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Jueves, 07 Julio 2016 09:26

La huella cubana de Abbas Kiarostami

Escrito por  Ibis Frade/PL
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El director iraní Abbas Kiarostami soñaba con rodar algún día una de sus cintas en Cuba, pero la muerte también le arrebató ese sueño que quedó entre sus tantos pendientes cinematográficos.

 

Tras la noticia de su fallecimiento, el pasado 5 de julio, las salas de cine de su país natal interrumpieron las proyecciones para rendir homenaje a ese grande del séptimo arte.

 

A inicios de este año, el iraní visitó La Habana y se llevó un buen sabor de la experiencia. El director de la aclamada película ¿Dónde está la casa de mi amigo? participó en un taller de realización en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Eictv).

 

En esa ocasión, Kiarostami dijo a Prensa Latina que esperaba poder filmar y trabajar en Cuba, pero como no tenía una clara programación de su futuro, tampoco podía decir con precisión cuándo lo haría.

 

La muerte lo sorprendió y ya no pudo regresar a esta isla, ni emprender su nuevo proyecto en China, un trabajo que le parecía arriesgado por tratarse de una cultura tan diferente.

 

Su vocación de educador llevó a Kiarostami a visitar Cuba. Con la anuencia de la organización colombo-catalana Black Factory Cinema, el prestigioso director y fotógrafo extendió su mapa pedagógico hasta la escuela de San Antonio de los Baños, en el aniversario 30 de su fundación.

 

Tras concluir los talleres, Kiarostami confesó que los alumnos de la Eictv estaban entre los mejores que había tenido.

 

Con menos edad aplicaría en esa escuela pues constantemente estoy realizando cortometrajes como si fuera un estudiante. Lo del cineasta, "más que un objetivo como tal, es tener una experiencia continua", afirmó.

 

En un intercambio con el público habanero en el Cine 23 y 12, Kiarostami habló sobre sus anhelos, sus inquietudes de creador, su vida, la poesía.

 

"Venir a Cuba era un sueño", apuntó, ya que desde hace años conocía la escuela nacida del empeño de García Márquez, el cineasta argentino Fernando Birri y el realizador cubano Julio García Espinosa para democratizar esa enseñanza en América Latina.

 

Al iraní le encantó el ambiente que rodea el centro de altos estudios: "Parece un pueblo único en el mundo, es muy pequeño pero nos abraza a todos y sus habitantes nos abren la puerta con tremenda disposición, eso es algo que sucede ya muy poco en otros lugares".

 

También se refirió a su preferencia de trabajar con actores no profesionales, pues con ellos logra los mejores resultados y nunca deja de sorprenderse.

 

Los profesionales arrebatan una parte del poder de descubrimiento y el proceso de búsqueda durante el rodaje -ahondó- mientras con los "no actores" se logra una sensación de "carne y hueso".

 

"Lo más importante para mi es recrear situaciones cotidianas, por eso trabajo con la misma luz y el sonido de la locación elegida".

 

Para él, encontrar a los actores y las locaciones correctas era parte de una misma obsesión.

 

El escenario donde iba a filmar tenía tanta importancia como las personas que asumirían los personajes, pues en la combinación de esos dos elementos creía que radicaba buena parte del éxito. En ese afán, se encargaba él mismo de elegir las locaciones y los actores.

 

Los ambientes deben parecerse a los protagonistas y el vestuario y demás lo eligen los propios artistas, apuntó.

 

Además, dijo, el cine ni se enseña ni se aprende porque -como el arte en general- es resultado de una curiosidad, de inquietudes.

 

"En los talleres buscamos respuestas a esas inquietudes. Siempre le digo a mis alumnos que yo no enseño, sino que los ayudo a buscarse a sí mismos", confesó durante su estancia habanera.

 

Precisamente, la rica cultura de Cuba lo motivó a realizar aquí uno de sus talleres prácticos. Con ese trabajo docente viajó Kiarostami a diversos lugares de Europa y a Japón para ofrecer cursos a jóvenes cineastas.

 

Este mes, el iraní había sido invitado a integrar la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que entrega los premios Oscar. Pero todo quedó inconcluso.

 

Ahora, solo queda en Cuba el recuerdo de su paso por San Antonio de los Baños y el deseo, ya imposible, de trabajar junto a Abbas Kiarostami.

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