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Jueves, 29 Marzo 2012 07:06

Corea: Bombas, cohetes, satélites, ¿ Y después?

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Desde 1957 se han colocado en órbita más de 4000 satélites pertenecientes a unos 50 países. Ninguno ha provocado tensiones ni temores como los generados por el anuncio de Corea del Norte.

 

Desde 1957 se han colocado en órbita más de 4000 satélites pertenecientes a unos 50 países. Ninguno ha provocado tensiones ni temores como los generados por el anuncio de Corea del Norte de que en abril lanzará su primer artefacto  espacial  con lo cual ingresará en un selecto club capaz, no sólo de fabricar los más emblemáticos aparatos de la tecnología avanzada, sino de elevarlos a alturas siderales, cosa que hasta ahora sólo Rusia, Estados Unidos, Francia, Japón, China, Reino Unido, India, Israel e Irán podían hacer.

 

Cuarenta de los 50 países poseedores de satélites de uso civil los han encargado a otros estados que en muchos casos cooperan con sus clientes en el lanzamiento. En el caso de Corea del Norte la manzana de la discordia no es el satélite, sino el cohete, una de las tecnologías llamadas de “doble propósito”. El mismo cohete que pone en órbita un satélite puede trasportar bombas convencionales o atómicas y batir blancos a distancias inalcanzables para la artillería y la aviación. Según Estados Unidos, Corea del Sur y la OTAN, aunque el satélite fuera de uso civil, pudiera tratarse de una prueba balística encubierta.

 

Los satélites artificiales fueron los primeros artefactos de la carrera espacial iniciada por la Unión Soviética que en rápida sucesión puso en órbita el primer Sputnik (1957), un mes después envió al espacio extraterrestre a la perra “Laika” primera criatura viva en salir del planeta y en 1961 lanzó al cosmos a Yuri Gagarin, el primer astronauta.

 

La lucha por la supremacía espacial fue parte esencial de la Guerra Fría, no sólo por el poderío que supone la capacidad para colocar un vehículo fuera de la atmosfera terrestre, sino por la posibilidad de disponer de proyectiles balísticos capaces de viajar más allá del horizonte, superar el obstáculo que representa la curvatura de la tierra y alcanzar blancos colocados no sólo a grandes distancias, sino también en las antípodas.

 

Con la carrera espacial apareció también la era de la cohetería estratégica o intercontinental y no fueron los coreanos sino los soviéticos y los norteamericanos quienes realizaron las primera pruebas de cohetes balísticos y teledirigidos encubriéndolos con el lanzamiento de diferentes tipos de satélites. Por cada cohete destinado a usos pacíficos o experimentales se fabrican cierto número con destino militar.

 

El primer autor científicamente acreditado que reflexionó sobre el desafío científico y tecnológico que representaba lanzar un proyectil a altura y velocidad apropiada para realizar una parábola suficientemente extensa como para alcanzar blancos situados más allá del horizonte fue Julio Verne, que en su obra: “Los 500 Millones de la Begún (1879) en la cual alude a un cañón habilitado para lanzar proyectiles a velocidad y altura suficiente como para convertirlo en satélites de la tierra.

 

Los cohetes impulsados por combustible sólido (una mezcla parecida a la pólvora) cuya versión más antigua y popular son los utilizados en  espectáculos pirotécnicos, se emplean como mínimo desde el siglo XIII. Los misiles de combustible líquido tuvieron que esperar por el desarrollo de las técnicas para fabricar gasolina y keroseno y más adelante otras mezclas químicas. El científico que exploró la posibilidad de utilizar los misiles para viajar por el espacio fue el sabio ruso Konstantín Tsiolkovsky (1857) y sus compatriotas soviéticos fueron los primeros en lograrlo.

 

Debido a la falta de transparencia característica de la sociedad coreana, al acoso de que es objeto y a lo sorprendente de algunos de sus proyectos, es difícil saber de qué se trata exactamente el experimento que planea realizar en el próximo mes de abril. En cualquier caso, probablemente disponer de proyectiles de alcance intercontinental no los haga más fuertes ni más seguros.

 

Evidentemente se trata de una manifestación de las tensiones características de las relaciones internacionales: cuando todavía ninguna de las dos crisis nucleares del momento, ambas con potencial para provocar un conflicto global e incluso poner en peligro a la especie, se han solucionado, aparece otra. Ayer fueron las luchas por la reunificación que llevaron a la Guerra de Corea (1950-1953), luego el diferendo por la posesión de la bomba; ahora se trata de satélites y cohetes: ¿Y luego qué?

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