jueves, 13 diciembre 2018, 22:38
Miércoles, 24 Agosto 2016 23:04

DIARIO DE UNA ESPERA: ¿Correcto o incorrecto?

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Ya son casi seis meses al lado de mi hijo, en este ir y venir de sensaciones que se multiplican con el paso inevitable de los días.


Ya son casi seis meses al lado de mi hijo, en este ir y venir de sensaciones que se multiplican con el paso inevitable de los días. Cierto, su incesante movimiento ahora me desvela en las noches. Sin precisiones, por lo tanto, no puedo adaptarme a un horario específico... le viene bien las cuatro de la mañana, pero es lo mismo a las doce de la noche, y eso sin obviar la cantidad de veces que, cuasi dormida, camino hacia el baño para evacuar mi necesidad fisiológica más constante. El tamaño de mi útero, que de aquí se ve grande, presiona mi vejiga y entonces debo vaciar más a menudo.

Tengo casi 25 semanas; dos prenatales diarias son más o menos como dos invitaciones para que las ganas de vomitar se enseñoreen de mi mejor sonrisa. Acepto gustosa con todo y lo que me cuesta dormir del lado izquierdo, después de tantos años haciéndolo sobre el derecho, amparada ante el mundo en el criterio de mi abuela: «no debes dormir para el lado del corazón». Ahora, los médicos la desmienten y obvio el consejo heredado.

Puesto que no hago de periodista en las consultas, me paso con fichas y no pregunto algunos porqués. Acato sin remilgos, sin poner peros en ninguna de las explicaciones, aunque las memorizo todas para reproducirles después a mis allegados o a las amigas que todavía no experimentan este, aunque no lo crean, inmensísimo placer reservado únicamente a las que eligieron el camino de la maternidad o a las que, sin remedio, se ven obligadas a escuchar la cantaleta de las como yo.

Bien, sobre la posición al dormir, les comento que la vena cava (situada, para más señas, en el lado derecho) permite que circule un importante caudal de sangre. Cuando nos acostamos para la izquierda, lógicamente evitamos la presión sobre ella y, en consecuencia, se favorece la irrigación de sangre y oxígeno a la placenta.

Hace unos días, el médico del consultorio de la familia comentó que ya mi bebé podía escucharme, e incluso sentir mis miedos, y hasta mi tristeza. Por lo mismo, no era recomendable llorar ni siquiera mirando una película, antes bien, sugería me involucrara en eventos alegres, y a toda costa evitara cualquier situación que comprometiera mis instantes de felicidad.

Como saben aquellos que con regularidad siguen esta columna, en mi vientre traigo un varón. Me he puesto a pensar por adelantado en algunas particularidades que la sociedad, machista como es, dicta como correctas o incorrectas para ser desarrolladas por los hombres.

Una vez que alcance la madurez, no es bien visto que llore. Científicamente hablando, el cuerpo masculino está preparado para llorar menos. He leído que una mujer llora, como promedio, entre 30 y 67 veces por año, mientras un hombre puede hacerlo entre seis y 17 ocasiones. Los conductos lagrimales de las féminas son más cortos, por lo que el sexo masculino es capaz de acumular lágrimas por más tiempo sin dejarlas salir, al revés de lo que nos ocurre por nuestra menor capacidad para contenerlas.

También agreguemos el aspecto hormonal, pues hay dos hormonas claves que tienen su lugar a la hora de hablar de cómo se expresan emociones. Por un lado tenemos la prolactina, que es un 60% más alta en las mujeres y está muy relacionada con el centro emocional del cerebro, y en el caso de los hombres, la testosterona.

 

En fin, la ciencia apoya a la sociedad postulando que los hombres no lloran porque físicamente les cuesta hacerlo, pero no dice nada respecto a la idea descabellada de poner a prueba su hombría, si llegan a hacerlo.

Tampoco se especifica nada en concreto respecto al número de parejas sexuales que confirmen su capacidad «machística».

 

Quizás, quiero creer, mientras mi hijo crezca y empiece a caminar por estos senderos anclados durante años y dictaminados por no sé quién sobre lo correcto o incorrecto, es probable que cambien los conceptos y entonces tenga que preocuparme por otras cuestiones más o menos complejas.

Visto 1641 veces Modificado por última vez en Jueves, 25 Agosto 2016 16:01

Hemos empezado a comprar las cositas para el bebé...

Algo ya es seguro: mi hijo nacerá en un año olímpico, si bien no precisamente en el contexto de los Juegos.

Pongo 200% de mi parte, pero casi siempre van -incluso mis temores- mucho más allá.

Quiero suponer que la mayor responsabilidad va a recaer en mi esposo pero estoy consciente del tiempo restante.

Más de una vez yo me he puesto a pensar ¿qué siente mi bebé cuando lloro? No es porque sea la clásica llorona, la que todo el tiempo tiene la lágrima a flor de piel; pero me justifico en el hecho probado de que mis hormonas andan a lo loco.

De un modo que no controlo, me he vuelto sobreprotectora. Pero no es lo único. También he empezado a recopilar toda suerte de películas infantiles y canciones.

Desde hace unos días, con mayor seriedad, me he puesto a mirar mi ombligo. Está ahí desde que estoy yo...

Durante el embarazo, de conjunto con todas las preocupaciones y nuevas experiencias, surge una interrogante: ¿está bien mantener relaciones sexuales?

Cinco días en un hospital me han parecido los más largos de toda mi vida.

Algunas semanas atrás yo era menos supersticiosa. Me parecían creencias de un pasado lejanísimo, aunque bastante frescas en la memoria de casi todos los que peinan canas a mi alrededor.

Comentarios  

 
#1 life 30-08-2016 15:44
liz
Hay liz dime una cosa escribe un articulo si aun no se te han encogido los músculos de las piernas.jjja eso si duele... lo de ir al baño varias veces en la noche es poco con eso, pero pasa... cuando paras lo recordaras con amor ese dolor. ahah un consejo por si te pasa pega rápido el pie en el piso y se te quita rápidamente hay personas que empiezan a gritar ay buscar para que te soben y con eso no sirve, recuerda pega el pie rápido en el piso.
 

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