jueves, 18 octubre 2018, 18:41
Jueves, 07 Julio 2016 05:30

DE CUBA, SU GENTE: Ahora que la fosa común ya va a cerrar sus fauces

Escrito por  Diana Castaños/Especial para CubaSí
Valora este artículo
(13 votos)
Ariza, Cienfuegos Ariza, Cienfuegos

Dice Andrés que en Ariza, pueblo de Cienfuegos, los gritos se confunden con el rugir del viento sobre los naranjales.

Dice, también, que los mismos que en las mañanas le gritaban maricón entre los naranjales de Ariza de su infancia eran los que, a la caída de la tarde, lo esperaban agazapados detrás de la reja de la casa de su madre, para doblarle las rodillas a fuerza de golpes y hundirle la cabeza entre sus ropas sudadas, con sabor a tierra y a hombre.

 
Andrés se afeita las piernas con Gillete Super Max y gel Dove y me cuenta. Dice que tiene que invertir en él, en su físico. Que si no se cuida él mismo, nadie va a hacerlo por él.


Dice que en su adolescencia asumió las tardes como ese rato de pago por su existencia en el que calmaba las necesidades siempre perentorias de un grupo de hombres hirvientes, que luego de terminar de manosearlo, lo ayudaban a peinarse y a ajustarse el pantalón, raído.


Pero lo que más le molestaba a Andrés, me cuenta, era las habladurías de los ancianos, mientras él caminaba por las calles de Ariza. Que si sus piernas sin vellos, que si sus pendientes, que si su pulóver ceñido, que enseñaba la entrada del pubis. Y la reticencia de las personas a hablarle mirándole a los ojos por más de dos minutos. Y la condescendencia de aquellos que sí lo hacían.


Y por supuesto, entre las cosas que más le han molestado en la vida, está esa vez que pasó alguien que él no alcanzó a ver bien y le tiró alcohol en la cara… junto con una caja de cerillas encendida.


—Como para que no pudiera ver bien quién me esperaba detrás del muro de casa de mi madre —asume Andrés—, como si no supiera yo a quién pertenecía cada par de manos toscas.


Me cuenta Andrés que el día de su venganza le robó a su madre la caja del dinero y se montó en un tren hacia La Habana. Dice que en la ventana de su compartimento en el tren se reflejaba, cual montaña, la inmensidad de un fuego. Y que su vida comenzó, entonces, pura y limpia, como no lo había estado desde antes de la primera vez detrás del muro de casa de su madre.


Y que se alegró cuando, en el tren, una mujer cerca de él exclamó:


—¡Miren eso! ¡Qué clase de fogata hay en Ariza! ¡Parece que están quemando toda la basura del pueblo!


—Sí… —asegura que comentó en ese momento Andrés—, yo vengo de allá y la están quemando.


—Bueno —insistió la mujer—, pero el fuego es muy grande. Parece que se les fue la mano…


—Señora, usted no tiene idea de la clase de basura que había en ese pueblo —dijo Andrés, y me cuenta que después de esa frase no volvió a pensar en Ariza hasta el día de hoy, que comparte conmigo esta historia.

Visto 3845 veces Modificado por última vez en Viernes, 08 Julio 2016 05:17

Cogía el telescopio con la zurda. Disparaba par de escopetazos al aire cuando estaba muy molesto. Decía que el vodka era la bebida definitiva. Escuchaba a Edith Piaf y a Rita Montaner.  

Pues sí, estoy de celibato. Pues sí, lo disfruto. El recorrer incesante de energía en mi cuerpo, la juventud buscando alguna salida, siempre presta. Pero en espera.

Cuando me senté en el taxi, el chofer me dijo: ¿a dónde? Entonces le expliqué mi proyecto del día: viajar por realidades desiguales —discrepantes— de la ciudad, sentir que estaba viviendo distintos contextos al mismo tiempo, como si poseyera el don de la ubicuidad.

Me gustaría tener el don de la ubicuidad. Pero claro, no soy un dios de la mitología griega —si acaso mi nombre de pila proviene de ahí— ni tengo los poderes de la Bella en la saga Twilight.

El otro día fui a la Fototeca de Cuba. Es algo que acostumbro a hacer, parte indispensable de mis devaneos por la ciudad.

Estábamos comiendo en mi casa: congrí, carne con papas y platanitos fritos. Hablábamos de El señor de las moscas, la novela de William Golding.

Se llama Yoicy y es una mulata de ojos verdes, de unos veinte años.

La conocí en la cola del policlínico. (Yo estaba ahí por una posible epicondinitis, un dolor en el antebrazo que me da cuando escribo compulsivamente).

Le dicen El Tufo pero se llama Tomás y es un muchacho multifacético de 22 años. Para colmo de sus suertes, hermoso.

Se llama Yisel, tiene 17 años y desde hace dos días vive escondida en el Centro Dulce María Loynaz, en 17 y E, en el Vedado.

Se llama María, tiene 28 años y para entrevistarla voy hasta su trabajo, en un hotel cuyo nombre es mejor no mencionar, en Varadero.

Su nombre de trabajo es Maia y tiene 22 años. Se inclina en la bañera del Café Fortuna Joe, en Playa, y deja ver sus muslos, torneados por el sol y las labores propias de la precariedad de su casa, en Cacarajícara.

Comentarios  

 
#12 zenia 13-07-2016 13:37
Te leo cada semana, me encanta lo que escribes y cómo escribes. No pares de hacer la historia de la gente sin rostro, también es historia. Te felicito.
 
 
#11 ALFREDO GARCIA RUBIO 12-07-2016 11:58
Querida Diana...... por favor..... escribe como prefieras...... de cualquier modo...... siempre encuentro algo nuevo..... y por supuesto..... que tambien algo bello.
 
 
#10 cubanoarrebatao 11-07-2016 11:30
Muy fuerte!!! y no creo q hayas perdido tu originalidad, las Dianas nunca lo hacen, sigue asi pq ya t extrañaba y aun no has pensado en mi propuesta?? Saludos desde Camaguey
 
 
#9 amada 11-07-2016 08:52
Es idea mia o esto es una mezcla de fatima y la pelicula de la costurera ............... ... POR FAVOOOOOOR
 
 
#8 La Oruga 09-07-2016 07:34
Siempre te leo y... me encantan tus historias!
 
 
#7 yailey 08-07-2016 02:35
que historia esta tan tonta por dios que es esto da pena con tantas noticias importantes que hay en cuba para poner esto
 
 
#6 Inye 07-07-2016 11:17
Y los que no hemos visto a "Fatima" y "(Fuego del final)"?, sea como sea, es una historia de incomprenciones , maltratos, violaciones, discriminacione s, eso es en esencia lo que nos proyecta la periodista, para que creamos conciencia de lo alta que aún está la montaña de basura en nuestra sociedad respecto al tema de la orientación sexual, al final con tanto desprecio hacia los homosexuales, lo que provocamos nosotros mismos los heterosexuales es que tras tanta presión sicológica, los Andrés se comporten de manera inestable y actuen denigrantemente tomando venganza o atentando contra su proia integridad.
 
 
#5 Yosy 07-07-2016 10:46
De nuevo estos escritos sin sentido, cual es la moraleja?
 
 
#4 r@f@ 07-07-2016 10:26
¿y si fátima es el reflejo de una historia como esta? además que no es la primera ves como tampoco será la última en la que ocurren cosas como estás en nuestros campos y también en nuestras ciudades, gente con doble cara que por el día crítican y por la noche buscan desesperados aquello que por el día criticaban.
 
 
#3 YusmY 07-07-2016 10:17
Nunca habia comentado en alguno de tus escritos , pero este a pesar de estar bien escrito como dice Moro8, le falta mucho mas que originalidad. Acaso los periodistas escriben por escribir?
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar