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Martes, 06 Marzo 2012 16:59

Ileana, El Herald y otras hierbas venenosas

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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En su permanente y grotesca cruzada contra Cuba y Venezuela, ahora El Nuevo Herald acusó de “adoctrinadores” a los médicos de la isla que allí prestan servicios gratuitos.


En su permanente y grotesca cruzada contra Cuba y Venezuela, ahora El Nuevo Herald acusó de “adoctrinadores” a los médicos de la isla que allí prestan servicios gratuitos.

Su nuevo encargo le hizo decir este lunes que la función principal de esos galenos es convertir a millones de venezolanos en revolucionarios.

Con absoluta falta de pudor agregó que esa estrategia fue diseñada personalmente por Fidel Castro luego del intento de golpe de Estado emprendido en abril de 2002 contra Hugo Chávez.

La invención recuerda una de las montadas contra Cuba a principios de su Revolución, cuando desde Washington y Miami propalaron que miles de niños serían enviados a la Unión Soviética para “lavarles el cerebro” y hacerlos comunistas.

¿Es nueva la invención lanzada ahora contra los médicos cubanos que laboran en Venezuela? No, solo parte de un guión escrito y controlado por estrategas de la Casa Blanca.

Hay una figurita de mente sietemesina que se ha distinguido por su odio a Hugo Chávez y su activo papel en todo complot contra su gobierno: Ileana Ros-Lehtinen.

Desde el año 2009, como dicen cables revelados por Wikileaks, ya era intensa la campaña contra la Misión Barrio Adentro que realizaba el gobierno venezolano en el frente de la salud pública.

Junto a Ileana ha estado el doctor Manuel Alzugaray, generoso donante de sus campañas electorales y jefe del Miami Medical Teams, asociado a la ultraderechista Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), desde que ambos arremetían contra la presencia de médicos cubanos en África.

Tarea básica para ellos ha sido tratar de promover la traición entre esos profesionales con la promesa de admitirlos en Estados Unidos y autorizados a trabajar en el contexto del programa subversivo creado por el presidente George W. Bush, el Cuban Medical Professional Program.   

También Haití ha sido otro de los escenarios donde la señora Lehtinen ha intentado sabotear la referida asistencia cubana, presente allí desde mucho antes del brutal terremoto de 2010 y de la epidemia de cólera que después los golpeó.

Luego de aquellos hechos fuentes periodísticas internacionales reportaron el cese de las muertes de haitianos por cólera, azote contra el cual, como dijeron sus autoridades nacionales, los médicos cubanos desempeñaron un colosal esfuerzo.

Pero la damita de hierro que es Ileana Ros-Lehtinen no se limita a ofrecer zanahorias, reiteradamente ha preferido echar mano al garrote.

Por ejemplo, a mediados de 2009, luego del golpe de Estado en Honduras, ella auspició el viaje de gente de origen cubano a ese país con la intención de que amedrentaran a galenos de la isla alejados de la capital.

Fracasó debido a que en ese momento las presiones internacionales contra la asonada militar obligaron a los golpistas a sugerir la ejecución del plan en una fecha posterior, como hicieron.

Esa política de Washington y Miami contra Venezuela no ha variado, como lo demuestra la jefa del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

A principios de diciembre de 2010, Ros-Lehtinen al hablar en Miami a  grupos ultraderechistas de origen venezolano elogió su labor “de promover la democracia y el respeto a los derechos humanos”.

Cuatro meses después, a mediados de abril del año siguiente, durante una entrevista con la agencia noticiosa EFE reiteró que las facciones venezolanas en el exilio “merecen nuestro respaldo”.

Ahora El Nuevo Herald repitió la desfallecida versión de que los médicos cubanos de la Misión Barrio Adentro se dedican, en primer lugar, al “adoctrinamiento” de sus pacientes.

Ello es tan verdad como que la Casa Blanca fue ajena a la intentona golpista de abril de 2002 en Venezuela.

O como que El Nuevo Herald es un periódico serio, imparcial y compuesto por un equipo de profesionales incapaces de recibir dinero para difamar contra hombres que luchen contra el terrorismo en Miami.

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Ahora, a la distancia de medio siglo de formalizado el bloqueo contra Cuba, Ileana y su periódico El Nuevo Herald se atreven a defender una política repudiada por casi todo el planeta.

¿Se atrevería Ileana Ros-Lehtinen  a tomar posición respecto a las salvajes golpeaduras que la policía lleva a cabo contra los “indignados” que protestan contra agudas injusticias sociales?

Desde que en 1989, cuando aspiró por primera vez a un asiento en la Cámara de Representantes, la señora Lehtinen respaldó fieramente al terrorista Orlando Bosch Avila.

El esposo de Ileana Ros-Lehtinen ha sido acusado por una tribu cercana a Miami de haberle mentido y provocado gastos jurídicos por millones de dólares.

Ahora, cuando se produjo la salida a la calle de González Schwerert, otra vez la congresista norteamericana Ileana Ros-Lehtinen dio la nota  más notoria al justificar implícitamente la necesidad de matarlo.

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