 12 Octubre 2016 12:31

Después del huracán, siempre sale el sol

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Ahora que Matthew, odioso y colérico, se ensañó con la región oriental a kilómetros de distancia, mando hasta allá mi más sincera convicción: «Todo estará bien».

 

Todavía retumban en las primeras páginas de la prensa nacional los ecos del huracán más reciente. Desde el lejano Guantánamo, llegan noticias sobre la recuperación y el espíritu optimista de quienes perdieron todo, menos la esperanza. ¡Por suerte no perdieron la esperanza!

 

Encomiable labor la de mis colegas periodistas. Por estos días me hacen enorgullecerme por formar parte de ese gremio. Dan cuenta desde apartadísimas regiones también de matices más alegres, aunque a kilómetros de distancia, quien no haya leído esos reportes pensaría que la alegría ha quedado desterrada, apartada de la geografía guantanamera.

 

De niña, ingenuidad de por medio, para mí en principio la proximidad de un huracán era una fiesta. Si los modelos de pronósticos daban por sentado el paso por Villa Clara, de inmediato preparaba condiciones para evacuarme en la casa de mis tíos, en mejor estado constructivo.

 

Antes de que interrumpieran el fluido eléctrico el mayor de mis primos programaba un intenso y variado programa de actividades. En las noches un viejo proyector hacía las delicias de todos y en una sábana blanca se sucedían las historias del niño cebollino o de Sherlock Holmes indistintamente.   

 

Mi primo las leía para nosotros aunque a veces pasaba el turno a su hermana y al final hacía preguntas para comprobar que, en la oscuridad de aquella improvisada salita de “transmisiones cinematográficas” nadie se quedara dormido.

 

Después venían los vientos y el agua. No podíamos siquiera aproximarnos a la ventana, en mi ingenuidad preguntaba, acaso sin mucha preocupación, si el río llegaría hasta la casa pero también ponía a salvo a mis muñecas que dormían más temprano para no sentir los vientos de tormenta.

 

Al día siguiente salíamos a la calle y contábamos las tejas francesas desperdigadas por doquier. Después nos acercábamos a las proximidades del puente y sorprendía ver todavía el volumen del río, indetenible en su curso al mar.

 

Una vez, ya más crecida y con mayor conciencia, decidimos pasarlo en casa. Entre canciones la oscuridad se hacía más sostenible, pero aquel 2008 marcaría el desplome parcial en una parte de nuestra vivienda. Era casi fin de año, era casi mi cumple 19.

 

De todos modos y debido al contratiempo sacamos fuerzas para reparar toda la casa. Al principio, sobre todo en las noches, daba mucha tristeza mirar al cielo estrellado desde donde, supuestamente, debía existir algún pedazo de techo. Aun la más hermosa de las noches se trastocaba a nuestros ojos. Representaba, en todo caso, ímpetu y fuerza para salir adelante y pronto alistar de nuevo el hogar.

 

No puedo decirles que había tristeza en todo eso. Si han llegado hasta aquí esperando ese final, lamento contradecirlos. En todo caso, Ike, el huracán, nos convirtió en personas más fuertes, capaces de resistir incluso los embates de la naturaleza.

 

Ahora que Matthew, odioso y colérico, se ensañó con la región oriental a kilómetros de distancia, mando hasta allá mi más sincera convicción: “Todo estará bien”. Me encantaría ir, por supuesto. Ayudo desde aquí, exhortándoles a no bajar los brazos. Como habrán notado, después de la tormenta siempre sale el Sol.

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Comentarios  

 
#2 PILI 13-10-2016 15:26
Coincido contigo, e igual que esa frase "todo estará bien", tambien esta: "todo pasa" y los que hemos pasado por experiencias de ciclones, como nosotros los santigueros con SANDY,sabemos de lo q hablamos....SAN DY dejó mi casa materna, (donde vive mi hermana y mi madre), completamente a cielo abierto, (completa, no quedó nada, de nada, del techo que era de tejas de zinc galvanizado, buenas de verdad)....pero al fin no pudo pasarle algo mejor porque ahora está más bella y aunque todos los ahorros de la misión y las ayuda de la iglesia se nos fue en ella, como dice Calviño: Valío la pena, ahora su techo es mejor, más fuerte, está más bonita y nos hemos dado cuenta que como bien dice el título de tu artículo: "despues del huracán, siempre sale el sol"........
 
 
#1 david 12-10-2016 14:39
soy de los que cree en el mejoramiento humano y que detrás de cada acción negativa queda una enseñanza casi siempre positiva que reenruta el rumbo de nuestras vidas. Tanto Ike como mathew no solo dejaron sinsabores y tristezas en los baracuesos ya sean de maisi o de imías, o del propio Baracoa, también han llevado a esos asentamientos un poco más de amor solidario, de resistencia humana y de solidaridad entre hermanos y vecinos. A los que estamos un tantico más alejados de esos poblados nos corresponde ahora ayudar en lo posible, no despojarnos de nada sino compartir lo que tenemos con aquellos que por la desgracia natural lo perdieron todo y aunque ya el gobierno se encarga de una parte fundamental, hay otros detalles materiales que algunos los tenemos y estamos en la obligación ahora de compartirlo pues este es el momento de ayudar, no solo a vivir sino a hacer más alegre y placentera sus vidas en medio de tantas tristezas.
 

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