viernes, 22 junio 2018, 01:54
Viernes, 15 Enero 2016 07:00

ENTREVISTA: Un abrazo de Consuelo con Latidos Compartidos

Escrito por  Paquita Armas Fonseca, especial para Cubasi
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Me siento muy agradecida, cada día se me llena el pecho con unos deseos enormes de dar las gracias a tantas personas… en exclusiva para Cubasí la directora de la telenovela Latidos Compartidos


Fotos cortesía de Consuelo Ramirez

Algunos años atrás Consuelo Ramírez Enríquez  concedió la primera entrevista de su vida como “mujer de la televisión”. Siendo profesora dio un salto al vacío y se dedicó a escribir. Tejiendo, con el apoyo de su madre y su esposo, pudo sobrevivir en medio de los años noventa.

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Hoy, con varios teledramas y teleteatros realizados, se presenta como directora de la  telenovela Latidos compartidos, con un equipo   integrado, entre otros especialistas, por Felo Ruiz como codirector, Alexander González, Director de Fotografía; Jorge Zaldívar,  Romero Director de Arte y Loly Atencio, Productora General.

A mitad de camino y aún editando ¿cómo te sientes con Latidos compartidos?

Me siento muy agradecida, cada día se me llena el pecho con unos deseos enormes de dar las gracias a tantas personas… los tres escritores (sólo conozco personalmente a Amílcar *) que escribieron con tanto desenfado y entrega; a quienes me propusieron y decidieron darme la novela para que la dirigiera; a Felo, el primero a quien llamé, motivada por su participación como fotógrafo de lujo en La devuelta y el arriero, y que aportó su experiencia y laboriosidad sin límites durante una larga etapa; a todos los especialistas que se motivaron y se esforzaron por hacer algo diferente; a los actores que confiaron, estudiaron y aportaron a sus personajes; le agradezco también a los que tuvieron que soportar mi exigencia, a veces hasta mi desespero por pasar por encima de las dificultades tremendas con que se trabaja; agradezco a todas las personas que pusieron a nuestra disposición la intimidad de sus hogares, (esta novela fue grabada ciento por ciento en exteriores) ellos sacaban de abajo de la tierra lo que nos hiciera falta, supliendo carencias o satisfaciendo ideas que surgían en el camino, y ese apoyo incondicional hubo momentos en que fue decisivo, a algunos los he llamado ya con la novela en el aire y hemos hasta lagrimeado nuestro poco, porque surgieron amistades hermosas. Agradecida, Paquita, así me siento: agradecida.   

En una entrevista me confesaste «Me asedia la loca idea que podría llegar a convertirme en una anciana que repitiera hasta el cansancio: ”yo quería ser escritora, pero…”, y más adelante en esa misma oportunidad me dijiste “entregar un guion a otros directores se convirtió para mí en dar un hijo para que otra persona educara. Así nació en mí el deseo de convertirme en directora, para yo misma criar a cada hijo”  ¿por qué haces tu primera telenovela con  un  guion de otros autores?

Jajajá, se me había olvidado que te dije lo de la anciana frustrada, jajajá, es divertido que me recuerdes a aquella muchacha tan apasionada a la que le hiciste su primera entrevista, es que entonces yo me imaginaba a la gente haciendo lo suyo y yo que interrumpía medio senil para hacer el cuento de los obstáculos que me habían privado de la posibilidad de ser escritora.

Todo eso es verdad, pero la dirección en sí misma me atrapó en grande: disfruto la complicidad con los especialistas (Juanito, Robertico, Ibis, Andro, Yaine, Barbarita junto a  Zaldívar en dirección de arte) disfruto el forcejeo con los actores para sacar el personaje del papel y darle su propio aliento, es emocionante saber que la cámara adivina lo que tienen en el pecho, y que tú colaboras para que tenga dentro lo que la cámara adivina, disfruto la composición del plano en función de lo que estamos contando (y en este caso Alexander me dio por la vena del gusto porque hizo un trabajo exquisito secundado por su equipo) disfruto jugar con la banda sonora, para que diga un poco más de lo que estamos intentando decir… (aquí tenemos a Michel Pérez, a quien le he puesto el príncipe del sonido y a Rubén Gómez experimentado musicalizador, sin que quede atrás Rubén Moro quien compuso la música original)

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Entonces, deseé dirigir una telenovela, porque siempre, cuando terminaba de hacer mis telecuentos, telefilmes o teleteatros me quedaba con deseos y hay que esperar mucho tiempo para hacer el próximo, así pensé que con una telenovela iba a matar las ganas (-pero han crecido-: te confieso en un susurro) por lo tanto, cuando apareció la posibilidad no creí oportuno dejarla pasar… era, además, un guión muy bueno, toda una tentación.

¿Ya no te gusta escribir?

¡Cómo que si no me gusta escribir!, ni siquiera sé como contestar, mira, fui este fin de año a Morón, el pueblo donde nací, de donde salí a los 5 años, no sin antes haber tomado las dos primeras decisiones importantes de mi vida: regalarle mi velocípedo a mi primo Pedro Luis y escribir un libro “muuuuy enorme” cuando fuera una mujer. Por las vueltas de la vida hacía veinte años que no iba a Morón y uno de los reencuentros importantes de este viaje fue con Carmen Martín, ella formaba un aulita en la mismísima mesa donde se comía el mejor flan de calabaza del mundo, hecho por Osoria, su mamá. Ahora me contó que los padres de los muchachos, le daban “algo” para que ella se los entretuviera y ella lo que hacía era enseñarles a leer y a escribir, es decir, ¡jugaba a ser maestra! y nosotros jugábamos a aprender, como yo era la más pequeñita no me tocaba libreta, sino papel de estraza, un pliego cuadradote y un lápiz pequeñito (un mochito) para que garabateara.  Todavía no sé muy bien si me recordó o no, pero sé que nos emocionamos mucho, y por un instante me miró igualito-igualito que cuando descubrió que ya mis garabatos se habían convertido en palabras. El velocípedo hoy es chatarra y cariño; lo del libro “muuuuy enorme” está pendiente y por si acaso se da, escribo hasta durmiendo.

 ¿Crees en fetiches? ¿Por qué repites con Pancho García y Eslinda Núñez?

Sí, definitivamente, creo que el cariño profundo y rotundo es una protección casi sobrenatural. Pancho descubrió a la escritora, cuando escribí para él un monólogo que estrenó en el teatro en 1996 (El Caballero de París), nos encontramos por casualidad, me dijo que quería un monólogo y yo le hice uno sobre el caballero, (tema que había investigado) le gustó, lo presentó y una comisión presidida por Eugenio Hernández lo aprobó con un dictamen precioso que aún atesoro, entonces me aproveché y le enseñé a Pancho otras historias, decía que le daba mucho placer leer todo aquello y me estimulaba, todavía lo hace, y cuando menos me lo imagino me dice con disimuladita exigencia: cuida a la escritora, no te olvides de la escritora. Eslinda fue quien descubrió a la directora cuando yo ni sabía si llegaría a serlo, fue en Casa sin Espejos, un telefilme de mi autoría que ella protagonizó bajo la dirección de Tony Roselló (mi profe de televisión práctica), Tony me pidió que fuera con Eslinda mientras él grababa un plano desde lo alto y aunque el personaje caminaría alejándose de cámara en aquel plano tan abierto yo osé darle una nota, y cuando quedó la escena ella me dijo: Consuelo, tienes que dirigir, tienes que dirigir, estoy segura que serás una buena directora, y me explicó por qué, y de vez en cuanto me llamaba y estaba al tanto de lo que yo hacía, así nuestra amistad fue in crescendo y la confianza de ella en mí y de mí en ella… podrás imaginar que cuando hago mi primera ficción, Torneo en sabana Miguel, la versión que hice de dos cuentos de Feijóo, sentí una seguridad tremenda de tenerlos en el elenco, todo era difícil, pero allí estaban ellos… y perdí la cuenta de lo que hemos hecho juntos, porque hasta una actuación de 30 segundos hicieron para un anuncio que había dentro de un cuento en que no tenían personajes. Cuando hice Emma Zunz tampoco estaban y no había ni anuncio (y el rodaje en Gibara), entonces me llevé una foto de Eslinda vestida de época (el cuento es años 30) y la coloqué como si fuera la madre ausente de Emma (Yory Gómez) y también llevé grabada la voz de Pancho en la carta que el amigo del señor Loewenthal (Héctor Quintero) le enviara a Emma y que ella leía en escena. Creo que ahí fue cuando yo misma empecé a decir que eran mis fetiches, pero es eso: el cariño protege, y también protege contar con la sabiduría que han acumulado a lo largo de sus carreras, eso  crea asimismo una responsabilidad, casi una obligación moral, porque, obvio, que el inmenso cariño que siento por ellos, la enorme confianza que tenemos, no disminuye ni un ápice el respeto que le profeso a ambos, y siento la misma admiración que cuando los veía actuar sin imaginar siquiera, no ya que los dirigiría, sino que alguna vez les conocería personalmente.

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Miles de personas son testigos de lo que hiciste en tu telenovela, viéndola ¿qué no harías ahora?

Nosotros hacemos nuestra telenovela, un equipo grande, amén de las tantísimas personas que ayudan, y ahora el público que la reescribe mientras la ve, mientras la comenta, es de tanta gente, tanta gente se la merece que a mí me viene tocando un pedacito muuuy pequeñito, y si algo grande me toca es la responsabilidad ante cada error o desacierto, y esa responsabilidad era la que sentía y siento aún todo el tiempo.

Hoy veo detalles que no haría de la manera en que están; pero es muy sencillo ver esto pasada la tensión de un rodaje en nuestra realidad, cuando en definitivas la novela deja de pertenecernos a quienes la hicimos y comienza a pertenecer a sus espectadores. Y te digo esto no porque evada, sino porque ya deseo soñar con lo que sí haría: Me gustaría mucho hacer Kanka, qué deuda tengo con esa mujer africana, caminante silenciosa, más bien silenciada, capaz de amar hasta el punto de las grandes renuncias, con un instinto de siete pares que supera cualquier inteligencia… O, si no, Adoración, la que cortó leña con la misma pericia que tejió encajes, todo al otro lado del mar, donde llegó por venganza y por amor fundó familia… O, al menos, Brisa, la muchacha que lucha contra los desvencijados, inservibles e inamovibles molinos de viento de la época que nos ha tocado vivir. Adoración, Kanka y Brisa: tres mujeres de tres épocas diferentes, personajes importantes de mis tres guiones de cine.

¿Qué te resultó más difícil en esta larga pieza?

Desde el punto de vista técnico hacer la puesta en escena para más de una cámara; todos mis trabajos anteriores habían sido con una sola donde hay menos límite para el movimiento de los actores, además, como estas cámaras graban simultáneo hay que pre-editar las escenas en vivo, (el llamado switch o conmutador) y estaba acostumbrada a grabar totalmente plano y contraplano y después en edición, con mucha calma decidir lo que iba. Aquí no hay calma que valga, hay que adivinar la respiración del actor, si va a improvisar algo o no, intuir si la pausa que hace da tiempo a pasar por el contraplano o no. Algunas personas me confesaron que creían que yo no iba a lograr switchar (entre ellas yo misma) aquí también hay una cuestión de género, a veces asociamos lo más técnico con los hombres, (ahora es Joaquín Castro-Palomino, en la edición definitiva, quien se las ingenia para limpiar cada corte y lograr el ritmo que tienen los capítulos). Desde otro punto de vista lo más difícil era un raro sentimiento de que no confiaban en mí, tal vez sí confiaban, pero a mí me parecía que no: era mi propia inseguridad, creo que algo inherente a una “primera vez” en cualquier oficio.

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¿Por qué ese título?

Porque no había ninguno que nos pareciera bien después del Vereda Tropical, propuesto por los guionistas (no pudo ser por asuntos de Derecho de Autor), pasamos por otros y llegué a tener una lista con más de veinte, cuando tenía alguno que ya le gustaba a unos cuantos, aparecían otros cuantos que me decían horrores, y me di cuenta que me tocaba decidir, me gustó mucho la combinación de “latidos compartidos” cuando escuché la canción en esa conmocionante voz de Ivette, (aún antes de que fuera a ser el tema la presentación), desde la gramática es curioso que uno de los participios se convierte en sustantivo, y desde el punto de vista semántico, me gustó eso de compartir los latidos, todo tiene sus latidos, todos tenemos nuestros latidos, es lo más intrínseco… en fin, me sonó a título de telenovela, y como con todos los anteriores hay quienes lo elogian y quienes lo rechazan: los primeros agradézcanle a Santiago Larramendi, autor de la letra de la canción, los que no…  aquí estoy, todo lo preparada que puedo, para pagar los platos rotos.

Y ¿qué viene ahora?

Recorrer con pasión el camino que decidamos, como siempre, la vida y yo. Porque si de planes te hablo sí que no se acaba nunca la entrevista, jajajá.

¿Qué le dices a los televidentes?

Que comparto la inconformidad con la duración de los capítulos, que nos llevó, además, a unos créditos super apretados para que hubiera un poquito más de historia. Esto obedece a razones más bien de tiempo en pantalla de cada novela, ya planificado de antemano.

Pero sobre todo, le digo al público que lo comprendo: si elogioso es mi tía Aida –disfrutadora sempiterna de cuanta telenovela estuviera al aire- creo que para ella ahí estaba el sumum del placer estético, y sus respetables razones tendría. Si con sí-con sá, es mi tío Oscar, que acepta pero con reservas de tales y más cuales detalles, y si muy crítico es mi madre, que ya sabes lo recio que me llevaba (y lo que no sabes es que mi hijo la sustituye en tales lides); por lo tanto todos los tipos de público me son bien cercanos y allegados, me hubiera gustado complacerlos a todos, pero no pude o no supe para más, en cambio quererlos sí, eso sí puedo a todos: Un abrazo. Consuelo.

(*)Amilcar Salatti, Yunior García Aguilera y Gabriela Reboredo Iglesias

Visto 12915 veces Modificado por última vez en Martes, 16 Febrero 2016 17:33

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