viernes, 16 noviembre 2018, 00:44
Jueves, 07 Abril 2016 08:17

Tiempos de reflexión y de combate

Escrito por  Angel Guerra Cabrera
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Lo que nos enseñan estos tiempos es que la conciencia política y el empoderamiento de los pueblos que se logró a partir de Chávez difícilmente se borre de su memoria.



Las recientes derrotas electorales de distintas categorías sufridas por algunos de los gobiernos independientes, que no comparten el dejar todo al mercado y partidarios de la unidad e integración de América Latina y el Caribe, han generado –tanto a la derecha como a la izquierda– ideas erróneas sobre un supuesto futuro desfavorable para las luchas populares en nuestra región, o uno "verdaderamente revolucionario", "de abajo a arriba", a diferencia de esos gobiernos "progresistas", supuestamente verticalistas, "extractivistas" y autoritarios.

Algunos llegan al extremo de afirmar sin argumentos que ahora viene el momento de los movimientos sociales y termina el de los partidos políticos y gobiernos "progresistas" como si esos sujetos fueran necesariamente excluyentes entre sí por más que entre ellos existan contradicciones, pero en modo alguno antagónicas. Pues lo que enseña la historia pasada y reciente de nuestra América es que la clave del éxito de las luchas populares es su adecuada y coordinada combinación, en las que los movimientos sociales, los partidos de izquierda o nacional-populares y los gobiernos pueden y deben complementarse, cada uno en su papel, para alcanzar sus objetivos liberadores a corto, mediano y largo plazo.

Puntualizo, mejor que el vocablo progresistas, prefiero los adjetivos que enumero en el primer párrafo para denominar a esos gobiernos puesto que definen con mayor precisión lo que les es común en cuanto a su contenido político y social y objetivos. Además, aquel vocablo, como tantos otros procedentes de la cultura política europea, no se ajusta a las realidades históricas y socio-culturales latino-caribeñas, no es preciso para definir a esos gobiernos y ha sido desprestigiado por partidos y organizaciones supuestamente socialdemócratas, pero que suscriben el dogma neoliberal.

Otro gravísimo error es desconocer el papel histórico de esos gobiernos surgidos a partir de la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, que han hecho una contribución sin precedente a la concreción del proyecto nuestroamericano de Simón Bolívar, José Martí y otros de nuestros insignes libertadores. Esos gobiernos promovieron y promueven una elevación de la conciencia política de nuestros pueblos, lograron la instauración de una nueva generación de derechos humanos de hondo contenido social y democrático y la creación de todo un entramado de organizaciones de unidad e integración latino-caribeña como Unasur, la Celac, Petrocaribe, el Mercosur antineoliberal y la Alba.

Su gestión ha estado marcada por el surgimiento de un nuevo sujeto histórico-social en Venezuela y otros países de la región que ha llegado a acceder a cuotas de poder y participación política de los pueblos nunca antes alcanzadas en nuestra región. El chavismo es, por cierto, aunque no el único, el primero en constituirse y posiblemente el más combativo de ellos, acaso junto a los movimientos sociales bolivianos.

Esta etapa, marcada por la elección de un grupo de presidentes que con la conducción de Fidel, Chávez, Kirchner y Lula consiguieron la derrota del Alca y el impulso a un nuevo sentido común antineoliberal no ha concluido por el hecho de que algunos de los gobiernos surgidos en ella hayan sufrido derrotas electorales.

No terminó la lucha social y revolucionaria en Venezuela porque el chavismo perdiera la mayoría en la Asamblea Nacional, al contrario, se ha intensificado; ni en Bolivia, por la derrota del referendo que proponía la repostulacion de Evo Morales; ni tampoco en Argentina, mucho más grave al ser desplazado el kirchnerismo del Ejecutivo y desencadenarse con el gobierno de Macri una ofensiva desmanteladora de las conquistas sociales logradas, que pretende llevar la entrega de la soberanía y las riquezas del país, así como su endeudamiento externo, a extremos sin precedente en la historia nacional, no alcanzados ni bajo el régimen entreguista de Carlos Menem.

Lo que nos enseñan estos tiempos es que la conciencia política y el empoderamiento de los pueblos que se logró a partir de Chávez difícilmente se borre de su memoria. Eso es lo que Macri no puede arrebatar a los argentinos por más que desmantele las conquistas del periodo kirchnerista.

Así lo demuestran las gigantescas marchas y articulaciones populares que se producen hoy en Argentina y Brasil, y la batalla contra el imperialismo que siguen dando el chavismo y los movimientos sociales de Bolivia con inteligencia y resolución. Volveré sobre el tema.

Twitter:@aguerraguerra

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