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Miércoles, 10 Agosto 2016 23:30

Río: Miércoles grisáceo, antesala de… ¿jueves de consuelo?

Escrito por  Pablo Iglesias/Especial para CubaSí
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La natación es un monstruo de interés que absorbe en Juegos Olímpicos. Justamente en esa disciplina y en los partidos de baloncesto masculino hallé refugio, para canalizar el grisáceo tono...

La natación es un monstruo de interés que absorbe en Juegos Olímpicos. Justamente en esa disciplina y en los partidos de baloncesto masculino hallé refugio, para canalizar el grisáceo tono que cubrió la jornada de miércoles.

Reza un adagio que cuando todos los breaks rompen en contra, cuando cada mínimo detalle negativo se conjuga en contra de nuestra legión, es algo así como tener un chino detrás. Y por inverosímil que parezca, sin aferrarme a supersticiones, la despedida de varios de los cubanos en la fecha competitiva estuvo, de una forma u otra, matizada por la presencia de oponentes de ojos rasgados.

Y no hubo una dupla de Sergio González y Nivaldo Díaz en el voleibol de playa, o un Fournier intempestivo en Rodrigo de Freitas. De hecho, las competencias del remo correspondientes a la fecha quedaron suspendidas.

La esperanza, en el plano sensorial de las emociones, se había posado de nuestro lado de inicio: el judoca Asley González (90 kg), sin tamaña exigencia, se deshizo del boliviano Michel Marty y el uzbeko Bailan, en ambos casos por ippon, pero una vez más se le atravesó en su camino el mongol Otgonbaatar Lkhagvasuren, como en la cita del orbe. Un adversario que, si bien no tiene ese despliegue técnico, se ha convertido en una especie de bestia negra.

Asley intentó, apostando a su movilidad para hallar un resquicio en la defensa rival y materializar un kumi que le permitiera ejecutar un movimiento técnico con efectividad. Así transcurrieron tres minutos de batalla agónicos. Ninguno de los dos lograba proyectar; lejos de eso, el mongol y Asley fueron penalizados por shidos. El villaclareño de 26 años no conseguía allanar el fuerte inexpugnable de músculos y postura esquiva de Lkhagvasuren y, lejos de eso, cedía en su posición, casi siempre rozando la zona de peligro del tatami, hasta que, por salirse, recibió un tercer shido en contra, y a falta de poco menos de un minuto para culminar el tiempo reglamentario, un cuarto shido, algo apresurado desde mi perspectiva, decretó el Hanzoku-Make y truncó de golpe los sueños de Asley de emular su plata de Londres 2012.

Los de Asley y los de millones de cubanos que vieron cifradas en un posible rendimiento suyo las opciones de estrenar el medallero.

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En este declinar, cabe señalar que Asley tuvo que verse forzado a interrumpir su ruta crítica competitiva debido a que se resintió el hombro derecho, el que le fue intervenido quirúrgicamente. Amén de ello, su mentor, Justo Noda, expresó que su pupilo se hallaba en excelente forma. Solo que no pudo facturar su técnica de hombro, ni ninguna otra técnica efectiva.

Ensartar touchés en casa del trompo

Podría decirse que la pelea entre el sablista cubano Yohandry Iriarte y su homólogo sudcoreano Junghwan Kim era una extrapolación llevada a la esgrima del David contra Goliat. Solo que en esta oportunidad no pudo blandir su onda. Control perfecto de las distancias y sangre fría basada en su exquisitez técnica llevaron al asiático a culminar el primer parcial con holgada ventaja de 8-1. Iriarte intentó recuperarse, pero ya el mal estaba hecho. Casi todas las acciones efectivas de Kim se desarrollaron en la zona de cuatro metros, el verdadero campo minado de estocadas. El veredicto final fue de 15-7 y el discípulo de Jorge Alfonso solo pudo tener un termómetro de aval supremo durante la lid. No bastaron su disposición máxima, el enfoque y las ganas de plantar un cara a cara digno, elemento este último que hasta cierto punto consiguió.

Pero si Iriarte no pudo hacer mella en la anatomía de Kim, el pistolero Jorge Grau tampoco pudo invadir el feudo de otro sudcoreano, puntero en la clasificatoria de la modalidad libre a 50 metros. La diferencia entre el guantanamero y el asiático fue de 21 puntos: 567 por 546, que le depararon al nuestro el escaño 27 entre 41 tiradores inscritos. Grau, además, distó de sus mejores tiradas, que justamente coqueteaban con el total exhibido en preliminares por el líder.

Manrique y la vergüenza herida

Hay en sus palabras y gestualidad la viva expresión de la vergüenza deportiva. Estaba presto a desafiar los miedos, la presión del debutante, el tobillo adolorido tras la caída del caballo de salto en preliminares. Y justamente había embestido bien el potro, descrito filigranas impecables… hasta la caída, que nuevamente lo vio irse al tapiz. Manrique Larduet llevaba el tanque lleno; de hecho, su estreno en las anillas (15.133) lo había colocado cuarto tras la primera rotación. Pero no pudo ser: el dolor, reflejado en su rostro; se le unieron cielo y tierra, y respiraron aliviados varios oponentes. Otros, como yo y 11 millones de cubanos, lo acompañamos en el dolor, más aún cuando supimos que no ejecutaría su rutina en manos libres y se vería forzado a abandonar la competencia.

Su mentor, Carlos Gil, un padre con el que Manrique comparte la mayor parte de su vida desde los nueve años, expresó: «Manrique es humano, está muy consternado por el hecho de no haberle podido regalar la primera presea al pueblo de Cuba. Hemos perdido una batalla, haremos todo lo posible por recuperarlo, pues esta guerra continúa con las finales de barras paralelas y barra fija. Sigan confiando en su talento y empuje».

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En definitiva, el japonés Kohei Uchimura (92.365) sacó a relucir su casta y condición de as defensor y seis veces rey del orbe para imponerse, ante la férrea oposición del ucraniano Oleg Verniaiev y el británico Max Whitlock, entre otros.

Puños de consuelo

Al menos fui a dormir con el bálsamo depositado en los puños de nuestros boxeadores. Joahnys Argilagos (49 kg) y Erislandy Savón (91) aseguraron bronces, al disponer de forma convincente por unánimes 3-0 del keniano de 35 años Mungai Wariu y el argentino Yamil Peralta, respectivamente.

Argilagos ya es bronce olímpico. Foto: Marcelino Vázquez/ ACN.

Aunque, como ha sucedido en otras ocasiones con el buque insignia, me dolería ver disfrazado el rendimiento de 124 legionarios en los jabs, swines y opers de una decena de ellos. Cuba dista, por diferentes razones, del nivel que exhibía con la irrupción del nuevo milenio. Sydney 2000 nos vio recalar novenos; Atenas nos deparó el puesto 11; Beijing, un recuerdo que está golpeando con fuerza por estos días, nos vio caer en picada hasta la posición 28, y Londres significó un ligero resurgir con la posición 16.

Mañana de jueves. Como siempre sucede y sin renunciar a la esperanza de romper el hielo y colgarnos el primer metal, abro los ojos y acudo presuroso en busca del control remoto. Las potencias como Estados Unidos, China, Australia, Sudcorea, Rusia, Hungría… comandan el medallero, miran por encima del hombro.

Con humildad, encaran otra jornada competitiva, aferrados al destello de potencia y tradición que nos queda, los judocas José Armenteros (100 kg), subcampeón mundial, y Yalennis Castillo (78), plata bajo los cinco aros en la capital del Gigante Asiático.  

Yoelmis Hernández (85 kg) buscará dignificar en otra experiencia los nombres de Daniel Núñez, Pablo Lara, Idalberto Aranda y otros pesistas de renombre. Eglys intentará, junto a su coequipera Dianelys Pérez, volver a sus años felices en el fusil 3x20 a 50 metros; Fournier, confío podrá sacudirse del sinsabor de la capital británica y acceder a la final A del single peso abierto.

Debut de los dos campeones olímpicos de la ciudad del Big Ben, Roniel Iglesias (69) y Robeisy Ramírez (56), y Copacabana retumbando al compás del son que puedan imprimir Sergio y Nivaldo.

Aunque el gris se afane, no puedo renunciar a brindar mi apoyo incondicional de cubano a los nuestros. En la cuerda de la objetividad, Armenteros pudiera sacudir a los suyos de un maleficio en la Ciudad Maravillosa que se asemeja, salvando las distancias, a la maldición del Bambino que padecieron los Medias Rojas de Boston.

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