jueves, 20 junio 2019, 15:09
Jueves, 12 Mayo 2016 22:00

El partidismo político que necesita Cuba hoy (VIDEOS)

Escrito por  Evelio Ramos González
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Seguro estoy que la polémica a la que alude el título, continuará acompañando a la teoría y práctica de la Revolución Cubana, por un largo tiempo.


Resultado lógico, si tenemos en cuenta la interacción de, al menos, tres razones sobre las que referiré mis consideraciones.



Primera: Dentro del país y sobre todo fuera de él, los públicos no  conocen, en rigor, la experiencia cubana con el pluripartidismo o multipartidismo, tanto de derecha como de izquierda.



Segunda: Las naciones europeas que desarrollaron sustanciosos cambios sociales liderados por partidos comunistas, retornaron al capitalismo, mientras que las latinoamericanas que en la actualidad llevan a cabo transformaciones en nombre del socialismo lo hacen  en condiciones de multipartidismo.



Tercera: La hegemonía cultural-informativa del imperialismo, refuerza la idea del pluripartidismo como paradigma para todas las naciones.



Sin que las razones anteriores posean entre sí alguna jerarquía, me referiré a ellas en ese orden, eludiendo hechos y personajes trascendentales para concentrarme en el asunto que me ocupa: El partidismo político que necesita Cuba hoy.



En 1902 aparece en el escenario político cubano una República resultante de los acuerdos de Paris entre el finado imperio español y el naciente imperialismo estadounidense, de los que se excluyó tanto al Ejército Libertador como al Partido Revolucionario Cubano, representantes genuinos de los intereses populares.



Una vez constituida la República, los partidos políticos organizados por la oligarquía y los terratenientes criollos para acceder al poder político y con él, a las riquezas del país, solo se diferenciaban entre sí por matices relacionados con sus compromisos para las campañas electorales.

 

 Video: La Historia del Partido Comunista de Cuba Parte I

 



Las naciones latinoamericanas ya vivían esa experiencia desde que habían alcanzado la independencia de las metrópolis a lo largo del siglo XIX, y ello indudablemente, influyó en Cuba, por ser la última de las ex colonias.



Durante los siguientes 57 años la organización política de la sociedad cubana se caracterizó por la alternancia en el gobierno de uno u otro partido de la burguesía; realmente aquel, que en cada momento representara mejor los interese de la oligarquía nacional y las compañías estadounidenses.



Durante este período, como resultado de las luchas revolucionarias, actuaron algunos partidos políticos con programas radicales y de beneficio social, como el primer Partido Comunista de Cuba, el Partido Socialista Popular y el Partido Ortodoxo. Contra todos ellos el poder político imperante desató una encarnizada represión que hizo imposible la concreción de  sus objetivos socio-económicos.



La partidocracia capitalista que se desarrolló en Cuba, como resultado de la mediación de los intereses estadounidenses en la vida política de la nación, aseguró, por una parte, el enriquecimiento de sus compañías y de los representantes de la oligarquía criolla, y por la otra impidió el desarrollo económico del país, de sus fuerzas productivas y prolongó, en vastos sectores de las ciudades y sobre todo de los campos, la miseria heredada del colonialismo español. El análisis de esta realidad me lleva a la siguiente reflexión: Si para la primera mitad del siglo XX los países latinoamericanos acumulaban vasta experiencia en el ejercicio del poder por partidos políticos burgueses, y en Cuba se repitió dicha concepción; por qué durante la República mediatizada los partidos representantes de la oligarquía cubana, que además contaban con el apoyo de los Estados Unidos, no promovieron el desarrollo económico de la isla y una mejor vida para el pueblo.  

 Historia del Partido Comunista de Cuba. Parte II. 

 

 

 

La otra dimensión de esta primera razón alude a un excepcional y poco estudiado hecho político de la historia nacional.
Para que la Revolución Cubana alcanzara el triunfo en 1959, fue preciso que el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, las más comprometidas de las organizaciones que agrupaban a las mujeres y hombres que durante décadas entregaron sus vidas, sangre y sudor a la lucha revolucionaria, resultó imprescindible que concertaran sus esfuerzos e inteligencias para derrotar política y militarmente al último gobierno que sirvió a los intereses de la burguesía nacional y las compañías estadounidenses.



La unidad política alcanzada, desde la diversidad de dichas organizaciones, en cuanto a la composición de su membresía, los objetivos de su lucha, las concepciones revolucionarias que enarbolaban, así como los métodos y escenarios para realizarlos, no solo hizo irreversible la victoria ante los intentos de los partidos políticos de la burguesía y la embajada de los Estados Unidos por escamotearla en el último mes de 1958, sino que encerraba una lección desconocida por los gobernantes estadounidenses: la revolución que alcance la identificación del pueblo con sus objetivos de lucha y logre unirlo para alcanzarlos, resulta invencible.



La propia unidad aseguradora de la victoria de Enero, posibilitó el desborde de la energía revolucionaria contenida en el pueblo que se volcó a una vertiginosa transformación de las ciudades y campos del país, y a la defensa de la obra que se iniciaba.

 

La historia del Partido Comunista de Cuba. Parte III.

 




No obstante, el propio desarrollo de la Revolución y los desafíos derivados de la construcción del socialismo, así como el enfrentamiento simultáneo a la hostilidad de los Estados Unidos  impuso la necesidad del fortalecimiento de la unidad existente.



Estas razones explican por qué la forja de la unidad política, durante los primeros años de la Revolución, transitó por las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), hasta que la evolución de los acontecimientos, tanto hacia lo interno del país como en los escenarios internacionales, determinan la constitución del Partido Comunista de Cuba el 3 de octubre de 1965.



A la luz de estos argumentos y considerando las trascendentales transformaciones que se han producido en la vida económica y espiritual del país; reconocidas públicamente por amigos y enemigos; me interrogo: ¿Por qué ninguno de los partidos políticos de la República se alió a las fuerzas revolucionarias para derrotar al último de los desgobiernos? y ¿qué les impidió que acompañaran a la Revolución en la realización de los cambios?

 

En el análisis de la segunda razón debe considerarse, según la experiencia histórica, que el más grande desafío de una revolución continúa siendo el logro en todas las circunstancias en las que se desenvolverá, de la unidad política de las fuerzas revolucionarias que contienden contra la burguesía; primero para acceder al gobierno y después hacerse del suficiente poder mediante el cual pueda concretar las políticas públicas que hagan realidad los sueños de justicia social.

Historia del Partido Comunista de Cuba. Parte IV

 

 


Durante el siglo XX las experiencias de los países europeos liderados por la Unión Soviética en la construcción del socialismo, aportaron una lección universal:  El potencial desplegado por la unidad política conquistada por los partidos comunistas les posibilitó enormes realizaciones económicas, sociales, científicas, tecnológicas y militares en cruentas batallas contra las burguesías nacionales y el imperialismo internacional. Precisamente, aún se califica de hecho extraordinario que en las referidas naciones resurgiera el capitalismo, entre otras razones, al perder la cohesión política que las caracterizó debido a que subestimaron la capacidad de enajenación que sobre la conciencia social de esos pueblos ejercía la ideología capitalista; a lo que se sumó la incapacidad de dichos partidos para sembrar en sus ciudadanos, y particularmente en los más jóvenes, la cultura revolucionaria.



Estos acontecimientos enterraron la confianza que contingentes de mujeres y hombres progresistas, revolucionarios y líderes, habían depositado sobre la capacidad de los partidos comunistas para transformar los sueños de justicia social en realidades.


Desde esos momentos, el Partido Comunista de Cuba viene enfrentando los cuestionamientos a su capacidad y liderazgo para conducir los destinos del país; asedio que se ha  multiplicado después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestro país y los Estados Unidos.



El análisis anterior me estimula a indagar: ¿Por qué el Partido Comunista de Cuba, al desaparecer su principal aliado, lejos de arriar las banderas del socialismo, encabezó la resistencia del pueblo ante la más grave crisis económica vivida?, ¿a qué se debió que la mayoría de los cubanos se dispusiera y logrará solventar las calamidades impuestas por la mencionada crisis? y ¿qué relación guarda la decisión de los cubanos de superar la crisis,  con la de la administración estadounidense de reconstruir las relaciones con Cuba?

 

Historia del Partido Comunista de Cuba Parte V.

 

 




La otra dimensión de esta razón se refiere a que entre la última década del pasado siglo y lo que va del presente, se vienen agotando las posibilidades políticas del capitalismo y el neoliberalismo como sistema de dominación en los países latinoamericanos no obstante la injerencia que los Estados Unidos continúan ejerciendo en las naciones del sur por su condición de gendarme continental.



Por vez primera en la historia de América Latina, un grupo de líderes, algunos revolucionarios y otros progresistas, acompañados por organizaciones revolucionarias, accedieron a la presidencia  en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Honduras, Paraguay, Argentina y Brasil, cumpliendo las exigencias electorales establecidas por el sistema político de cada país.



En estas naciones, el quehacer de los líderes, los gobiernos y las fuerzas progresistas que los respaldan ha estado encaminado a la implementación de políticas públicas que vayan paleando las carencias e injusticias resultantes de cientos de años de explotación y enajenación por las fuerzas capitalistas internas y foráneas.



No resulta noticia que los líderes, las fuerzas revolucionarias o progresistas y los partidos políticos de izquierda que en cada país contienden, se enfrentan a fuerzas políticas internas que los superan en el orden económico, financiero y de los medios de información;  mientras que en el plano externo los Estados Unidos actúan como principal promotor de los planes para desterrar de las naciones del  Continente los avances alcanzados, y para hacerlas regresar al neo liberalismo no escatima recursos humanos, materiales y tecnológicos.


Algunos se preguntan cómo ha sido posible que en medio del universo neoliberal latinoamericano hayan progresado líderes y organizaciones políticas que abogan y trabajan por el socialismo, cuánto más podrán hacer, e incluso si podrán resistir la contraofensiva neoliberal emprendida por las oligarquías nacionales aupadas por los Estados Unidos.
Las respuestas sobre un proceso que está en plena evolución, solo me atrevo a extraerlas del análisis de la experiencia de la Revolución Cubana; vista esta no como ideal sino como referente avalado por la práctica política de medio siglo.


La búsqueda creciente de la justicia social en naciones latinoamericanas, otrora reservas exclusivas de los Estados Unidos, mediante el denominado socialismo del siglo XXI se debe a la conjugación de dos factores excluyentes: por una parte la agudización irreversible de las contradicciones socio-económicas gestadas por el sistema económico global capitalista y que las particularidades de América Latina posibilitaron se socializara la voluntad popular de ocupar un protagonismo histórico que nos salvara.


El otro factor, y disculpo a los incrédulos, es que pese a los esfuerzos políticos de todas las administraciones estadounidenses y la capacidad desorientadora de sus mecanismos informativos globales, la perseverancia del ejemplo de la Revolución Cubana ha penetrado profunda y de manera irreversible la conciencia política de miles de líderes, cientos de organizaciones políticas y millones de mujeres y hombres del Continente; y de este ejemplo sobresale la solidez de la unidad alcanzada por los cubanos, la que ha sido resultado de la  labor del Partido Comunista de Cuba como partido único de la nación.

 

La Historia del Partido Comunista de Cuba Parte 6.

 

 


La tercera y última de las razones de las que me ocupo se adentra en la capacidad enajenadora que posee la globalizada producción así como el consumo mediático estadounidense.


La gigantesca producción cinematográfica y noticiosa que utilizan los ciudadanos de todas los países, incluido el mío, bien sea mediante las tecnologías tradicionales o las más modernas, identifica al pluripartidismo o multipartidismo con la democracia y esta con el protagonismo de los individuos en la política.  


El enfoque que dichos medios presentan sobre el multipartidismo y el partido único resulta simplista, al identificarlos con más democracia y ausencia de democracia respectivamente.


Siguiendo esa lógica, los individuos que viven en países donde impera el multipartidismo al poseer más democracia son protagonistas políticos y aquellos radicados en naciones regidas por un único partido, al carecer de democracia no resultan protagonistas de la política.


Independientemente de reales ejemplos de naciones en las que la existencia de un solo partido se asoció con la carencia de democracia y ello provocó el apartamiento de los individuos del poder político, esta práctica no se corresponde con la experiencia de la Revolución Cubana.


Evaluemos el asunto como una trilogía: partido político: varios o uno; democracia política y protagonismo político.
Primero una idea general.     


La práctica histórica desde la modernidad a la fecha indica que, cualquiera sea la cifra de partidos políticos de un país, la existencia de todos y cada uno de ellos responde a intereses de carácter clasista para la conquista o preservación del poder político.


Veamos el comportamiento de esta trilogía en las sociedades burguesas contemporáneas.


Las clases gobernantes de las naciones capitalistas, cualquiera sea el nivel de desarrollo del país, tienen la necesidad de identificarse, según los intereses familiares, sectoriales o económicos con aquel partido político que mejor les asegure la reproducción de su capital, para de ganar las elecciones asegurar el acceso al gobierno y por ende a cuotas de poder político, económico, financiero y mediático.


El sistema cultural impuesto por el capitalismo a escala universal establece que la democracia política se concreta en los procesos electorales a escala de las organizaciones, instituciones o de las naciones. Solo necesitan que los individuos voten.


El resto de las relaciones entre los representantes de las clases dominantes, los líderes de los partidos políticos y los individuos que son potenciales electores, las traza el libre mercado. En ello se fundamentan los presupuestos millonarios de las campañas electorales para que la gente vote por alguien que, ideológicamente está imposibilitado de representarlo.


Del anterior análisis se comprende que la desigualdad, violación, opresión y negación de los derechos de los individuos, grupos, sectores y comunidades, no formen parte del concepto de democracia política de los partidos políticos burgueses. Así lo fundamenta la ideología burguesa desde los orígenes del capitalismo.


El protagonismo político real de los individuos queda reducido a la asistencia cada cuatro, cinco o seis años a las urnas, quedando excluidos de los procesos aprobatorios de las políticas públicas.


Pero como ya expliqué en el tratamiento inicial a esta última razón, esta verdad, para los medios informativos y cinematográficos estadounidenses, posesionados del imaginario popular, no existe, y por lo tanto, cualquier alusión al carácter electorero de los partidos políticos, a la reducción intencionada de la democracia y del protagonismo político de las masas en la naciones capitalistas, cualquiera sea  su nivel de desarrollo económico, no resultará creíble para la inmensa mayoría de las mujeres y hombres que en cualquier lugar del planeta se acerquen a estos asuntos.


A esta altura del análisis resulta comprensible que se nos cuestione, critique y hasta se nos proponga abandonar la concepción de partido único, democracia y participación política que practicamos.


Como de lo que se trata en esta polémica es de razonar, aquí van las mías.


El partido único en Cuba existe por una estratégica idea de carácter clasista: El Partido Comunista de Cuba representa los intereses de la inmensa mayoría del pueblo y en función de los mismos ha garantizado los programas de desarrollo y justicia social; razón por la cual está obligado a labrar una sólida unidad nacional que incorpore a la diversidad de la sociedad cubana a las tareas de la construcción del socialismo.


La práctica histórica ha demostrado que la unidad nos dio la victoria frente a la tiranía, la unidad nos permitió hacer una gran obra, la unidad nos aseguró la resistencia ante la crisis económica, la unidad hizo posible que los Estados Unidos reconocieran a la Revolución y la unidad nos permitirá construir  un país próspero y sostenible.


Para los cubanos el concepto de democracia política debe responder a los siguientes presupuestos: qué papel desempeña el Estado cubano en su condición de representante de los intereses del pueblo en relación con los medios de producción;  cuál es el contenido y alcance de las políticas sociales; cómo se satisfacen las crecientes necesidades de la población; con qué objetividad los medios de información masiva informan a la población y reflejan los intereses sociales; cómo participa el pueblo en la toma de decisiones relacionadas con sus intereses políticos.


Las anteriores razones explican algo que muchos aún no alcanzan a comprender: los cubanos comenzaron a conocer la democracia política a partir de Enero de 1959 cuando el Gobierno Revolucionario inició la materialización de políticas socio-económicas de beneficio popular a la vez que restringía los privilegios políticos, económicos y financieros de la burguesía nacional y los inversores extranjeros.


Los medios masivos de información trabajan afanosamente para que la información que al pueblo llegue sea veraz, comprometida, crítica y educativa a la vez.


Desde su triunfo, la Revolución ha hecho un derroche de iniciativas para someter al escrutinio público, las más importantes decisiones relacionadas con el presente y futuro del país. Consultas cuyos resultados también, en cada momento, han sido informados a la población.


Sirva de ejemplo el proceso preparatorio, de alcance popular, de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados posteriormente en el VI Congreso del Partido, y más recientemente el análisis masivo  que se llevará acabo sobre los proyectos de documentos aprobados en el  VII Congreso del Partido, celebrado el pasado mes de abril.


En Cuba, asociado al concepto de democracia política está el de protagonismo político. Son inseparables.
Su esencialidad radica en que han sido los propios cubanos los constructores, rectificadores y creadores activos del quehacer económico, político y social del país.


Ahora bien, el anterior análisis le depara al Partido Comunista de Cuba dos desafíos: perfeccionar la cultura política del pueblo y en particular de los más jóvenes para que aprehendan las razones en las que están fundamentadas las concepciones de partido único, democracia y participación política de la Revolución Cubana y accionar nuevas ideas y métodos para que su labor alcance la eficacia que exige su condición de fuerza líder de la sociedad cubana.


Convencido estoy que nuestro Partido está en el camino correcto.
 

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Comentarios  

 
#2 El Analista Justicie 15-05-2016 19:56
No me importa que exista un partido eso es una garantía de la estabilidad de la revolución y del socialismo, sistema social por la que el pueblo ya decidió, lo que es insoportable es que ese partido nombre de una u otra forma a diputados y al mismo presidente, creo que esto no es necesario argumentar mas, todos sabemos que así ocurre, entonces lo que debemos lograr para mejorar nuestra democracia no es la elección de Ideología, cosa que además no ocurre en la mayoría de los países que tomamos de ejemplo a seguir y que insisten en que nos inmolemos con el pluripartidismo , pero si podemos elegir con voto secreto y directo es a individuos entre revolucionarios y Comunistas de acuerdo a sus programas de gobierno y sus ideas sobre los cambios y metas que debemos seguir, y conociendo que aunque todos levantan la mano y que en Cuba todo es por unanimidad sabemos que los hombres aunque persigan los mismos objetivos pueden diferir en la forma de lograrlo, así que nadie me imponga a Díaz Canel, yo quiero elegir entre varios al mejor que yo considere sin que el partido imponga su voluntad.
 
 
#1 qbano 14-05-2016 09:25
yo si creo que es necesario la inclución de opiniones divrsas divergents para grantizar el desarrollo socioepolitico...!
o sea, sin democracia no es posible el socialismo!
 

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