sábado, 18 enero 2020, 15:51
Viernes, 06 Abril 2012 07:16

Fuerte cachetada a los "duros" de Miami

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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De ahí el profundo contraste entre el júbilo del Vaticano y la satisfacción de las autoridades y el pueblo de Cuba por el saldo de la visita de Benedicto XVI y la amargura ultraderechista en Miami.

 

A pesar de la conspiración montada por facciones ultraderechistas de origen cubano asentadas en Miami, para sabotear la reciente visita del papa Benedicto XVI a Cuba, esta resultó un gran éxito.

Según informó el miércoles Radio Vaticano, el Papa calificó de “muy positivo” su viaje a México y Cuba.

También, de acuerdo a la misma fuente, agradeció una vez más a las autoridades de ambos países, a sus pastores y fieles, la acogida y muestras de bondad que le dispensaron durante su periplo.

 

Este aconteció entre el 23 y el 28 de marzo, cuando, subrayó, el viaje tuvo el éxito deseado, y en el caso de Cuba elogió además las buenas relaciones entre el Estado y la Iglesia.

 

Las expresiones del Papa fueron dirigidas a miles de fieles congregados en la Plaza San Pedro, al hacer un balance del recorrido en el contexto de su tradicional audiencia semanal.

 

Con esto quedaron aún más aislados quienes por encargo, principalmente desde Miami, trataron inútilmente de arruinar las exitosas jornadas del papa Benedicto XVI en Cuba.

 

Días antes de su llegada a la isla, el 16 de marzo, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, formuló una declaración que recriminó  el bloqueo a la isla. Entre otras cosas dijo:

“La Santa Sede considera que el embargo hace que las personas sufran las consecuencias. No logra el objetivo de un bien mayor”. “La Santa Sede no cree que es una medida positiva y útil”.

 

Así el Vaticano dio continuidad al mensaje planteado en La Habana por el papa Juan Pablo II, en enero de 1998, cuando estimo que las medidas de ese bloqueo eran “injustas y éticamente inaceptables”.

 

Esto fue demasiado para los más furibundos enemigos de Cuba que actúan en Washington y hacen llegar señas a Miami. Por ejemplo, el senador republicano Marco Rubio.


“Estoy profundamente preocupado –afirmó-  sobre la Iglesia Católica en Cuba y lo que parece han negociado un espacio de operación a cambio de hacerse de la vista gorda”.

 

Alguien que sintetiza a las mil maravillas el pensamiento y la acción de ese elegante clan prehistórico es la congresista Ileana Ros-Lehtinen.

 

Faltaban pocas semanas para el arribo del Papa a la isla cuando ella al hablar en el restaurante Versalles, de Miami, aseveró:

“No creo que la visita del papa Benedicto XVI vaya a cambiar el régimen, es un viaje que le da legitimidad a la dictadura”.

 

Nadie se sorprendió, pues el 10 de diciembre de 2010 Ileana afirmó: “Yo creo que la Iglesia Católica ha sido un fracaso en Cuba”, así como que el arzobispo de La Habana, Jaime Ortega Alamino, estaba confabulado con el gobierno.

 

Después enfatizo que esos dignatarios “podrían ser un arma de esperanza para el pueblo de Cuba, pero están ayudando más al gobierno para que sea aceptado por el pueblo”.

 

Luego en un discurso ante el pleno de la Cámara de Representantes se atrevió a proponerle al Papa una reunión con llamados disidentes que públicamente reciben dinero de Washington.

 

De ahí el profundo contraste entre el júbilo del Vaticano y la satisfacción de las autoridades y el pueblo de Cuba por el saldo de la visita de Benedicto XVI y la amargura ultraderechista en Miami.

 

Esa última también ostenta un balance: la sonora cachetada que se ganó en este nuevo y muy significativo capitulo, el debilitamiento aún mayor de su exhausta credibilidad.

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