El 17 de diciembre del 2010 fui operada en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, ICCC. Resulté ser la número veinte en las intervenciones quirúrgicas, luego de que reabrieran los salones, que junto a otras áreas de esa institución fueron remodeladas. Me devolvieron la vida, como a centenares de cubanos que se han tratado (y tratan) allí.
La parte nueva del hospital se edificó con los cuidados necesarios para que no desluciera con la edificación levantada desde 1960, la Clínica Antonetti, premiada en ese año por el colegio de arquitectos con la medalla de oro, y que fue concebida por los arquitectos Raúl Álvarez Rodríguez y Enrique Gutiérrez.
Juan de las Cuevas, historiador de la construcción, en su libro 500 años de construcciones en Cuba dice de tal instalación en su etapa original: “Cuenta con seis plantas más el sótano. En la planta baja se encuentra la amplia sala de espera para las consultas externas, la Dirección, la Administración, un amplio salón de conferencias, el laboratorio y el departamento de rayos X. En la segunda planta están los salones de operaciones, en el resto de los pisos las habitaciones para los enfermos (cada una con baño privado), cuarto de cura, local para las enfermeras, pantry y servicios generales. Tenía, además, sala de maternidad y salón para niños. En el sótano se encontraba de un lado el parqueo para las ambulancias y del otro cocina pantry y almacenes. La estructura de la clínica fue realizada toda en hormigón y estaba preparada para recibir hasta cuatro pisos adicionales. La entrada por la calle 17, con una moderna rampa y una gran marquesina volada, para proteger el acceso en los días de lluvia”.
La remodelación, repito, tuvo en cuenta esas características y el amplio lobby siguió siendo uno de los más confortables de los hospitales cubanos. Para mi asombro, el lobby no voló a bolina, sino que no se usa como tal y si usted no llega en una ambulancia, tiene que utilizar PARA todo, la puerta de la calle A, esperar hacinado en un saloncito de tres por tres metros (con la cantidad de personas que va allí, desde a preocuparse por un familiar ingresado o ver a un especialista).
Cerrar la entrada original no es solo un ataque a la estética y molestar a los pacientes, sino a las decenas de profesionales, altamente especializados, que laboran en el Instituto, y una buena parte tiene más de 65 años. A ver: en el Asclepio funcionan las consultas, el gimnasio y otras dependencias, entonces ya no basta con cruzar la calle 17 y entrar por la puerta del cuerpo de guardia, no, tienen que caminar una cuadra, con el sol y las temperaturas por los cielos (o la lluvia), porque alguien con el sofá votó al niño.
¿Existía descontrol en la entrada y salida del Instituto? Que se le exíja a los custodios, que los pobres, algunos ni saben tratar bien al público cardiópata que asiste allí. Me imagino a los trabajadores de ese centro. Quien cambió PARA MAL el fluido de personas por el ICCC no tuvo en cuenta que sus arquitectos lo diseñaron de una forma lógica y confortable, si no hubiera sido así, la remodelación capital que se le hizo en la década del 2000 no habría mantenido el diseño general.
Es un crimen que un centro de referencia, con brillantes profesionales, se vea hoy cuestionado por quienes vamos allí, que ya no sentimos el adecuado recibimiento de pocos años atrás. La frase de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado no es hacer borrón y zas, sino aplicar la dialéctica y tomar lo bueno de lo que debemos modificar.
Comentarios
ES OPINION DE MUCHAS PERSONAS ENFERMOS, ACOMPAÑANTES, VISITANTES E INCLUSO DE TRABAJADORES QUE EN ESE CENTRO SE RESPIRA MAS DISCIPLINA, LIMPIEZA, ATENCION, A PARTIR DE MEDIDAS QUE HAN SIDO NECESARIAS TOMAR PARA QUE LOS ENFERMOS QUE ASISTEN AL CUERPO DE GUARDIA TENGAN MAS TRANQUILIDAD Y CONFORT.
PASO DE LOS 60 AÑOS Y LA VERDAD QUE NO ME PESA TENER QUE TRASLADARME DESDE EL ASCLEPIOS HASTA LA CALLE A PARA ENTRAR AL HOSPITAL, LO QUE NOS PASA A VECES A NOSOTROS COMO SERES HUMANOS ES QUE HACEMOS RESISTENCIA AL CAMBIO, Y EN ESO NUESTRO COMANDANTE ESTUVO CLARO CUANDO DIJO "CAMBIAR TODO LO QUE DEBA SER CAMBIADO".
LO QUE SI COMPAÑERA PAQUITA PUEDE ESTAR UD. SEGURA QUE EN ESTE INSTITUTO SE TRABAJA DIA Y NOCHE POR BRINDAR UNA MAYOR Y MEJOR CALIDAD A LA ALTURA QUE NOS PIDE LA REVOLUCION, EL PARTIDO Y LA DIRECCION DEL MINSAP.
En todos los hospitales existe una entrada única para el acceso al cuerpo de guardia y la rampa para las ambulancias y el ICCC no es ajeno a esto; la entrada de 17 y paseo es para ese servicio que no es poco; la entrada de A es para los pacientes que asisten a hemodinamia, laboratorio, sala, tac, etc; que cuenta con un salón de espera y que el acceso no rebasa los 100 pacientes; la otra puerta de 17, en su momento reabrirá, pues si algo tiene la salud publica cubana es lograr el confort de las personas que tenemos que visitar los centros hospitalarios, que en su mayoría no satisfacen las expectativas de algunos y que por razones de limitación de recursos tienen que ser moderados; eso sucedió cuando se cerró el acceso al Calixto García por la calle G, que hubo muchas críticas, pero al final, la cotidianidad dio la razón que era necesario hacerlo. Opino que el ICCC es uno de los hospitales que mejor atención brinda en todos los aspectos y sí en ocasiones los agentes de seguridad y protección no saben tratar al público, se debe remitir a sus jefes y dar la queja, no hacer una publicación generalizada de falta de educación y ética. Ahora existe control estricto de las personas que van a las salas y a las oficinas, eso antes no exstía; ahora hay que pedir autorización, claro, eso a veces incomoda y molesta, pk queremos entrar como pedro por su casa. Dialéctica es la que sobra en ese instituto, cambios para bien tb, lo único que es zas es la mala intención de algunas personas que lejos de aplicar el concepto de Revolución de cambiar todo lo que deba ser cambiado para bien, lo aplican para criticar sin argumentos sólidos. Ocurrió en una ocasión en una publicación relacionada con el auto del prestigioso profesor Paredes, de esa institución. Quiero aclarar que no trabajo en ese instituto, sólo que soy paciente desde hace 17 años de allí y ese hospital dio vida a mi difunto padre x 5 años de más; a mi difunto esposo por 3 años, o sea, que lo conozco como la palma de mi mano y cuando he tenido alguna preocupación o he recibido algún mal trato, he sabido dirigirme correctamente a la dirección y/o administración de ese instituto.