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Jueves, 05 Abril 2012 18:42

Corea: Cumpleaños de altura

Escrito por  Jorge Gómez Barata
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Lamentablemente, cuando Vietnam y Alemania desde hace décadas lograron su reunificación, la división de Corea permanece como testimonio de las tragedias nacionales.

Corea del Norte prepara las celebraciones por el centenario de su fundador, Kin Il Sung por todo lo alto, tan alto que además de la tradicional exhibición de poderío militar terrestre, marítimo y aéreo, suficiente para contrapesar las frecuentes demostraciones de Corea de Sur y Estados Unidos, ha anunciado la puesta en órbita de un satélite que naturalmente será impulsado por un poderoso cohete.

 

El proyecto calificado como la prueba encubierta de un misil balístico de largo alcance inquieta a países más distantes como Japón y Estados Unidos y entrega otro capítulo de las cada vez más frecuentes y peligrosas crisis político-militares que desde hace más de 60 años afectan a la región.

 

El carácter recurrente de las crisis en la península coreana proviene de la naturaleza irreconciliable de un diferendo tripartito que tiene como eje la existencia de dos estados formados por la misma nación, en el territorio donde desde la antigüedad hubo un solo pueblo que el colonialismo, el imperialismo y la Guerra Fría dividieron implacablemente dotándolos de sistemas sociales, estilos de vida y formas de gobiernos antagónicas.

 

A la cercanía geográfica de los adversarios, separados por la línea imaginaria del Paralelo 38 y a las peculiaridades típicas de los conflictos fratricidas que son de difícil solución, en Corea se sumó la contradicción entre las superpotencias de la Guerra Fría que, a las zagas de la II Guerra Mundial sumaron la Guerra de Corea.

 

Un ejemplo de lo profundo de los rencores y del calado de las contradicciones entre Corea del Norte y del Sur es el hecho de que Japón, derrotado, humillado y arrasado por Estados Unidos con fuego atómico, ocupado y reorganizado bajo las reglas de MacArthur, no sólo hizo las paces con Norteamérica, sino que desde los años cincuenta son estrechos aliados, lo mismo ocurrió con Alemania y con matices, se repitió luego respecto a Vietnam, mientras el conflicto coreano en lugar de atenuarse se profundiza.

 

Por haber nacido en 1912, Kin Il Sung vino al mundo en una Corea ocupada por Japón desde 1905. En 1920, con 15 años la familia de Kin huyó a China donde en 1931, adolescente todavía, ingresó en el Partido Comunista y en 1934 con poco más de 20 años se integró a la lucha anti japonesa. En 1941, época en que, en calidad de cuadro prometedor fue enviado a la Unión Soviética, se sumó al Ejército Rojo donde alcanzó grados de oficial. Regresó a su patria en 1945 cuando ya Japón había sido derrotado y junto con Alemania y Vietnam, Corea se convertía en uno de los tres estados divididos como consecuencia de la Guerra.

 

Debido a los relevantes meritos adquiridos en la lucha anti japonesa y contra el fascismo, a su ascendencia entre las fuerzas revolucionarias coreanas, a su militancia comunista y a su cercanía a la Unión Soviética que ocupaban la parte norte de la península, Kin Il Sung asumió el liderazgo del Comité Popular Provisional y en 1948 se convirtió en Primer Ministro de la República Popular Democrática de Corea. Bajo su dirección diferentes grupos de la vanguardia política, incluyendo a los comunistas se reagruparon  y constituyeron el Partido de los Trabajadores de Corea que presidió hasta su muerte.

 

La Guerra de Corea (1950-1953) fue la primera gran confrontación de la Guerra Fría, la única que Estados Unidos ha librado bajo la cobertura ideológica de la “Contención del Comunismo” conocida también como “Doctrina Truman” y la primera y única de esa escala desplegada bajo la bandera de la ONU.

 

Aquella contienda fue posible por la extraña actitud de la Unión Soviética que no estuvo presente en la votación de la Resolución que permitió a Estados Unidos movilizar sus fuerzas acantonadas en Japón y en plazos sumamente breves intervenir con tropas experimentadas en número suficiente. Para muchos historiadores en realidad se trató de una conflagración entre la Unión Soviética y los Estados Unidos + China con las dos coreas como “personas interpuestas”.

 

La Guerra de Corea fue una de las más letales de la era moderna no sólo por las masas de combatientes movilizados por todas las partes del conflicto, en el cual se dice pueden haber intervenido hasta un millón de combatientes chinos, sino porque al librarse inmediatamente después de la II Guerra Mundial existía una enorme cantidad de armamentos y pertrechos que allí encontraron  utilización. También se trató de un laboratorio en el cual se probaron las armas más avanzadas, entre ellas la aviación supersónica con el debut de los sensacionales Mig 15 y los F100 Súper Sabre pilotados por aviadores soviéticos y norteamericanos respectivamente.

 Bajó la firme, férrea y autoritaria conducción de Kin Il Sung Corea abrazó la causa socialista y con la Ayuda de la Unión Soviética y China libró la guerra y reconstruyó su economía. La pugna entre las superpotencias y la consagración del pueblo de las dos partes hicieron posible que Corea del Norte y del Sur fueran las primeras ex colonias liberadas en la II Guerra Mundial en convertirse en naciones industrializadas.

 

Lamentablemente, cuando Vietnam y Alemania desde hace décadas lograron su reunificación, la división de Corea permanece como testimonio de las tragedias nacionales a que las guerras y la intromisión extranjera pueden conducir.

 

Lamentablemente la combinación de anticomunismo y racismo, la opulencia de la propaganda desde la Guerra de Corea a la fecha y el desempeño de sus líderes, han conducido a que en los ambientes internacionales se instale una imagen sumamente negativa de Corea que tal vez sea el más aislado de los países de la tierra, incluso después de que a costa de enormes sacrificios logrado sobrevivir a la desaparición del socialismo real. 

     

Al contrario de la guerra que en la península coreana siempre parece inminente, la reunificación de Corea, sueño de Kim Il Sung está más bien lejana, por lo pronto la celebración de su centenario del modo que se ha anunciado pudiera dar lugar a nuevas tensiones y: “Tanto va el cántaro a la fuente…” Allá nos vemos. 

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Desde 1957 se han colocado en órbita más de 4000 satélites pertenecientes a unos 50 países. Ninguno ha provocado tensiones ni temores como los generados por el anuncio de Corea del Norte.

En realidad sólo una política de contención nuclear justa, equilibrada e igual para todos los países que se diseñe tomando en cuenta las realidades vigentes, podrá aportar soluciones justas y duraderas.

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