viernes, 24 mayo 2019, 12:02
Sábado, 06 Febrero 2016 01:23

En cuenta regresiva sede de Feria del Libro

Escrito por  Luz Marina Fornieles Sánchez/Especial de la ACN
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Otroras enclaves militares, las mayores del imperio colonial español en el Nuevo Mundo, el Castillo del Morro y la Fortaleza de la Cabaña son escenarios hoy de un bien agitado accionar de una multitud de personas ocupadas en alistarlas para su próxima cita con el público cubano y representantes de 30 naciones.

En cuenta regresiva se encuentran ya ambas edificaciones históricas, para dar cabida a la edición 25 de la Feria Internacional del Libro de La Habana, prevista, en la versión capitalina, entre el 11 y el 21 del mes en curso.



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Falta entonces muy poco para que sus extensas y restauradas áreas sean invadidas por ávidos lectores, de las más diversas edades y procedencias, animados por el interés e incluso pasión de comprar las novedades y sus títulos de preferencia antes de que se agoten frente a la inusitada demanda que trae consigo tan relevante evento de la literatura.

El hoy Parque Histórico Militar Morro Cabaña, deviene un privilegiado sitio capitalino  Conformado por los magníficos Castillo de los Tres Reyes del Morro- la más emblemática de las fortalezas cubanas iniciada en 1630 a cargo del ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli- y la fortaleza San Carlos de la Cabaña.


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Llamada así en honor al rey Carlos III, ha pasado a la historia como la mayor de las instalaciones militares creadas por España en América (1774), y catalogada en aquel momento como la obra cumbre del sistema defensivo abaluartado.

A partir de 1978 quedó abierto como centro de atracción turística y cultural. En 1986 comenzaron los trabajos de restauración, realizados de conjunto entre la Oficina del Historiador de La Habana y el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Actualmente es museo y centro de exposiciones y de recreación, y el lugar donde cada año, en su segundo mes, las letras invaden sus dominios con el mismo ímpetu de los piratas y corsarios, causantes indirectos de que en siglos precedentes surgieran tales obras defensivas.

El nacimiento de estas edificaciones obedeció a la necesidad de preservar a la Villa de San Cristóbal de La Habana y a la vez resguardar toda la riqueza que se extraía de naciones americanas, a su paso por la ciudad portuaria denominada Llave de las Américas, cuando los navíos de la flota hispana las llevaban a la Península.

Como popularmente se le conoce en Cuba, el Morro- un símbolo universal del país y su capital- resulta en la actualidad de un gran atractivo. Visitarlo da la posibilidad de un contacto directo con la historia,  rica en leyendas. A su vez, posibilita saltar en el tiempo y trasladarse a la época lejana y romántica de los aventureros y lobos de mar,  admirar desde los vetustos y sólidos muros la ciudad, subir al faro y captar para el recuerdo las más bellas imágenes de La Habana.

Disfrutar, además, de la deliciosa sensación de sentarse en muda contemplación bajo el susurro de las olas con las  más hermosas puestas de sol en el Balcón de la Reina, caminar por las estrechas calles adoquinadas, admirando cada piedra, cada recodo, cada plazoleta recoleta y evocadora, mudos testimonios del pasado.

Lo mismo sucede con su vecina  -La Cabaña-, donde cada noche tiene lugar el cañonazo de las nueve, una ceremonia  digna de ser observada, y por ello siempre se produce ante decenas de asistentes, entre anfitriones y viajeros del mundo, interesados en presenciar tal hecho en tan envidiable locación.

A todos estos atributos se sumará entonces por estas jornadas otro atractivo: la realización allí de la Feria Internacional del Libro, una cita que convoca  e invita renovadamente a no abandonar la sed de lectura, que también es la de saber y crecer.

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