martes, 19 junio 2018, 06:58
Martes, 28 Junio 2016 06:05

Tatuajes: En la cárcel de tu piel

Escrito por  Vladia Rubio / CubaSí
Valora este artículo
(9 votos)
Especialista del grabado realiza una pintura durante la Convención de tatuajes, en el Centro de Arte Raúl Martínez, como parte del programa de la IX Semana de Arte Contemporáneo que se desarrolla en la ciudad de Ciego de Ávila, Cuba, 17 de junio de 2014. AIN FOTO/ Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ Especialista del grabado realiza una pintura durante la Convención de tatuajes, en el Centro de Arte Raúl Martínez, como parte del programa de la IX Semana de Arte Contemporáneo que se desarrolla en la ciudad de Ciego de Ávila, Cuba, 17 de junio de 2014. AIN FOTO/ Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ

Algunos adultos encuentran formas muy poco ortodoxas de borrar los tatuajes en las pieles de sus hijos. De todos modos, quiérase o no, el tatuaje va perdiendo sus primeros tintes de marginalidad.

Todos los socios de Yordan se habían tatuado y él no quería ser menos. Además, “le daban tremendo chucho” porque sus padres no lo dejaban.


Así que al final de un día en que la muchacha que le gustaba le comentara sobre lo bonito que se le vería en el pecho un tatuaje, se juró y perjuró que del día siguiente no pasaba.


Cuando llegó a donde “picaba” (tatuaba) el Drumi, no tenía muy claro qué se iba a hacer, pero estaba seguro de que a la vuelta, su cuerpo ya estaría marcado para siempre.


Así que cuando llegó la pregunta “¿qué te vas a hacer?”, a Yordan, todavía no sabe explicar por qué, lo primero que le vino a la mente fue el rostro de la abuela, que esa mañana le había estado peleando por el reguero del cuarto.


“Me voy a poner el nombre de mi abuela”


Una hora y media después, todavía con el ceño fruncido por el dolor y el pecho echando candela, Yordan hacía entrada triunfante en su casa, con la camisa abrochada hasta el último botón.


A partir de ese día, el muchacho vivió un vía crucis entre el orgullo y la zozobra. En la escuela, andaba todo pechiabierto mientras algún profesor no lo pescaba con un “abróchese la camisa, alumno”; nada más llegar a dos cuadras de su casa, se cerraba toda la botonadura y por nada de la vida andaba sin camisa después de bañarse.


Pero siempre hay un día en que uno baja la guardia, y fue ese cuando el grito de la madre se escuchó hasta medianía de cuadra:


-“¡¿Yooordan, qué tú tienes en el pecho?¡”


-Nada mamá, ese fue Julito que me pintó eso con un bolígrafo. No es nada.


Pero a partir de ese momento la madre, medio dudosa y medio indignada,  no perdió oportunidad de escudriñarlo y preguntarle insistentemente: “Ven acá Yordan, ¿y cuándo se cae el dibujo ese? O tú no te estás bañando bien o ese bolígrafo es buenísimo”.


Quince días después, los padres del  muchacho ya no tenían ninguna duda: Yordan se había hecho un tatuaje.
Y ardió Troya.


Los padres se pusieron de acuerdo para esperarlo al regreso de la escuela y lo cogieron entre dos fuegos, exigiéndole, increpándole, demandándole por el engaño y porque tenía que quitarse “esa barbaridad que es de presidiario”.


Yordan se ponía rojo: de la roña, de la impotencia, de la pena, mientras la madre y el padre se alternaban entre gritos y amenazas. Todo parecía a punto de arder en aquel apartamento de microbrigada. Menos el espacio en que la abuela se mecía en su sillón, serena, rítmicamente, como alentando desde un mundo paralelo.

tatuajes1
Demostración de tatuajes, durante la inauguración de la muestra de carteles y tatuajes "El Dulce Dolor”, en la galería La Marca, en La Habana Vieja, Cuba, el 30 de enero de 2015. AIN FOTO/Abel ERNESTO

Cuando los increpadores hicieron una pausa forzosa porque ya no les alcanzaba el aire ni se les ocurrían nuevas amenazas, un casi imperceptible crujido del sillón hizo recordar a todos que la abuela estaba allí y había seguido muy atentamente la escena.


No era para menos, el nombre que llevaba Jordan tatuado en su pecho era el de ella.


Levantó ceremoniosamente sus más de doscientas libras del sillón de majagua y al ver que uno de los dos padres intentaba retomar su parlamento, hizo un enfático gesto con la mano -como director de orquesta imponiendo silencio a sus músicos.


Entonces, habló la abuela, imperturbable, ecuánime, convencida:


“¿Pa qué formar tanto lío, me pueden decir? El muchacho se tatuó mi nombre en el pecho porque me quiere, me adora. Pero como está muy mal que me quiera de esa forma, ustedes no cojan más lucha, que eso yo se lo quito con la plancha; facilito, facilito.


Tinto en tinta


Como queda muy mal parada la familia del protagonista de esta historia, no se revela aquí su nombre real.  Pero doy fe de la veracidad del relato.


Se trata de un caso extremo. La mayoría de los adultos no deciden borrar con una plancha caliente el tatuaje de sus hijos o nietos.


De todos modos, creo que vale el relato. Muestra cómo los casi absurdos e insensibilidades varias también tienen su asiento en la mesa de la cotidianidad, a veces sin siquiera sobresaltar a nadie.


En cuanto a los tatuajes, busqué en la red de redes alguna investigación medianamente seria y del patio que hablara de cómo las familias asimilan o no estas prácticas. Fue por gusto.


Lo que sí queda subrayado en diferentes sitios y con variadas maneras de decir, es que los tatuajes, quiérase o no, una marca identitaria, un distintivo generacional. No pocos llaman la atención sobre cómo, a partir de que hicieran su entrada en la realidad cubana en torno a los años 90, de manera paulatina han ido perdiendo su equivalencia a marginalidad y siendo asimilados por los diferentes grupos etareos al menos de un modo más tolerante.


Lo cual no excluye que también algunos, no exactamente jóvenes o adolescentes, hayan decidido practicarse, a la par que sus descendientes, estas marcas indelebles. Hay incluso ciertos padres que, luego de encarnizados esfuerzos porque el hijo no se tatuara, optaron por repetirse en el mismo lugar del cuerpo, el mismo tatuaje que se hiciera el muchacho, identificando esta alternativa como nueva puerta abierta a la comunicación intergeneracional.


Hay asimismo conmovedoras razones por las que otros adultos deciden tatuarse, como aquel padre de Kansas quien por estos días decidió raparse la cabeza y reproducir en ella, tatuador mediante, la misma fea cicatriz que le quedara a su niño luego de una complicada intervención quirúrgica.

 

tatuaje cicatriz


Aunque apenas asoman en la red indagaciones sociales o de otro corte sobre la práctica del tatuaje en Cuba,  al menos como consuelo me topé con graciosísimas páginas donde los muchachos, de otros países, dan consejos a sus contemporáneos acerca de cómo hacerse un tatuaje sin que lo sepan los padres y cómo ocultárselo a ellos una vez conseguido: desde maquillaje, determinado tipo de ropa,  hasta curitas. Incluyen entre las recomendación cómo reaccionar si , a pesar de tanto esfuerzo, estos dibujos son descubiertos por los parientes.


Por su parte, algunas web dirigidas a padres, recomiendan la mejor manera de actuar, primero, para persuadir al hijo de que no se tatúe, y si ya se consumó el hecho, pues cómo conducirse ante el descubrimiento, que no en todos los casos resulta gratificante para los adultos de la casa. Eso sí, en ninguno de los casos encontré nada parecido al empleo de una plancha caliente.

Visto 13640 veces Modificado por última vez en Sábado, 09 Julio 2016 08:42

Comentarios  

 
#29 nani 04-01-2017 15:36
es cierto que quizas sea dañino para la salud en dependencia con el sistema inmune que presente la persona y el tipo de piel (imagino). A mi en lo particular me gustaria hacerme uno pero sucede que no me he decidido del todo pues como es algo duradero mientras vivas tambien degrada mucho nuestra imagen, ademas algunos son muy vulgares
 
 
#28 Chula 14-12-2016 13:20
En lo particular me encantan los tatuajes, tengo un y kiero hacerme otro pero en un lugar no tan visible puesto ke donde kiero trabajar no permiten tener tatuajes visibles, por eso le pido a todos los jovenes ke piensen antes de tomar una decision tan importante como esa ya ke puede perjudicar su futuro.
 
 
#27 JFC 09-12-2016 09:47
Bueno que decir ante tanta diversidad de opiniones, yo en mi plano personal me encantan y tengo uno hecho. Quiciera hacerme otro y aún no encuentro que me pintaré, se aceptán proposiciones
 
 
#26 peque 24-11-2016 13:55
para gustos los colores a mi en lo personal me encantan tengo uno y no me arrepiento
 
 
#25 luna 17-10-2016 13:26
sinceramente veo el tatuaje como arte en la piel, solo que hay que saber quien lo hace y sus procedimientos, yo al menos para el mio indague bastante y pase algún tiempo pensando el lugar donde me lo iba a hacer porque ademas de arte en la piel es algo para toda la vida, tiene que ser algo de lo que no te arrepientas nunca. hay que pensarlo bien. pero si me gusta mucho y mis padres lo aceptaron y lo aceptan.
 
 
#24 Panchito 05-07-2016 11:16
Para la del cometario 17 666 ¿tus tatuajes tienen faltas de ortografía como tu escrito? (profecional, vejes, cabesa, sonriza, licensia, exivir y ni un acento) estás en candela PROFESIONAL jajaja podrías tatuarte en alguna parte que te quede libre algo como VOY A MEJORAR MI ORTOGRAFÍA
 
 
#23 yorvalgito 05-07-2016 09:38
no hallo nada de malo en ver en algunas personas tatuages con el significado del nombre de un ser querido perdido para llevarlo tatuado en su piel el resto de su vida ese es su problema ,si el q se lo va hacer le gusta q le meta sin miedo ,siempre y cuando no sea bulgar o de mala calidad ....
 
 
#22 pelotero 04-07-2016 16:37
hola, perfecto a mi no me gustan, pero al que le guste esa es su decision, NO critiquemos cosas que no merecen, cada quien con lo suyo
 
 
#21 Licett 04-07-2016 11:31
Me hice mis tatuajes a los 44 años, tarde tanto por el ¨que dirá mi mama¨, ¨a mi mama no le gusta¨ hasta que un día decidí que ese era mi cuerpo y no podía morir sin hacer realidad el sueño de tenerlos, siempre tuve bien claro que era lo que quería tener en mi piel para el resto de mis días, mi hijo se ha hecho 3 y siempre lo apoye en eso, se los hizo mucho antes que yo, mi hijo menor también le gusta pero aun es muy pequeño, pero le prometí que ese seria su regalo cuando cumpliera sus 15 años. No voy a negarle a mis hijos lo que me negaron a mi por puros prejuicios. Un tatuaje no determina quien eres ni como eres, ni tu inteligencia , ni tu integridad. Soy Licenciada en informática , amo los tatuajes y estoy orgullosa de tener los míos.
 
 
#20 Desde 1974 01-07-2016 09:47
Es cierto que la tinta de los tatuajes es dañina a la salud -puede contener plomo y otros minerales-, en la serie televisiva Doctor House hay un capítulo que a un paciente (con muchos tatuajes) tienen que pasarlo por el somatón y el hombre de tremenda constitución física casi se desmaya porque al pasar las ondas del equipo sobre su cuerpo toda esa tinta le provocaba un dolor insoportable.

Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová. (Levítico 19.28) Dios los Bendiga!
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar