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Domingo, 11 Septiembre 2016 06:00

Yemen: Genocidio en ascenso

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Es una escena que se repite una y otra vez: aviones de Arabia Saudita bombardearon un hospital en Yemen y mataron a 67 civiles, sin contar a los niños y médicos que quedaron sepultados.



Pasó hace unos días, pero es una escena que se repite una y otra vez: aviones de Arabia Saudita bombardearon un hospital alejado de la zona de guerra en Yemen y mataron a 67 civiles, sin contar a los niños y médicos que quedaron sepultados por los escombros.

No importa que los agresores del pueblo yemenita dijeron haberse tomado “un respiro” para hacer viable un camino para conversaciones de paz: la agresión prosigue y deja a 21 millones de personas –el 80% de la población- en plena catástrofe humanitaria.

Ello ocurre, cuando el ente genocida más visible, Arabia Saudita, recibió hará un año en septiembre la presidencia del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Pero además, en plena efervescencia asesina, en junio último, la ONU premió también a Riad con el retiro de la lista negra que lo incluía en el informe denominado Niños y Conflicto Armado, por haber asesinado a cientos de niños con sus bombardeos sobre Yemen. Avergonzado, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, reconoció haber recibido durísimas presiones del régimen saudita para ser retirado de la lista, toda una burla y humillación a los familiares sobrevivientes, sin que nadie diga algo.

Arabia Saudita y los regímenes aliados del Golfo llevan desde el 26 de marzo del 2015 el asesinato de civiles y la destrucción del país más atrasado de la península arábiga y uno de los más pobres del mundo, con la mayor absoluta impunidad y complicidad de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España, sus mayores suministradores de armas, incluidas las prohibidas internacionalmente “bombas racimo”.

Gran Bretaña solo ha suministrado en solo tres meses aviones y misiles por 1 500 millones de dólares, diez veces más que en el 2015.

Lo notable de todo esto es que las fuerzas que se oponen a los aliados de Occidente, el Ejército regular y guerrilleros de la organización Ansarolá, no solo expulsaron al régimen sostenido por Riad, sino que no han cejado en su lucha y propinaron fuertes bajas a los invasores, lo que ha hecho que los Emiratos Árabes Unidos retire a sus tropas de la zona y envíe en su lugar a mercenarios de la empresa estadounidense Blackwater, entre los que se encuentran 800 paramilitares colombianos.

Nada nuevo

Arabia Saudita ha invertido cerca de 10 000 millones de dólares en la agresión a Yemen, que deja un saldo superior a los 35 000 muertos, sin que se vislumbre su término ante fracasadas conversaciones.

El norte del país ha sido recientemente la región más asediada, con la destrucción de por lo menos cuatro hospitales, principalmente en la provincia de Sada, donde perecieron varios Médicos Sin Fronteras.

El atacar a blancos civiles no es nada nuevo para Arabia Saudita, que busca aterrorizar, además de que, intereses económicos aparte, hay todo un halo de venganza contra un pueblo al que no ha podido controlar como quiere.

Esto me hace recordar cómo hace varias décadas entregó camiones con cargamentos de joyas y armas para comprar a jefes de tribus en un afán de derrotar –lo que consiguió- al ejército egipcio que había acudido en ayuda del régimen republicano con sede en Saná, la capital.

No pudo hacer lo mismo con el gobierno progresista que tenía su base en Adén, y solo las presiones e intervenciones occidentales, desde la inteligencia hasta poderosas fuerzas navales, controlaron el importante punto estratégico, que controlaba el Paso de Bab al Mandeb y la ruta petrolera.

Mientras observaba en un video la lujosa residencia del expresidente de Yemen, destruida por un ataque saudita, llega la noticia de que, de nuevo, Riad se negaba a levantar el férreo bloqueo que impide la llegada de la ayuda humanitaria a las víctimas de esta guerra que Estados Unidos sigue avalando para su prosecución.

Así, se sigue debilitando al pueblo árabe, añadiendo a lo que deja hacer a Israel en la Franja de Gaza y Cisjordania y a sus “terroristas buenos” contra Siria, contando en todo los casos con la complicidad de regímenes que, abierta o solapadamente, cumplen sus órdenes.

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