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Martes, 19 Abril 2016 07:14

El Quijote en 17 000 tuits, el sueño de un informático a punto de cumplirse

Escrito por  EFE
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Al cumplirse el cuatrocientos aniversario del fallecimiento de Cervantes, la aventura del informático Diego Buendía de escribir los más de dos millones de caracteres de El Quijote en 17 000 tuits está llegando a su fin.

En vísperas de que se cumpla el cuatrocientos aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes, la ingeniosa aventura que inició el informático prejubilado Diego Buendía de escribir los más de dos millones de caracteres de El Quijote en 17 000 tuits está llegando a su fin.

Si a Don Quijote la fiebre que le mantuvo en cama seis días le devolvió la cordura, a Buendía -que reside en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona)- fue un proceso febril el que le llevó a trasladar a la red social a través de la cuenta @elquijote1605 la obra más destacada de la literatura española.

Diecisiete meses después de que comenzara este reto, el 1 de septiembre de 2014, la cuenta tiene más de 7.000 seguidores de diversos países del mundo: España, Puerto Rico, México, Costa Rica, Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Honduras, El Salvador, Guatemala y Ecuador, entre otros.

"La respuesta ha sido abrumadora, la gente está muy agradecida, te felicitan, te dicen que es un trabajo extraordinario", explica el informático en una entrevista con la Agencia Efe, en la que indica que en la última semana ha enviado mensajes directos a todos sus seguidores para agradecerles el acompañamiento.

Los tuits con el texto de la célebre obra aparecen cada sesenta minutos y la meticulosidad con la que se publican es consecuencia del algoritmo que él mismo ha desarrollado.

A lo largo del último año y medio, la aventura sólo ha sufrido incidentes en "dos ó tres ocasiones" y de uno de ellos Buendía se percató por el aviso de una seguidora que una noche le informó de que "hacía cuatro o cinco horas que no salía nada". El motivo, explica el informático, era un fallo en el servidor.

Para recuperar "el desfase" en la publicación de tuits, Buendía cogió El Quijote y tecleó él mismo los párrafos que faltaban.

Una acción que está pensando repetir el próximo jueves 22 de abril desde Alcázar de San Juan (Ciudad Real), "un núcleo cervantino", desde donde podría publicar el último tuit previsto a las 12:00 horas del mediodía.

"No ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna. Vale". Así termina El Quijote y estos serían los últimos tuits que aparecerán en el @elquijote1605.

 

Buendía quiere que el último mensaje sea retuiteado por todos los seguidores. Normalmente, recibe por cada uno de ellos "cuatro, cinco ó seis retuits", aunque otros han llegado a ser compartidos por casi 500 personas, como el segundo: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme".

El informático ha puesto también en marcha una página web (www.quijote17000.es) con múltiples funciones, entre las que destacan un buscador de palabras en El Quijote, otro buscador de tuits o la posibilidad de descubrir cada vez que accedes una cita aleatoria de la célebre obra.

 

Una vez cumplido el proyecto, Buendía dice que quiere descansar un tiempo, aunque ya tiene en mente nuevas iniciativas como volver a publicar la novela en la red social de manera colaborativa y sin que se produzcan cortes en las frases, tal y como ocurre ahora por las limitaciones informáticas.

 

También sus seguidores le han propuesto nuevos proyectos, entre ellos, publicar tuit a tuit el poema "El gaucho Martín Fierro" de José Hernández, petición que le han hecho desde Argentina y que estudiará.

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Comentarios  

 
#1 arturo manuel 02-07-2016 08:17
Fabulaciones en torno a Miguel de Cervantes y Saavedra en el 400 aniversario de su muerte

Talía la musa de Cervantes
El Sol, que así se llamaba el navío, partió, junto a otros dos, del puerto de Nápoles. La proa de la galera hendía apaciblemente las quietas aguas del mar Tirreno.
Con sostenido viento a favor de sus velas latinas, el navío se acercaba a la desembocadura del Ródano, en el sur francés.
Sobre su cubierta tomaban el sol decenas de pasajeros, la mayoría de ellos soldados, muchos licenciados del servicio por las heridas de guerra sufridas.
Dos de ellos, hermanos, platicaban animadamente; los avatares de la contienda bélica, por puro azar, los había reencontrado.
Uno de los dos se reponía de las ganancias de la guerra: exponía al astro rey el muñón de su brazo izquierdo, cual bajo helioterapia.
Lejos, muy lejos todavía, se avistaban, tras la popa de la embarcación, tres puntos negros en lontananza que parecían acercarse, cada vez más.
El manco, acariciado por la brisa marina creía escuchar aquella sentencia bíblica de uno de los apóstoles, pronunciada por el Papa Pío V, en franca alusión, ahora, a otro de igual nombre:
¡Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan!
Este Juan, cruzado de la cristiandad y bastardo de linaje, había derrotado, en combate naval, a las huestes infieles de la media luna otomana, batalla en la que el mutilado recibió sus heridas, el pecho resguardado por los versos de aquél que había sostenido que nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir….
Quedó profundamente dormido, con la capa que cubre todos los pensamientos.
De entre sus pliegues irrumpió el cíclope de Polifemo, el que Odiseo encegueció, persiguiendo a la hermosa nereida de Galatea que intentaba escapar de sus crispadas manos; en su huida, toma un senderillo en la espesura del monte y tras ellos se fue el dormido.
Atraviesan una umbría floresta, descienden a un undoso valle, pisan las cristalinas corrientes de arroyuelos, atisban, en la lejanía, rebaños de ovejas y cabras bajo la perenne vigilia de sus pastores, escuchan el trino de las avecillas silvestres, inundando el límpido aire perforado por los áureos dedos del rubicundo Apolo.
Ya casi el cíclope alcanza a la atemorizada ninfa cuando, abruptamente, desaparecen para el azaroso espectador.
Ahora, en su lugar, el soldado mutilado contempla la figura que se hace apoyar en un cayado de pastora, sobre su argéntea frente una guirnalda de hiedra y una máscara cómica asida por su mano libre.
La espectral aparición, sin articular palabra alguna, siembra inquietud en el ánimo del soldado: le vaticina cautiverio, penas, desengaños, cárcel, pobreza, envidia, desamores, pero también, inmortalidad (cuyo inicio arrancaría, precisamente, bajo su influjo inspirador), a pesar de la dorada centuria que le tocará vivir, junto a grandes de las letras peninsulares.
Súbitamente, vuelve a la vida consciente al oír los estampidos de cañones y arcabuces, los gritos de los asaltantes, todo lo cual le confunde y le hacen revivir el 7 de octubre de 1571, Año del Señor, fecha de la batalla de Lepanto.
Se trataba, otra vez, de bajeles turcos pero convertidos en piratas, a las órdenes de Arnauti Mamí, renegado albanés al servicio del bajalato de Constantinopla: ¡eran aquellos remotos puntos hacia el levante de la popa de El Sol!
La Galatea, novela pastoril, escrita en prosa y verso por Miguel de Cervantes y Saavedra, apareció publicada en el año 1585; en ella, el gallardo Elicio, pastor en las riberas del Tajo, canta cuánto amaba a aquella, con tan puro y sincero amor, cuanto la virtud y honestidad de Galatea permitía.
La cándida pastora se guarnece entre los enjutos brazos del virtuoso Caballero de la Triste Figura.
¿Y Dulcinea?
 

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