sábado, 23 junio 2018, 10:31
Sábado, 30 Julio 2016 08:30

PARA BAILAR LA SAMBA: Jim Thorpe, el más negado

Escrito por  Víctor Joaquín Ortega/Especial para CubaSí
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El aborigen norteamericano Jim Thorpe, vencido por el cáncer, susurra: “Devuélvanme mis medallas; devuélvanme mis medallas... Año: 1953. Salto hacia atrás.

 

El aborigen norteamericano Jim Thorpe, vencido por el cáncer, susurra: “Devuélvanme mis medallas; devuélvanme mis medallas... Año: 1953. Salto hacia atrás. Estocolmo 1912. Quintos Juegos Olímpicos. El rey Gustavo Adolfo de Suecia le dice: “Jim Thorpe, usted es el más maravilloso atleta que han visto los siglos”. El pecho quiere reventar de orgullo, de alegría. La felicidad besándole las mejillas. Los periodistas, los aplausos y gritos de la afición, la fama...

 

Un comentarista dice: “que un mortal haga tantas pruebas y tan bien es increíble. Ha dejado a los expertos con la boca abierta. Thorpe es el más destacado de los Juegos. Alcanzó par de medallas doradas, ¡y en qué especialidades: pentatlón y decatlón! Y las marcas son tremendas.

 

“Veamos... En pentatlón logró 22.9 en 200 metros, 4:.44.8 en 1500, 7.07 metros en salto largo, 35.57 en disco y 46.71 en jabalina. Los resultados en decatlón fueron 11.2 en 100, 6.79 en salto largo, 12.89 en bala, 1.87 en salto alto, 52.2 en 400, 15.6 en 100 con vallas, 3.25 en salto con garrocha, 45.70 en jabalina, 4:40.1 en 1500 y 36.38 en disco. Es maravilloso este atleta del colegio indio de Carlisle, Pensilvania. No ha tenido contrarios, y en buen tiempo no los tendrá porque es un deportista que se ha adelantado a su época. Y por mucho...”

 

¡Todo al demonio…! El pecado de vencer a blancos, a gente de cuna fácil siendo un indio; el pecado de casarse con una blanca... La Amateur Unión Athlete nunca estuvo contenta con aquellas victorias. Buscó y buscó... Y rápidamente comunicó al Comité Olímpico Internacional(COI) que el as había jugado béisbol profesional entre 1909 y 1910, ¡por setenta dólares!, con un equipo de Carolina del Norte. En realidad, se lo dieron como viático.

 

La prensa, casi toda, enronquece mientras se mancha: "Thorpe no es un aficionado; tiene que devolver las medallas. El campeón cobró como pelotero; no merece las medallas..." Y el gran gesto de sus más potentes rivales, el pentatlonista noruego Ferdinand Bie y el decatlonista sueco Hugo Wielander, quienes no las aceptaron. “Son de Jim, es el mejor”, diría el primero. “Eso es un crimen”, opinaría el segundo.

 

Castigaba a Thorpe un olimpismo subdesarrollado que había permitido premios en dinero sin otorgar medallas a los campeones, topes entre profesionales y aficionados, pruebas no oficiales, parcialidad de los jueces, chantaje económico y político por ser la sede, el perdón del primer tramposo de los juegos en la era moderna, el maratonista norteamericano Fred Lords, quien hasta se coronó posteriormente al nivel de su país, las alianzas con exposiciones comerciales y de interés ideológico que extendieron demasiado el certamen, y el racismo que volvía a manifestarse en el caso del victimado.


    
El propio Pierre de Coubertin no estaba de acuerdo pero la mayoría lo arrinconaba, tanto en el COI y los Comités nacionales como en las federaciones internacionales. Sobre el tema, a lo largo de su vida, expresó cuestiones como las siguientes:

 

“...pasaron los tiempos en que podía pedirse a los atletas que se pagasen sus viajes y alojamientos. ¡Otra vez el amateurismo! Los ingleses, sobre todo, se muestran encarnizados al respecto. Para mí el deporte es una religión, y se me antoja tan pueril relacionar todo esto con el hecho de haber percibido algún dinero, como el proclamar por las buenas que el sacristán de la parroquia es necesariamente un incrédulo porque percibe una retribución para asegurar el servicio del santuario...” (Memorias olímpicas)


       
Añado: sabía que esa rigidez iba en contra de las mayorías, únicamente serían olímpicos los que tuvieran recursos.

 

De nada le valió a Jim, exigir, pelear, rogar por las preseas. Se convirtió en pelotero de las Grandes Ligas y sobresalió de verdad en el fútbol profesional tipo norteamericano. También se ganaba la vida con papelitos en filmes acerca de los aborígenes de USA. Una encuesta realizada en 1950 entre 400 periodistas lo seleccionó “el más destacado atleta del medio siglo”. Después de su fallecimiento, los pieles rojas le levantaron a  Bright Path (Senda Ancha) -así le llamaban en su tribu Sioux- un monumento; en su base puede leerse: A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente se le negó la gloria de sus triunfos.

 

Según José Elías Bermúdez Brito en su obra Por los caminos del Olimpismo, publicado en 2013 por la Editorial Deportes:

 

“En 1932, rondando las cercanías del Coliseum de Los Ángeles, sin dinero para pagar la entrada, fue reconocido por un grupo de espectadores e invitado a la tribuna de honor. El estadio entero lo recibió con una gran ovación”. Y agrega: "...y no es hasta octubre de 1982, setenta años después, que el Comité Olímpico Internacional le restablece, a título póstumo, la condición de campeón olímpico en decatlón y pentatlón, en tardía compensación, aunque se señaló que el informe oficial de la competencia no sufrirá modificación".

 

Ni siquiera a plenitud, tan  ligados ahora a un profesionalismo maculador, los del COI eran justos con aquel gigante del deporte.

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