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Martes, 02 Agosto 2016 09:08

Río de Janeiro 2016: A la espera de la verdad

Escrito por  Eyleen Ríos López
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Como el pebetero es único los organizadores decidieron variar lo usual y colocarlo en un céntrico lugar de la urbe.

Las ceremonias inaugurales son la primera “cara” que ofrece al mundo cada cita olímpica, cartas de presentación oficial que invitan a vivir pendientes de ellas los días siguientes.

Aunque suelen insertar elementos comunes que van desde pasajes históricos vinculados a los anfitriones hasta el clásico desfile de las delegaciones asistentes, casi siempre demasiado extensos, son las diferencias las que más atraen y despiertan mayores expectativas.

El sello aportado por cada sede es el que asigna peculiaridad a los espectáculos, como sucedió hace cuatro años en Londres con la fantástica mirada a las diferentes etapas de la Revolución Industrial y el patrimonio cultural, literario y musical del país, con un inolvidable Paul McCartney interpretando “The End” y “Hey Jude” como colofón.

Aquí la tradición se considera garantizada para el encuentro convocado para el próximo viernes, pues nada puede ser más simbólico que el Maracaná, uno de los mayores “santuarios” mundiales del fútbol, y también se da por sentado que no faltarán el carnaval y su samba, íconos de esta bella urbe.

Con un presupuesto 10 veces menor que el empleado en la capital británica, el premiado director de cine Fernando Meirelles se ufana de que presentará la mejor de las ceremonias, promete sorpresas para el paso de las naciones y derroche de creatividad y diversidad como reflejo de cómo ve al gigante sudamericano.

«Nunca hice algo de esta escala y nunca lo haré nuevamente en mi vida. Todo es muy grande, el escenario es muy grande. Se espera que 3 mil millones de personas vean la ceremonia. Es una enorme responsabilidad», comentó el creador de la elogiada “Ciudad de Dios” cuando portó la antorcha olímpica en Riberao Preto.

Meirelles une a su talento el de los también directores Andrucha Waddington y Daniela Thomas, se apoyará en 12 mil voluntarios a los que se les exigió cualidades para el baile y la actuación, además de destreza para montar bicicletas y monopatines.

¿En qué momento deberán hacerlo? Ese es uno de los secretos bien guardados por los organizadores, como sucede con el modo en que será noticia la imagen de la súper modelo Gisele Bündchen, anunciada para desfilar sobre una pasarela futurista.

Entre las personalidades de la música, otra de las grandes tradiciones de este país, se adelantó la presencia de Caetano Veloso y Gilberto Gil, y como complemento juvenil a la artista pop Anitta.

Pero no deben ser los únicos encargados de poner ritmo a una ceremonia de unas tres horas de duración que ha puesto a soñar a los melómanos con samba, bossa nova y otros géneros que nutren la riqueza rítmica de los anfitriones.

La asistencia de jefes de estados y especulaciones sobre el encendido del pebetero, que siempre genera conjeturas de todo tipo, se suman a los temas que también mantienen “ocupados” a los encargados de tomar el pulso a estas horas previas.

Por cierto, en torno al pebetero se teje otra de las incógnitas. No solo sobre cómo será o quién o quiénes asumirán su encendido, sino también la ubicación definitiva desde donde “iluminará” la justa.

Resulta que contrario a ediciones anteriores los brasileños tienen dos estadios oficiales: el Maracaná, que además de la inauguración y la clausura acogerá el torneo de fútbol, y el Joao Havelange o Estadio Olímpico, destinado al atletismo.

Como el pebetero es único los organizadores decidieron variar lo usual y colocarlo en un céntrico lugar de la urbe.

¿Cerca de la mítica Copacabana o más al centro? No se sabe aún, y habrá que esperar al sábado, día anunciado para su traslado.

Por eso entre emociones que ya parecen aseguradas y el deseo de que se sumen muchas más seguimos aguardando por un momento prometido como el mejor de la historia olímpica.

¿Será realmente así?

 

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