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Jueves, 15 Marzo 2012 10:31

Cuando Pablo Neruda visitó La Habana

Escrito por  María Elena Balán Saínz
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Fue en marzo de 1942 cuando  llegó a La Habana el poeta chileno Pablo Neruda, aunque ya su poesía le había antecedido...


Fue en marzo de 1942 cuando  llegó a La Habana el poeta chileno Pablo Neruda, aunque ya su poesía le había antecedido unos cuantos años atrás, allá por 1925 cuando la revista habanera Social publicó el número ocho de los 20 Poemas de amor y una canción desesperada.
  
Comenzó a conocer algo de la Isla por sus lecturas en la niñez y la juventud, pero sería Gustavo Enrique Mustelier, cónsul cubano en Batavia, Java, quien primero le habló en la década de 1930 de hábitos y costumbres. Para el poeta de nariz ganchuda y gorra eterna La Habana solo representaba, según confesó después, "una caja de tabacos".
  
El narrador, poeta y periodista Ángel Augier  tuvo la oportunidad de conocerlo y tales vivencias las dejó en su libro Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda, en el cual señala que viajó invitado por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, a cargo del eminente polígrafo José María Chacón y Calvo, para ofrecer un ciclo de tres conferencias en un Seminario de Investigaciones Históricas.
  
Para el lunes 23 de marzo programó Viaje del tiempo y del océano, mientras que el jueves 26 ofreció Viaje a la luz de Quevedo, hasta concluir el sábado 28 sus disertaciones públicas con Viaje a través de mi poesía.
  
La visita a La Habana representó para el autor de "Farewell", "Playa del sur" y "Hoy es el cumpleaños de mi hermana" un deseo que al fin podía ver realizado.
  
Durante los difíciles años de la Guerra Civil Española, cuando Neruda se identificó con la lucha del pueblo hispano y participó en el Congreso Internacional en Defensa de la Cultura, en medio de la agresión fascista, estrechó amistad con Juan Marinello, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Félix Pita Rodríguez, escritores cubanos presentes en aquella cita de pensamiento revolucionario.
  
Ahora, ya en la capital isleña, acudieron  a recibirlo Marinello y Guillén, junto a Ángel Augier. Había llegado junto a su esposa Delia del Carril en un vapor procedente de Veracruz, México, donde era Cónsul de Chile.
  
Lo acompañaron hasta su hospedaje en el hotel Packard, punto histórico y estratégico de la ciudad, cercano a sitios tan representativos como el Paseo del Prado, el Castillo de la Punta y el paisaje marino del Malecón.
  
Augier posteriormente recordó: "La acogida cordial de Pablo y la Hormiguita (como decían a Delia) me animó a visitarles la tarde siguiente al día de la llegada, y él accedió a mi sugerencia de conocer el pintoresco entorno urbano que mucho le complació.
  
Cuando íbamos de vuelta, se nos unió José Antonio Fernández de Castro, secretario de la embajada de Cuba en México, que disfrutaba de vacaciones en La Habana. Pablo nos invitó a un trago en un bar del camino. De pie, en la barra, ellos pidieron ajenjo, y yo, poco dado a tragos, opté por una modesta cerveza. Pablo, sentenció con su voz profunda y tono salmodiante:

-Ángel: de vez en cuando viene bien un ajenjo...
  
La devoción cubana de Neruda, su sueño infantil y juvenil, su curiosidad por conocer la champola de guanábana de la cual le hablaba Mustelier, todo aquello se materializó con esos días de marzo y abril, en los cuales recibió homenajes.
  
Entre ellos estuvo el Frente Nacional Antifascista, con una conferencia de Juan Marinello sobre su poesía; la Unión Juvenil del Centro Popular hebreo, con una conferencia del poeta Félix Pita Rodríguez sobre Residencia en la Tierra, mientras el Departamento de Cultura y Turismo del Municipio de La Habana, en el gran salón del Palacio Municipal, ofreció un concierto de la Banda Municipal dirigida por el maestro Gonzalo Roig, y lectura de poemas por Neruda, después de ser presentado por Nicolás Guillén. 
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El 15 de abril, artistas e intelectuales ofrecieron una comida de despedida al visitante. Según Augier fue el más íntimo y pintoresco intercambio, casi familiar, rendido entonces a Pablo Neruda, del cual quedó como recuerdo un impreso que simula una portada de libro, con el indispensable texto del menú Paella para Neruda, el cual dice: En un plato; y una ensalada / Postre, pan y café / Fonda de La Victoria / La Habana, abril 15 de 1942. (Por María Elena Balán Saínz, AIN)

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