jueves, 13 diciembre 2018, 21:47
Martes, 17 Mayo 2016 06:33

Coralia Rodríguez: Una cebra con fuerte componente isleño

Escrito por  Paquita Armas Fonseca, especial para CubaSí


     Digo conocí, en el sentido de conversar, porque de ella algo sabía por el teatro. Luego coincidimos en más de una oportunidad en casa de Natalia y desde hace unos años pertenecemos a la familia digital de Facebook.

    Vi, aquí en La Habana,  el documental  Cebras que partiendo de su vida filmó Isabelle Million, que  resulta largo y con una buena edición puede servir para dos piezas, que muestren el interesante recorrido  no sólo de Coralia sino de muchas « cebras » que transportan nuestra cultura de un lugar a otro:

     ¿Qué recuerdas de Santiago de Cuba?

    Bueno, yo no nací precisamente en  la ciudad de Santiago, sino en un poblado muy intrincado en el campo llamado Alto Songo, ese de la canción "Alto Songo, se quema La Maya", ¿te acuerdas? Eso pertenece a Santiago, pero como zona rural. Yo soy guajira. Pues de mi niñez en aquel lugar de Oriente recuerdo que vivíamos con mucha necesidad, pero con alegría. Teníamos un padre tresero, y una madre aficionada a contar "sucedidos" y que era también repentista. En la casa se hacían muchas fiestas, y por las tardes aunque no fuera día de fiesta, se cantaba y se bailaba bastante. Muchos de mis hermanos tocaban guitarra, percusión, o cantaban. Por las noches mi mamá contaba cuentos que a veces nos daban mucho miedo. Esos recuerdos marcaron mi infancia y definieron mi camino profesional. Y claro, de eso tomé conciencia mucho más tarde.

¿Cómo llegas a la actuación?

    De la mano del excelente profesor Humberto Rodríguez, director del grupo de teatro Olga Alonso. El me montó mi primer personaje, nada más y nada menos que la María Antonia de Eugenio Hernández. El me inculcó también el amor por el teatro.

    ¿Por qué llevar el cuento a la escena?

    Porque en los primeros años de la década del 80, descubrí el trabajo de Francisco Garzón, otro de mis maestros, en la Peña de los Juglares del Parque Lenin. Fue él quien renovó el arte milenario de contar cuentos, llevándolos a la escena, con elementos de la oralidad artística contemporánea, y me enamoré de esa forma de narrar, quedé deslumbrada. Tomé talleres y realicé toda una etapa de trabajo intensivo con él para aprender. Lo curioso es que al mismo tiempo, en Francia, Bruno de la Salle estaba haciendo exactamente lo mismo con la narración, en La Cartucherie, el teatro de Arianne Mouchskine, en París.

    ¿Te adaptaste a Ginebra?¿Haces tus cuentos en esa tierra?

    Me he adaptado muy bien a Ginebra, es una ciudad muy cosmopolita, de políglotas, y con un movimiento cultural muy intenso. Además en Ginebra encontré el amor, mi segundo esposo, Michel Kun, bongosero suizo, tengo una casa llena de recuerdos que me encanta, y además con Michel creamos una familia hermosa y sólida, un muy buen grupo de amigos del mundo entero, una asociación cultural con la que realizamos proyectos artísticos internacionales. Ginebra me dio además la oportunidad de aprender francés y de hacer de ese idioma una herramienta de trabajo que me ha abierto puertas en muchos países. Hago mis cuentos y también teatro en francés en Ginebra, en toda la Suiza francófona y en el mundo francoparlante en general.

    ¿Cómo es tu vida artística en Europa?

    Muy movida, frecuentemente salgo de gira. Trabajo mucho en festivales de cuento y de teatro en Francia, Bélgica, España. Hago un repertorio fundamentalmente cubano, me apoyo en mi cultura y desde ella traspaso las fronteras sin perder mi esencia. Me asocio mucho con músicos cubanos ( Pável Urkiza, Shama Milán, Orland Rodríguez, Ondina Duany, Martha Duarte) y de otros países también como Paco Chambi de Perú, Narciso Saúl de Argentina, Aurélian Gategno de Suiza, Michel mi esposo, suizo como te dije… y hacemos también un trabajo de intercambio cultural entre Cuba y Suiza.

   ¿Sigue siendo Cuba tu fuente nutricia? ¿Por qué?

    ¡Claro, siempre! Por dos razones sencillas: porque todo lo que soy se lo debo a Cuba, y porque como dice nuestra amiga Natalia, "el ashé está en Cuba" Esa es, sin dudas,  la mejor fuente donde puedo beber, sin dejar de nutrirme de otras culturas, por supuesto.

Lo que quieras decir que no te he preguntado?

Honor y respeto para mis maestros, los que me mostraron el camino y me dieron la luz: Estela Montoya, mi mamá. Humberto Rodríguez, Natalia Bolívar, Luis Carbonel, Francisco Garzón, Mayra Navarro, Gloria Parrado, Tito Junco, Eugenio Hernández, Gerardo Fulleda, Hassane Kouyaté, griot mandinga, Mimí Barthélémy, cuentera y cantante haitiana, Carlos Díaz, mi hija Amanda Cepero, actriz y cantante,  y todas aquellas  personas que me han regalado una gota de agua de ese gran océano que es la sabiduría universal. Y  muchísimas gracias a ti, por esta invitación a  contar algo de mi vida.

Modificado por última vez en Lunes, 23 Mayo 2016 07:48

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